Llamada: en defensa de la diversidad sexual

Foto: Lester Vila

Llamada, del coreógrafo hispano Goyo Montero, es el título del estreno mundial que la emblemática compañía Acosta Danza, jerarquizada por el primer bailarín y coreógrafo Carlos Acosta, Premio Nacional de Danza, llevó a la sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba.

El programa artístico incluyó, además, la reposición de Twelve e Imponderable, de los artistas españoles Jorge Crecis y Goyo Montero, respectivamente. La primera deviene un espectáculo que mezcla el deporte, la danza y las matemáticas; magistral combinación que fusiona en cálido abrazo tres disciplinas que en apariencia —solo en apariencia— no tienen nada en común, mientras que la segunda se apoya —fundamentalmente— en la música del poeta y trovador Silvio Rodríguez, y ha sido presentada —con excelente acogida de público y de crítica— en varios escenarios del Viejo Continente.  

En Llamada, el también coreógrafo residente de la agrupación insular formula algunas preguntas relacionadas con la sexualidad y la libertad que tiene el ser humano para darle a la libido (deseo erótico-sensual) la orientación que mejor responda a su forma de pensar, sentir y actuar, en el contexto de la relación íntima con el otro o no yo

El tema relacionado con la diversificación de los géneros es muy polémico en los tiempos que corren, porque las líneas están menos delimitadas. Al mismo tiempo, las personas tienen una gran necesidad de expresarse y encontrarse a sí mismas. No todos tienen la suerte de que los comprendan y los acepten en las sociedades donde viven, aman, crean y sueñan.

Desde la danza contemporánea se plantea un problema candente: ¿qué es lo masculino? ¿qué es lo femenino? El título de la obra representa esa llamada de algo muy fuerte, que la persona no puede evitar. Puede ser la fe, la sexualidad, la vocación. Es algo que si el individuo no concientiza e incorpora a su estilo de afrontamiento, siempre estará incompleto, ya que la clave de la salud psíquica y espiritual del hombre está en amarse y aceptarse como es, no como los demás quisieran que fuera, ni siquiera como debiera ser.

Dichas interrogantes se hacen en todas partes del planeta. En otras épocas históricas, la todavía vigente programación socio-cultural sustentaba el criterio obsoleto de que si un pequeño príncipe decidía estudiar danza o ballet  tenía que sufrir el vejamen de que lo calificaran como homosexual, cuando a esa edad no se sabe con precisión o exactitud qué es el homoerotismo o la heterosexualidad.

Esos prejuicios aún subsisten hasta en las naciones más “civilizadas” o “desarrolladas” del orbe, o sea, siguen prevaleciendo problemas básicos de educación sexual. Hay que enseñarles a los progenitores y a los maestros, para que —a su vez— les enseñen a sus retoños y a los discípulos que puede haber muchas variantes de la sexualidad, y que es necesario aceptar (no tolerar, que constituye un insulto a la dignidad humana) la diversidad sexual o de otra índole. Lo ideal sería que nos aceptáramos, que no le tuviéramos miedo al otro o no yo diferente. Es la única manera de no rechazarlo, porque —según el genio martiano— «todo lo que excluye, aparta o acarrala a los hombres es un crimen de lesa humanidad».

De acuerdo con declaraciones al Portal CubaSí, la principal motivación que tuvo Goyo Montero para crear esa obra fueron los problemas que afrontaron él y su padre por haber decidido dedicarse en cuerpo, mente y alma al arte danzario.

Un párrafo aparte merece la excelencia artístico-profesional con que los integrantes de Acosta Danza interiorizaron e incorporaron a su estilo inconfundible de bailar el mensaje ético-humanista que el auditorio y los colegas de la prensa especializada debían descubrir en ese contexto coreográfico y dramatúrgico, que —en esencia— se puede sintetizar en el aforismo bioético: «SÍ a la diversidad, NO a la Exclusión». Por otro lado, supieron intelectualizar y espiritualizar —con maestría digna del más cálido elogio— los movimientos corporales que invitan al auditorio a aceptar la diferencia sexual; movimientos físicos en los cuales se sustenta la danza en general, y el ballet contemporáneo en particular.

Publicado Por: Jesús Dueñas Becerra

Jesús Dueñas Becerra. Ejerce como colaborador la crítica artístico-literaria y el periodismo cultural en varios medios nacionales de prensa, en especial, en la emisora de la familia cubana: Radio Progreso. Su actividad fundamental es la crítica de danza y cinematográfica, así como las artes escénicas y las artes plásticas.

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