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Suponer que la pandemia global propicia situaciones excepcionales traducidas en la ofuscación de varios gobiernos al tratar diversos temas propios o externos y que además esté a flor de piel la sensibilidad social, pudiera ser un conceptocercano a la verdad pero no seráella enteramente.

Siempre se le encontrarán preámbulos a toda decisión humana y muchas veces es simple y morbosa continuidad de modos arraigados en antiguos modos de accionar. A los viejos imperios, hoy flamantes democracias, no se les olvida cómo sometieron  a las poblaciones violentadas y de vez en cuando, aplican similares métodos contra sus ciudadanos, si estos no obedecen determinaciones de usual concebidas por una o pocas voluntades, pero se ejercen sobre sociedades completas.

La administraciónde Boris Johnson–parece ser el caso- está tratando de aplicar una nueva ley que concede mayores competencias a los agentes del orden dentro de las principales regiones del Reino Unido, esto es, Inglaterra y Gales.

No está destinada a combatir el terrorismo u otras lacras, sino a constreñir  derechos que, en general, se usan como caballo de batalla por las naciones occidentales cuando quieren poner en descrédito a otros países o lastimar la integridad de un sistema distinto al suyo.

El derecho de reunión y protesta, sacrosanto cuando se le exige a los agredidos, dependería de una decisión a tomar por la ministra del Interior, Priti  Patel, alta funcionaria que, según dice la prensa británica, calificó  las protestas de Black Lives Matter como “espantosas” y como “criminales” al movimiento Extinction Rebellion(XR) .

¿Criminales? Ese grupo, surgido hace dos años, propone una campaña de desobediencia civil de carácter financiero, destinada a exponer la «complicidad de la economía política» en la crisis ecológica mundial. O sea, piden huelgas fiscales y de deuda, así como proyectos similares para conseguir responsabilidad hacia el medio ambiente.

Una de las fundadoras, Gail Bradbrook,  explica el propósito que les anima,  alegando:“Es hora de decirles a los políticos que sostienen esta forma de vida: no más. Queremos una economía que haga crecer la salud y el bienestar, no la deuda y las emisiones de carbono. Una economía que nos prepare y nos proteja de los shocks venideros, en lugar de empeorarlos. Una economía que comparte recursos para satisfacer todas nuestras necesidades, independientemente de los antecedentes. Una economía que nos permitavivir”.»Necesitamos una conversación adulta sobre por qué nuestra economía está matando a la Tierra».

En resumen, XR, al parecer,  clasifica mejor dentro del activismo ecologista y no en el patrón de la delincuencia común.

Enfoques como los emitidos por la ministra  Patel, redobla los temores sobre una ley que de por sí está provocando fuertes críticas y manifestaciones callejeras, destinada a otorgarle poderes superiores a una policía que, siempre según los medios británicos, tiene un tejado frágil.

Citan al respecto el reciente asesinato de Sarah Everard, de 33 años, quien desapareció sin dejar rastro a inicios de marzo cuando iba camino de su hogar en el sur de Londres. Al cabo unos 10 días, su cadáver fue encontrado a mucha distancia del sitio donde fue vista por última vez, en un bosque del sureste de Inglaterra. Un agente de la Scotland Yard fue acusado del secuestro y asesinato.

Hubo una vigilia posterior en homenaje a la jovenpero fue duramente reprimida. Las mujeres participantes fueron llevadas a la fuerza con las manos atadas, pese a tratarse de un acto pacifico. Por eso mismo el hecho provocó indignación expresada en una potente marcha contra la injustificable y exagerada fórmula represiva. 

Luego los ánimos están caldeados, poco proclives a aceptar buenamente que se repitan o crezcan desmanes de esa naturaleza.   Se suman a la informidad muchosjuristas, que a su vez se refieren a lo alarmante de asumir el contenido de esa resolución por parte de un estado de derecho. Por tanto, se deduce que el proyecto debe tener numerosos baches legales.

El propósito se parece a la “ley mordaza”, como fue calificado el estatuto decretado por el Partido Popular en España, bajo mandato de Mariano Rajoy, muy repudiada en su momento y ya suprimida por el actual gobierno de Pedro Sánchez.

Que un país del sur europeo decretase algo de ese tenor, se tuvo entonces como un hecho natural, propio de una cultura que padeció durante largo tiempo una dictadura de derechas –no precisamente estigmatizada, por cierto.

Pero bueno, ya se sabe  que el Chile de Pinochet no sufrió de embargos ni sanciones,  ni al actual Brasil se le tilda de genocida aunque la irresponsabilidad de Bolsonaro ante la pandemia esté provocando miles de muertes en el gigante suramericano.

Tampoco se condena a Israel  por su robo y atropello de los palestinos o por la tenencia de arsenales nucleares fuera de todo control, mientras a Irán que no los posee, se le veta y acosa o a los norcoreanos se les priva también de la sal y el agua. Aquí podemos resumir con muchos etcéteras de escasa moralidad, aunque con ese título actúen.

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Publicado Por: Elsa Claro

Periodista, poeta, narradora de altos quilates, que ejerce el ejercicio del comentario de manera cotidiana y de una excelencia de referencia. Su obra poética ha sido reconocida por el poeta nacional Nicolás Guillén desde sus primeros títulos líricos. Actualmente, este Premio Nacional de Periodismo José Martí transmite sus trabajos periodísticos en el espacio En Vivo Directo. Correo: elsa.claro@icrt.cu

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