Vicky Suárez y Alfredo González: una pareja unida por el arte

Dialogar con una pareja unida por el amor y el arte: la actriz Vicky Suárez y el actor Alfredo González, quienes integran el elenco dramático de Radio Progreso, la Onda de la Alegría, deviene un verdadero privilegio para cualquier profesional de la prensa.

Vicky y Alfredo, con el rigor artístico-profesional que los caracteriza en cualquier medio donde han trabajado hasta ahora, se han ganado el afecto y el respeto de los asiduos oyentes de las novelas y aventuras que salen al aire por la Emisora de Familia Cubana y por audio real en Internet. Así como de los televidentes que siguen con atención e interés el espacio Cuidemos el amor, que se transmite los miércoles por el Canal Educativo de la Televisión Nacional.

Dicho programa, donde mis interlocutores han interpretado papeles protagónicos en varios capítulos seriados, le muestra al telerreceptor los riesgos que acechan a la pareja (hetero u homosexual), que no se protege del contagio por el letal VIH-SIDA o por las infecciones de transmisión sexual (ITS).

Vicky es graduada de Actuación en la capitalina Universidad de las Artes (ISA), mientras Alfredo está casi finalizando los estudios superiores en ese centro de educación artística. Los dos son miembros activos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

¿Cuáles fueron los factores motivacionales que inclinaron su vocación hacia el arte en general, y hacia la actuación en particular?

Vicky Suárez (VS). En mi caso, fue por hobby. Desde niña estoy trabajando en la radio: en la emisora CMKC Radio Revolución, de Santiago de Cuba, en espacios infantiles, luego juveniles. Más tarde, me incorporé a su prestigioso cuadro dramático. Quería estudiar Licenciatura en Inglés, porque me gustaba mucho, y según estimaban los profesores, tenía buena pronunciación.

Cuando estaba en el instituto pre-universitario, me decidí, en serio, por la actuación y hoy me digo a mí misma que mi elección fue certera, porque no podría vivir sin la actuación.

Alfredo González (AG). Es complejo y complicado definir el por qué de mi inclinación por la actuación […]. No sé. Supongo que todo comenzó como un juego, de ser este y ser aquel. En mi familia, no hay antecedentes artísticos, así que todo radica —al parecer— en mi curiosidad cognoscitiva y espiritual. Fue algo que despertó en lo más hondo de mi ser, y simplemente, dejé que creciera […] y fructificara, al extremo de que hoy actuar deviene una de mis grandes realizaciones (la «dosis exacta» de amor y pasión que el ser humano pone en todo lo que hace, por insignificante que pueda o parezca ser).

¿Qué significa para ustedes integrar el elenco artístico de la Decana de las Emisoras Cubanas, que el 15 de diciembre de este año cumple el aniversario 90 de su salida al éter?

VS: La primera vez que visité la capital, en período vacacional, me paré frente a Radio Progreso y dije: ¡yo voy a trabajar aquí un día! Siempre supe que era en ese lugar donde estaban las grandes estrellas de la Radio en Cuba, las famosas «vacas sagradas». Quería ser igual que ellas, trabajar y dejar mi nombre para la posteridad.

Es para mí un privilegio actuar en las radionovelas que transmite la Onda de la Alegría. Obras de la literatura cubana y universal que, sin duda alguna, tienen una gran calidad estético-artística como consecuencia directa de la labor de los realizadores, y por ello, cuentan con una inmensa radioaudiencia en todo el territorio nacional y fuera de nuestras fronteras geográfico-culturales.

AG: Un sueño, algo mágico, representa para mí estar trabajando hoy día en la Emisora de la Familia Cubana. Desde muy joven escuchaba las radio-novelas. En mi casa, existe esa tradición. Recuerdo con agrado muchas de ellas y era fan a algunos actores y actrices que componían su elenco.

La vida está llena de misterios […], situaciones inexplicables. ¿Quién me diría que un día iba a tener frente a frente a todos aquellos a quienes admiraba y había seguido durante años?

Fue algo maravilloso descubrir el mundo mágico de la radio. Confieso que fue amor a primera vista, que fui hechizado, y cuando me escuché por primera vez y me oyó mi familia […] creo que no existen palabras para definir por cuántas emociones transité. Lo que sí puedo decirle es que pertenecer a su cuadro dramático y ser parte de esa bella creación instantánea de cada día me hace sentir orgulloso, realizado, y además, comprometido.

Además de participar en programas dramatizados (radionovelas, aventuras) de Radio Progreso han incursionado —con éxito— en la pequeña pantalla, donde han actuado en la miniserie Cuidemos el amor, que transmite los miércoles el Canal Educativo de la Televisión Nacional. En su opinión muy personal, ¿qué virtudes y qué defectos identifican ese espacio semanal?

VS: Creo que ese espacio debería tener más tiempo de duración en pantalla. Es muy corto (apenas unos minutos), y eso hace que se cuente una historia demasiado comprimida. Su salida sería ideal por Cubavisión, que —a fin de cuentas— es el canal que tiene más teleaudiencia.

El objetivo del programa es informar, educar, preparar a jóvenes y no tan jóvenes. El director, Luis Laria, quien también lo escribe, se nutre de experiencias vividas por personas reales. Convendría que la dirección de dramatizados del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) mostrara mayor interés hacia ese espacio. 

AG: Cuidemos el amor es un programa con un diseño, un código y un tiempo determinados. Resumir en tan poco una historia que nos haga reflexionar, y que su mensaje sea certero es —sin ningún género de duda— una tarea engorrosa.

