Vericuetos del idioma: del italiano al castellano

Comentario

El rinconcito de Santiesteban

Es mucho, muchísimo,  los que nos lego a los hispanoparlantes desde esa península en forma de gota enclavada en el Mediterráneo.   Así  por ejemplo,  hasta una época relativamente cercana la palabra bufón era un italianismo,  la cual no se había incorporado plenamente al castellano.  Cuando llamamos mostacho al bigote nos remitimos al original en italiano. El sustantivo burla,  y adjetivo burlesco lo obtuvimos del italiano. Asimismo, el vocablo monseñor  tiene sin dudas origen francés  pero antes de llegar a nosotros , hizo escala en Italia, de donde lo obtuvimos, y antes de acabar, decimos adiós con una despedida italiana que se ha internacionalizado: chao.

Una auténtica paradoja: las gentes de letras  suelen renegar del nombre literato. Un ejemplo elocuente, del escritor norteamericano  Juan Calvet, quien dijo y cito:  la profesión de escritor tiene su lado penoso que consiste en que  el trabajo lo obliga uno a mezclarse con una serie de literatos, para aguardar las apariencias una o dos veces al año hay que concurrir a una reunión y pasar varias horas en compañía de críticos, autores radiales y gente que lee libros. Todos ellos hablan una jerga que sólo pueden entenderlos los literatos.  Únicamente, después de proceder a una purificación pudo recobrarse y caminar con la cabeza en alto como todo buen ser humano.

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