Cuba resiste desde la dignidad (+Audio)

Por Grethel Cuenca

En un mundo donde los discursos apocalípticos y el miedo se venden como profecías, hay algo profundamente conmovedor y optimista en la voz de quien, reconociendo el peligro, elige enfocarse en la resistencia, la dignidad y la tenacidad de un pueblo. Las últimas semanas han sido un torbellino de amenazas, presiones y narrativas que buscan, ante todo, sembrar el pánico y la desesperanza. Ante este panorama, la reflexión serena y anclada en la historia reciente no es solo valiosa, es vital.

Resulta doloroso ver cómo algunos, desde la lejanía y la comodidad, abogan para Cuba por un camino de «intervención salvadora» que, como un espejismo cruel, ha dejado en otras tierras nada más que ruinas, división y un sufrimiento incalculable. Se habla de «precios menores» por un futuro incierto, como si las vidas humanas fueran moneda de cambio. Quienes tienen algo –o alguien– que proteger, entienden instintivamente que la verdadera soberanía no se negocia ni se entrega a cambio de promesas hechas por quienes han demostrado una y otra vez que su brújula moral se pierde ante los intereses geopolíticos.

El miedo es natural, legítimo. Temer por la seguridad de los hijos en un planeta donde, lamentablemente, las bombas no discriminan, es un sentimiento humano universal. Precisamente por ese amor, por esa responsabilidad feroz, surge la convicción de que el destino de una nación no puede depositarse en manos de quienes, teniendo el poder de aliviar el hambre, eligen el cañón. La administración estadounidense actual ha hecho de la imprevisibilidad y el desdén por el derecho internacional una marca de su gestión, confirmando que en su manual no existe el capítulo de la cooperación respetuosa entre naciones.

Sin embargo, y aquí está el núcleo del optimismo que debemos abrazar, ante este acoso sin precedentes, Cuba no se ha derrumbado. Ha resistido. La reflexión nos lleva a un punto crucial: «Aquí seguimos». Esa frase encierra una épica cotidiana. Después de seis décadas de un bloqueo asfixiante, de campañas de descrédito, de obstáculos infinitos para comerciar, desarrollarse o simplemente recibir ayuda en momentos críticos, el pueblo cubano sigue inventando, creando, buscando soluciones. La presión no ha cesado; al contrario, se ha recrudecido hasta niveles que muchos consideraban insoportables. Y, sin embargo, la inventiva, la solidaridad interna y la determinación no han claudicado.

El homenaje a los siete holguineros caídos no es un gesto nostálgico. Es un recordatorio vivo de que esta resistencia tiene un origen en valores concretos: el internacionalismo, la valentía, la convicción de que hay cosas por las que vale la pena luchar. Que el propio adversario reconozca la «dureza» y «braveza» de esos combatientes es un testimonio involuntario de la fortaleza moral que aún perdura. Esa misma fortaleza es la que hoy hace que, a pesar de los mensajes destinados a sembrar el pánico, la gente no deje de trabajar, de estudiar, de buscar alternativas para salir adelante.

El mundo ha señalado la ilegalidad y vileza de las acciones contra Venezuela. La comunidad internacional, con sus claroscuros, no es ciega. Cada acto de presión extrema aísla más al que lo ejerce, no al que lo resiste con dignidad.

Por tanto, el optimismo no nace de una negación ingenua de las dificultades, que son enormes. Nace de la evidencia palpable de la capacidad de aguante y regeneración del pueblo cubano. Nace de entender que la peor de las administraciones estadounidenses ha arrojado todo su arsenal de presión no militar sobre la isla… y la encuentra aún en pie, expectante, sí, pero no doblegada. Nace de creer que una sociedad que ha cultivado durante tanto tiempo la resiliencia como forma de vida tiene en sí misma las claves para forjar su propio cambio, soberano y auténtico, sin tutelajes nefastos.

La ley de la selva puede imperar en la retórica de los fuertes, pero la historia la escriben, a la larga, los pueblos que, como el cubano, se niegan a dejar de ser dueños de su destino. Ese, hoy por hoy, es el acto de fe más revolucionario y el mayor motivo para mirar el futuro sin paralizarnos por el miedo. El camino es arduo, pero se transita con la cabeza alta y la certeza de que lo que se defiende, la independencia y el derecho a la paz, vale cualquier esfuerzo.

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Publicado Por: Grethel Cuenca

Periodista de Radio Progreso, la Onda de la Alegría. Corresponsal de la emisora de la familia cubana en la provincia de Holguín, la ciudad de los parques de Cuba.

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