Hay situaciones que son mucho más logradas que otras; temas que tal vez resulten más interesantes que otros. En general, pienso que si se le dedicara un poco más de tiempo en pantalla ganarían los conflictos, las situaciones y el programa sería más rico en muchos aspectos.

¿Qué representa para ustedes el teatro, percibido por los expertos en la materia como el claustro materno de las artes escénicas? ¿Han actuado sobre las tablas o esperan que esa oportunidad se les presente en cualquier momento?

VS: El teatro es la madre de las artes. Es el único medio donde se puede experimentar, al momento, cuánto le gustó al público una puesta en escena o no. En Cuba, hay una gran tradición de ir al teatro. Sin embargo, no siempre las propuestas son de calidad.

Para un actor, el teatro es primordial por todo lo que le aporta. Es un medio en el que su cuerpo se prepara, aprende a proyectar su voz, practica la improvisación, los reflejos se activan por el hecho de que es en vivo y directo, puedes interactuar con el público, etc.

En mi provincia, participé en algunas obras infantiles, pero —hasta ahora— nunca me he enfrentado a una obra para adultos. Por supuesto, que si tuviera una buena oferta la aceptaría […].

AG: También me sumo a la afirmación de que el teatro es la matriz de la actuación. Pero, a la vez, luego de transitar por el maravilloso y difícil mundo de la radio, considero que sería de gran utilidad para un actor acercarse a este medio, que aunque quizás sea algo anónimo para algunos y lo subvaloren, es —a mi juicio, así como al de muchos grandes actores y actrices— una escuela, donde aprendemos día a día la esencia y el valor de cada silencio, de cada palabra.

De las anécdotas y experiencias que, no obstante su acrisolada juventud, han vivenciado durante el desarrollo de una exitosa carrera artístico-profesional, ¿podrían relatarles a los/as lectores/as alguna que les haya dejado una impronta en su memoria poética, y por ende, la hayan guardado celosamente en el «baúl de los recuerdos»?

VS: Una vez actuaba en una novela (no recuerdo el nombre, porque fue hace varios años) del gustado espacio Tu Novela de Amor, dirigido por Moraima Osa, lamentablemente fallecida, y donde yo desempeñaba el papel protagónico. Mientras estábamos grabando los capítulos finales, mi personaje tenía que intervenir en una escena donde estaba pariendo. Cuando cogí el libreto en mis manos y vi aquello, me quise morir, porque todavía no pensaba en tener descendencia, ya que era demasiado joven.

Tenía pena preguntarles a las demás actrices que trabajaban conmigo ese día, ensayamos, y Moraima me dice: «¿oye, tú nunca has visto pariendo a mujeres en novelas de televisión o en películas?» Y fue entonces que me decidí y le pregunté a la primerísima actriz Obelia Blanco, quien —por aquel tiempo— trabajaba en la radio. Gracias a sus indicaciones, todo salió bien. Me explicó el proceso de respiración a la hora de las contracciones. Yo me reía y ella me decía: «oye, aprende bien, porque un día te va a tocar a ti en la vida real». Jamás olvidaré ese consejo que me dio Obelia.  

AG: Una situación realmente delicada y donde la agilidad mental y la espontaneidad me hicieron salir airoso fue una vez cuando estrenaba un unipersonal con títeres en una escuela. Estaba muy nervioso. Los títeres eran de marote, que son la cabeza del muñeco y un palo por debajo para sujetarlo y manipularlo. En plena función, en una pelea en que estaban enfrascados los personajes se partió el mando, o sea, el palo que sujeta la cabeza, que rodó por el suelo, y se hizo un silencio atroz. Yo estaba petrificado, y en cuestión de segundos, agarré la cabeza, improvisé cuán fuerte era el otro muñeco que había dejado fuera de combate a su oponente, y seguí con la función.

¿Alguna sugerencia o recomendación a los jóvenes actores y actrices que se incorporan al ejercicio profesional en la radio y la pantalla chica?

VS: A todo joven que comienza en el mundo artístico le sugiero que lea, que lea mucho, ya que, según José Martí, «leer es crecer». El que lee adquiere cultura, amplía el vocabulario y el acervo cultural. Un artista ignorante es un artista mediocre, o peor, para mí no lo es. Hay que ir a salas de teatro, a museos, exposiciones de cualquier manifestación artística, al ballet, al cine, visitar librerías, bibliotecas.

Por otra parte, es necesario indagar, investigar, mantenerse informado de todo cuanto acontece a nuestro alrededor. Nunca creerse que ya se sabe demasiado. ¡Craso error! Todos los días se aprende algo nuevo y se aprende de todos, de los geniales y de los que no lo son tanto. Somos nosotros, los jóvenes, los continuadores de la obra que nos legaron nuestros antecesores, esos que lo dieron todo, confiados en que las actuales generaciones seguirían dando lo mejor de sí: vida y corazón.

AG: Hoy día hay tendencias raras en la actuación de algunos jóvenes. Veo programas en los que me digo: caramba, pero y dónde estaba el director que dejó pasar eso. Llueven los problemas de dicción y la pobreza en las caracterizaciones. Mi consejo es el estudio, quizás obsesivo en nuestra profesión. Hay que cuestionarse todo el tiempo y procurar superarnos cada día. Hay que indagar todo lo que podamos y aprender también a escuchar a los demás. No podemos subestimar a los otros, pero sobre todo algo que requiere ese fantástico y «loco» modo de vida, y que —en mi opinión— es vital: ser sencillo y humilde. Sean sencillos y humildes y ya verán como todas las ventanas se les abrirán […], y como todas las oportunidades tocarán a su puerta.

VS-AG. Periodista, por favor, no deje de decir que somos una pareja unida por el arte.

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Publicado Por: Jesús Dueñas Becerra

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