Yoel Monzón: desde cuarto grado escribía cuentos y composiciones…

Conversar con el escritor Yoel Monzón, guionista de la telenovela de producción nacional Más allá del límite, muy bien acogida por la teleaudiencia y la crítica, constituye un privilegio para cualquier profesional de la prensa que cubra el sector cultural.

Mi interlocutor, además de desempeñarse como escritor y guionista del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), es Licenciado en Alimentos por la Universidad de La Habana (UH).

Ejerció dicha profesión en los hoteles Vedado, Tropicoco y Panamericano Resort, así como la docencia superior en la capitalina Alma Mater, donde impartió la asignatura de Bioquímica en el Instituto de Farmacia y Alimentos que funciona en la UH.

Con posterioridad, comenzó a incursionar en el campo de la literatura y en la confección de guiones para disímiles espacios transmitidos por la pantalla chica insular hasta llegar a la telenovela Más allá del límite; dramatizado que justifica este ameno diálogo con Yoel Monzón.

 ¿Cuáles fueron los factores motivacionales que inclinaron su vocación profesional hacia la literatura, y consecuentemente, lo conminaron a escribir guiones para telenovelas?

En realidad desde que aprendí a leer y escribir tuve vocación para la literatura. Desde los 6 o 7 años de edad comencé a leer todo lo que caía en mis manos, y desde el 4to grado ya escribía cuentos y composiciones que ganaban concursos. Pero también tuve vocación para las ciencias, de manera tal que fui llevando esas dos vocaciones a la par hasta que llegó el momento de la decisión vocacional y me decanté por las ciencias, toda vez que no podía llevar las dos, claro. Así, estudié y me gradué de Licenciado en Ciencias Alimentarias; profesión que ejercí durante unos años hasta que, en un momento de cese laboral, un excelente amigo que comenzaba a trabajar en la redacción de dramatizados del ICRT y que sabía de mi otra vocación, me insistió para que presentara un proyecto de dramatizado. Transcurría el año 2007, y mientras asistía a varios cursos sobre guion y dramaturgia impartidos por el profesor Juan Losada, fui seleccionado por él para escribir junto a otro estudiante lo que sería mi primera obra dramatizada audiovisual: la teleserie juvenil Con palabras propias. Después, vendría mi primera telenovela, también por encargo y en compañía: Tierras de fuego. Tras escribir tres telefilmes (Puentes,  Re-comenzar y Pandora), decidí emprender mi primer proyecto original y en solitario: la telenovela Más allá del límite.

No es que prefiera escribir telenovelas en particular —me encantan las teleseries temáticas cortas, los unitarios y sueño con llegar al cine— pero son los proyectos más apoyados por la institución, con los que se puede llegar a un mayor y más variado número de públicos, y en los que se pueden desarrollar a plenitud historias y personajes.

¿Podría explicar en qué se inspiró para crear un dramatizado devenido reflejo objetivo-subjetivo de las situaciones problemáticas o conflictuales que atraviesa nuestra sociedad en el momento actual?

Precisamente como mis dos proyectos anteriores habían sido por encargos y en coautoría con otros escritores, quise que mi primer proyecto original fuera una telenovela contemporánea que, sin traicionar los resortes e ingredientes propios del género, sí los mezclara con el tratamiento de varias líneas temáticas que siempre me han preocupado y que considero —desarrollarlas en audiovisuales— muy necesarias para su mejor comprensión y entendimiento a escalas personal, social e institucional.

Me inspiré particularmente en el complejo fenómeno de la emigración, que afecta a la inmensa mayoría de los cubanos, de una u otra forma; en la importantísima cuestión de la orientación vocacional y la realización personal en adolescentes y jóvenes, ya que de ellas depende casi completamente su posterior vínculo social, laboral y profesional con nuestra sociedad y con el país; así como otras líneas temáticas tan diversas como cotidianas y siempre importantes: la convivencia, las relaciones intergeneracionales, la tolerancia y el respeto a las diferencias de todo tipo, la marginalidad, la falta de valores en algunos sectores de nuestro sistema educativo, que repercuten también directamente en el futuro de esos estudiantes que los padecen, el amor y la realización personal en los adultos mayores, etc.

Si no es un “secreto clasificado” ¿podría describir cómo estructuró la urdimbre psicológica que caracteriza a los personajes, interpretados por actores (algunos de ellos, verdaderos íconos de la escena cubana de todos los tiempos), que desempeñan papeles relevantes en esa telenovela, cuya repercusión positiva ha generado opiniones tan favorables, tanto en los amantes del género, como en la crítica especializada?

