¡Al rescate del Cajanus cajan!

Su nombre científico tiene más «abolengo», pero si le dijera que este fruto posee un alto valor nutritivo, por su apreciable contenido de proteínas, minerales, lisina, metionina, carbohidratos, vitaminas…, que puede consumirse tierno y seco, y goza de gran demanda internacional, quizás no le pase por su mente que le hablo del frijol gandul.

En Cuba, su escasa fama se reduce a las propiedades medicinales, salvo entre personas mayores, especialmente de origen campesino, quienes saben cuánto alivia la carencia de alimentos en períodos duros, de lo cual puedo dar fe.

El gandul -Cajanus cajan-, llamado también, en otros países, guandul, guandú, quinchoncho, cachito o frijol de palo, se cultiva desde hace, al menos, tres mil años, y es originario de África o la India, detalle en el que sus estudiosos no se ponen de acuerdo.

Se trata de una leguminosa que crece como arbusto perenne, de una altura de uno hasta tres metros, según la variedad y condiciones del suelo, y produce la mayor parte del año.

Entre sus más atractivas propiedades alimentarias destaca el elevado contenido de proteína, del 18 y al 21 por ciento en el frijol seco y del ocho por ciento verde, aunque las cifras varían según unos u otros investigadores.

Con razón, es muy alto el consumo humano de gandul en numerosos territorios, como Venezuela, Nicaragua y Puerto Rico, en los cuales se comercializa en su estado natural -tierno o seco-, o enlatado, listo para comerlo.

Muchas regiones lo usan en la preparación de ensaladas, sopas,
papillas y harina.
En la vecina República Dominicana, por ejemplo, no falta en las mesas familiares ni de establecimientos gastronómicos, donde lo elaboran guisado, con carne, con coco, en congrí o arroz moro.

Las autoridades dominicanas desarrollan desde hace años un amplísimo programa de fomento de plantaciones de guandul -como ellos le llaman- y en el año 2010 sus agricultores produjeron cerca de 563 mil quintales del grano.

Sus semillas sirven como pienso para el ganado, pueden constituir el 30 por ciento de la dieta de aves, y sus ramas y vainas tiernas son excelente forraje, para lo cual permite tres cortes al año.

Además, la siembra de gandul, resistente a la sequía, contribuye a mejorar la calidad del terreno, debido a su capacidad para fijarle el nitrógeno que toma de la atmósfera, con ayuda de bacterias del género Rhizobium.

También es una fuente de empleo, si se considera la fuerza de trabajo necesaria para todo el proceso, desde la plantación -preferiblemente en pequeñas parcelas- hasta su industrialización y venta, tanto enlatado como congelado.

Entre sus potencialidades sobresale utilizarlo mezclando su harina con la de trigo, para la elaboración de pastas, y en sustitución de soya.

El gandul está lejos de merecer, solamente, las acepciones del
diccionario de la Real Academia Española, pues no solo sirve para designar a los holgazanes y miembros de tribus salvajes. No sería inteligente continuar desaprovechando sus bondades.

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Publicado Por: Eugenio Pérez Almarales

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