El maestro amigo de Frank

Los unió la vida, la ideología, la rebeldía, la profesión y el amor por Santiago de Cuba. No se conocían aún, pero quiso el destino que coincidentemente nacieran en el mismo mes frío de diciembre de 1934, llevándose apenas 15 días de diferencia; el primero del 7 y el segundo del 22.

No se conocían aún pero lloraron igual de pequeños, corrieron por las mismas calles, crecieron en la misma ciudad y conocieron muy bien los valores de sencillez y humildad impregnados por sus familias, pero sobre todo los unía la pasión por el magisterio. En La Normal se conocieron y fueron los primeros amigos.

Soy Frank ¿y tú? -Carlos. Así nació una amistad que los llevó, en diversas circunstancias, por el mismo camino. “Afortunadamente coincidí con Frank País, un compañero que fue entrañable para mí”, expresó con orgullo Carlos Sarabia Hernández, combatiente de la Revolución quien compartió amistad profunda con este líder santiaguero.

Tenían 13 años, apenas unos adolescentes cuando intentaron matricular en la única escuela formadora de maestros que había en el oriente de Cuba, La Normal, ubicada en la antigua región Santiago, pero la corta edad se los impidió.

“Ambos no fuimos aceptados porque no teníamos la edad suficiente pero decidimos matricular juntos en el Instituto, que se encontraba en la Loma del Intendente; allí hicimos el primer año para el bachillerato y siempre andábamos juntos, éramos amigos, dijo Sarabia.

“Al año siguiente nos presentamos en La Normal, Frank cogió el primer lugar en el escalafón y yo el 12. Él tenía un talento enorme. Ingresamos en esta escuela, él era muy aplicado, pegado a los estudios, le gustaba andar con las compañeritas y como era muy bien parecido, era correspondido por las muchachitas, era un muchacho común y corriente, todavía no era el que conoceríamos después.

“Se fue convirtiendo en un líder, no solo allí sino en el líder que trasciende los muros de la escuela La Normal, en todo el estudiantado y más allá”, señaló Sarabia.

sarabai1En su sala de estudio donde figura un estante grandísimo con libros de todo tipo y conserva imágenes de Frank, del Che, Fidel y de su familia, continúa contando su historia, que para él es sencilla y modesta, como la de muchos cubanos de aquella época.

“Junto a un grupo de estudiantes estimulamos y alentamos a Frank para que se convirtiera en presidente de la escuela, y aunque a él no le gustaba no le quedó más remedio que aceptar, y fue elegido presidente del estudiantado, y así fue escalando hasta integrar el movimiento Acción Revolucionaria Oriental (Aro), que fundó junto a Pepito Tey.

“El 10 de marzo de 1953 se produce el golpe de Estado de Fulgencio Batista y en repudio a este acontecimiento nos reunimos un grupo de estudiantes en “La Normal” con tremenda efervescencia revolucionaria y en contra de la acción; allí estaba Randiche, quien era de la policía secreta y fíjate tú qué ironía de la vida que fue él quien identifica a Frank cuando lo del Callejón del Muro”, y Sarabia lo dice bajito, pausado en su habla, como quien trae a su memoria ese momento y, después de 63 años de aquello, aún le duele mucho. “iPero lo pagó!”, sentencia con ahínco.

En todos los trajines de la lucha clandestina Sarabia acompañó a su amigo, tenía las mismas convicciones de él. Integró el Aro, que luego se convirtió en Acción Nacional Revolucionaria y que, después del Moncada, Fidel funda el Movimiento 26/7, del cual también formó parte.

“Fidel tenía conocimiento de Frank, no lo conocía personalmente pero sabía de él por Gloria Cuadras y María Antonia Figueroa, entre otras. De ahí él sale para México junto a los compañeros y aquí Frank se va convirtiendo en jefe de acción revolucionaria para oriente, pero después tuvo una trascendencia nacional, explicó.

“La principal misión que tenía era de preparar a la población para apoyar el desembarco de Fidel. Apoyándonos en la Historia me Absolverá, que ya circulaba, lo que pretendíamos era divulgar y concientizar a la población para que respaldaran las acciones revolucionarias y sobre todo de recopilar armas. Se hicieron varias acciones aquí en Santiago de Cuba con este fin.

