Vidas cruzadas: lo que pudo haber sido y no fue

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Culturales

La crítica no es censura ni alabanza, sino las dos

José Martí

Vidas Cruzadas, con guión de la escritora Yamila Suárez, co-dirección del primerísimo actor Fernando Hechavarría y dirección de la realizadora Heiking Hernández Velázquez, es el título de la teleserie de factura nacional que exhibiera los lunes, miércoles y viernes, en horario estelar, el Canal Cubavisión.

La sección de Dramatizados de la pequeña pantalla insular sigue teniendo una cuenta pendiente con los amantes del género, ya que Vidas cruzadas no satisfizo —en modo alguno— las expectativas cognoscitivas y espirituales, cada vez más exigentes, de la teleaudiencia que consume ese tipo de audiovisual.

El elenco artístico de dicha teleserie (la telenovela debe tener 80 capítulos o más, según los indicadores establecidos para considerarla como tal), lo integran la primerísima actriz Yasmín Gómez (Teresa), Maité Galbán (Mercedes), Roberto Espinosa (Pablo), Bárbara Rodríguez (Amelia), Laura Vassallo (Carolina), Saúl Rojas (Marcos /Aramís), Daisy Quintana (Margarita), Roberto Salomón (Modesto), Teherán Aguilar (Benito), Alicia Hechavarría (Isabel), Niu Ventura Bring (Germán), Andrea Doimeadiós (Susana), Enmanuel Galbán (Matías), Lisset García (Maribel), George Abreu (Rafael), Chaveli Díaz (Valeria), Reytel Oro Oliva (Greco), Karla Santos Seuret (Katy, amiga de Carolina), con  las actuaciones especiales de la primerísima actriz Isabel Santos (Orquídea, hermana de Teresa),  y la bailora-actriz Irene Rodríguez (madre de Isabel, niña), entre otros.

La trama gira alrededor de Marcos, un piloto de aviación, que lleva una doble vida, ya que tiene dos mujeres (Teresa y Mercedes), y mantiene dos familias, hasta que se viene abajo todo ese entramado conyugal como consecuencia del súbito fallecimiento del singular personaje, acusado injustamente de bigamia, lo cual abrió de par en par la Caja de Pandora, que hizo salir a la superficie el doble juego que Marcos llevaba a espaldas de Teresa y Mercedes.

Las subtramas, en ocasiones, se alejaban bastante de la idea rectora de la teleserie, y al parecer, tenían vida independiente, o sea, se hallaban al margen del núcleo fundamental en que descansa esa teleserie.   

Las actuaciones de los participantes en la acción dramática presentan altas y bajas. Por lo tanto, entre las primeras habría que destacar las de Yasmín Gómez y Daisy Quintana, así como las actuaciones especiales, estelares, de Isabel Santos, columna vertebral de las artes escénicas caribeñas y de mucho más allá de nuestras fronteras geográficas, y la de Irene Rodríguez, quienes solo estuvieron algunos minutos en pantalla, pero —en ese breve lapso— convencieron al telespectador con la utilización inteligente de los recursos técnico-expresivos e histriónicos que las singularizan en cualquier medio. Mayté Galbán, Andrea Doimeadiós y Laura Vasallo supieron defender bien el personaje que interpretan en ese contexto dramatúrgico.

Otro señalamiento que no debe pasar desapercibido es la dificultad afrontada por los televidentes para escuchar los diálogos, captar la esencia y apreciar la belleza poético-literaria que debe identificar los textos, ya que los diálogos devienen el punto focal o eje central de cualquier género audiovisual. En ocasiones, no se oía con nitidez lo que hablaban los personajes, sobre todo los más jóvenes.

La caracterización psicológica concebida y diseñada por la escritora para los personajes, solo ofrece una pincelada —al estilo de un pintor expresionista— del mundo interior de quienes intervienen en la teleserie, elogiada con creces por algunos colegas, quienes dimensionan los valores que puede tener Vidas cruzadas.

Entre los aspectos positivos que se deben señalar está la banda sonora a cargo del virtuoso tecladista Alejandro Falcón; música de excelente calidad que le sirve de trasfondo a la acción dramática para trata de suplir las deficiencias que se le pueden impugnar a ese audiovisual.

Durante el desarrollo de la teleserie están ausentes las palabras malsonantes y la violencia física y psicológica (solo hubo un pálido esbozo de la primera cuando Modesto fue a ajustarle cuentas a Greco por el intento de abuso sexual a Carolina, la hijastra); vocablos vulgares y reacciones agresivas que se han adueñado de casi todos los medios de comunicación (teatro, radio, televisión, cine). El final, sin penas ni glorias, pero feliz, donde todas las diferencias se dirimen de una forma civilizada, no obstante el rosario de engaños, infidelidades, ambiciones, inseguridades, dificultades con las figuras parentales, indiferencia de toda índole, y celos; situaciones a las que no estamos ajenos quienes vivimos, amamos, creamos y soñamos en la mayor isla de las Antillas.Vidas cruzadas una teleserie que despertó grandes expectativas en los telespectadores, pero, lamentablemente, no fue lo que pudo haber sido.

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