No es un secreto pero tampoco es algo que se pueda explicar fácilmente. Uno concibe la historia de un dramatizado de esa magnitud de manera general, y tiene en cuenta las líneas temáticas fundamentales que quieres tratar a través de tantas subtramas como sean necesarias y usar para ello un mínimo indispensable de personajes. Pero luego, cuando ya se están escribiendo los capítulos, escenas por escenas, acciones tras acciones, parlamentos por parlamentos, los personajes cobran vida propia, se construyen a sí mismos y te sorprenden tanto que llegas a preguntarte si ya la historia de ficción no se hizo real de alguna manera y son ellos los que me están dictando cómo son y lo que quieren hacer.

Entonces la pericia de uno debe estar en dejarse llevar, pero sólo en la justa medida, para que no dejen de decir, de hacer, de representar y de transmitir aquello para lo que fueron diseñados y para lo que existen, a fin de cuentas.

Como crítico y fiel seguidor de las telenovelas de producción nacional, me agradó mucho cómo trata —con la profesionalidad y el respeto que merecen los televidentes y los actores que interpretan esos papeles— el controversial tema gay, sin caricaturizar ni ridiculizar con gestos feminoides a los personajes que les prestan piel y alma a los miembros de una pareja no heteronormativa; algo muy común en otros guionistas y directores audiovisuales que deciden tocar ese complejo tema. ¿Podría sintetizar esa forma —que debe ser el indicador estético-artístico fundamental y no la excepción—  de desarrollar, en la pantalla chica o en cualquier otro medio, tal situación que se aparta de la vigente programación sociocultural?

 Es sencillamente a través del respeto que se deben tocar todas las situaciones y particularidades de cualquier grupo social, de cualquier característica humana, sea de la índole que sea, mientras entren en los márgenes de la decencia, de lo positivo social y personalmente hablando. Es a través de la aceptación de nuestras diferencias que podemos ser mejores seres humanos, que podemos construir una mejor sociedad.

Lamentablemente estamos aún lejos de esa sociedad, no perfecta o ideal, pero sí de la que nos merecemos y necesitamos. Por eso hay que tocar esos temas sociales desde la sensibilidad, el conocimiento y el respeto, no para ganar risas, chanzas y partidarios de determinados sectores sociales y culturales […], lamentablemente numerosos en nuestra sociedad, sino para que los televidentes puedan descubrir esos valores que queremos se arraiguen definitivamente en nuestros públicos.

De las muchas anécdotas, vivencias y experiencias acumuladas durante el proceso de filmación y edición de Más allá del límite, ¿podría relatar alguna que le haya dejado una huella imborrable en la esfera afectivo-espiritual?

La relación con todo el equipo que formó parte de ese audiovisual; ese es el más grande tesoro que me llevo de tal aventura. Casi cada día aprendí y aprendo aún algo de nuevo de ellos, muchos de los cuales ya son mis amigos y lo serán por todo el tiempo que nos quede. El amor y la entrega al trabajo de la mayoría de los que formamos parte de Más allá del límite es algo que solo pueden imaginar y saber los que forman parte de la televisión. El querer dar lo mejor de cada uno de nosotros, aun cuando muchas circunstancias objetivo-subjetivas, materiales y humanas se opongan, todo en pos de lograr una obra mejor, una obra que llegue a los públicos y les trasmita esas cosas que queremos, esos valores que intentamos que descubran, que los entretenga, además; todo a través de las emociones, de los sentimientos, de las historias de vida de personajes que, como dijera muy recientemente un crítico, son muy parecidos a los que viven con nosotros, a nuestros vecinos, a la gente que nos tropezamos a diario en nuestros caminos y en nuestras vidas.

¿Desearía añadir algo para que no se le quede nada en el tintero?

Las telenovelas son el espacio audiovisual más seguido, comentado, alabado y criticado de Cuba. Es la obra estelar de la televisión nacional, a través de la cual se pueden hacer muchas cosas, decir muchas cosas, intentar hacer reflexionar en muchas cosas a muchas personas; no hay otro espacio como ese en la mayor isla de las Antillas.

Sin embargo, los proyectos de telenovelas no son los más apoyados, los más valorados, a los que más atenciones de todo tipo se les dedican; a veces, incluso, es todo lo contrario, y hasta hay quienes quieren hacerlos desaparecer de las parrillas de programación y de producción. Que este llamamiento de atención sirva para todos aquellos que —ante todo— deben escuchar no sólo a los creadores, realizadores, técnicos y actores que intentamos hacer lo mejor posible con lo que tenemos, sino también, y muy especialmente, a los públicos que mayoritariamente siguen queriendo y apreciando este tipo de género televisivo.

Publicado Por: Jesús Dueñas Becerra

Jesús Dueñas Becerra. Ejerce como colaborador la crítica artístico-literaria y el periodismo cultural en varios medios nacionales de prensa, en especial, en la emisora de la familia cubana: Radio Progreso. Su actividad fundamental es la crítica de danza y cinematográfica, así como las artes escénicas y las artes plásticas.

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