“Yo estaba militando en la célula de propaganda que creó Frank País, éramos un grupo que dirigía Enzo Infante, sus hermanos y otros maestros. En esta se editaban boletines que luego desembocaron en la creación del Sierra Maestra, hoy periódico de igual nombre.

“Yo era profesor del colegio Dolores y estando allá dando clases fue a verme Hidalgo Cause y me convoca, ese fue el 28 de noviembre. Ese día fue de mucho trajín y me situaron para recibir algunas armas que estaban guardadas en diferentes lugares y depositarla en la tienda El Carrusel, que estaba en Santo Tomás, entre Aguilera y Enramadas.

“Estando allí Frank me recoge en un carro y fuimos a Ciudamar, donde se encontraba parte de la dirección del Movimiento; estaba Vilma Espín, María Antonia Figueroa, Gloria Cuadras y otras, allí rellenamos granadas para utilizarlas en la acción.

“Ya por la noche nos acuartelamos y como a las cinco de la mañana salimos en pareja para el lugar que sería el cuartel general del alzamiento donde estaría la dirección del movimiento. Y allí me dieron la misión junto a otros de la seguridad de los compañeros de la dirección.

“Recibimos la noticia de la muerte de Pepito, ¡eso fue un golpe duro, una consternación tremenda!, allí se encontraban todos los compañeros, Vilma Espín, Armando Hart, Haydée Santamaría, María Antonia y Gloria Cuadras”, puntualizó.

Como se sabe, el Alzamiento del 30 de Noviembre no tuvo el éxito que se esperaba, pero sirvió para ratificar que el M-26/7 seguía activo, ese día por primera vez se vistió además el uniforme verde olivo.

“La acción quedó ahí pero luego nos seguimos viendo, como nos conocíamos, independientemente de la jerarquía, Frank conmigo era incondicional, estudiamos juntos y fuimos fuertes amigos, él me decía: Pancito (nombre de guerra que yo tenía) no podemos salir, refiriéndose a nuestra salida de Santiago para las montañas, que se estaba gestionando.

Cuando la muerte de Frank, Carlos Sarabia no se encontraba en el territorio cubano, su familia había decidido mandarlo al exterior porque ya había estado preso en dos ocasiones y temían por su vida. Sin embargo aquel acontecimiento fue un duro golpe para él.

“Frank significó mucho en mi vida y tengo una gran admiración por él, cuando iniciamos en los estudios aún sin conocer al líder en que se convertiría después; sencillamente él era mi amigo, hay quienes dicen que fui el primero, sé que hubo muchos otros. Yo me considero que fui seguidor de sus ideas y nunca dije que no a ninguna acción. Lo profesé con una gran admiración porque vi cómo se fue gestando en él una personalidad que era impactante y que fue la que contribuyó a su liderazgo y a ganarse el respeto no solamente ya de los estudiantes sino de trabajadores, profesionales…

“Frank era una gente inteligente, además de demostrar arrojo, valentía, todas esas cualidades que lo forjaron con su personalidad y como organizador de la lucha; sus escritos al respecto decían cuál era la pretensión de la Revolución, que iba más allá del simple cambio de gobierno; él tenía ideas avanzadas”, comentó.

Carlos Sarabia, fue combatiente del ejército rebelde, maestro formador de los nuevos educadores al principio del triunfo, fue dirigente político en el Partido Comunista de Cuba y se jubiló como director de la escuela del PCC Hermanos Marañón.

Actualmente tiene 85 años y para él ha sido un placer y un privilegio conocer a todas esas grandes personas valiosas que forjaron su historia en la clandestinidad, y luego a lo largo del proceso revolucionario como Fidel Castro y Juan Almeida, con quien trabajó.

Hoy por sus años ya no puede salir a caminar como de costumbre por su ciudad querida, Santiago de Cuba, esa por quien estuvo dispuesto a entregar su vida, pero que le dio la oportunidad de siempre en el Parque de Céspedes estrechar la mano de su amigo Frank.

Texto: Yanet Alina Camejo Fernández

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Publicado Por: Sierra Maestra

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