Anuncian vacas flacas

La certidumbre referida a que América Latina perderá 10 años de desarrollo en lo inmediato, es una de esas noticias presagiadas que mucho cuesta aceptar. Era presumible que los efectos del Covid-19, las medidas para frenarlo, provocarían situaciones adversas, pero, al parecer, serán peores de lo imaginado.

Si se comienza por Estados Unidos, el país  de mayor riqueza no solo en el área, sino en el mundo, no hay allí tampoco pronósticos halagüeños. Un despacho de la agencia especializada en temas económico-financieros, la inglesa Reuters, relata que la economía norteamericana se va a recuperar a un ritmo inferior al supuesto o deseable.

Autoridades de la Reserva Federal, viendo cómo aumentó el número infectados por la precoz apertura de actividades decretada por el presidente, temen una segunda oleada de la infección, capaz de profundizar los daños nada pequeños hasta ahora registrados. El pesimismo se extiende entre estos altos funcionarios quienes alegan que hasta la pequeña  recuperación del empleo es fugaz, no un hecho permanente indicador de progreso.

«La pandemia sigue siendo el catalizador clave del curso de la economía. Todavía nos rodea una espesa niebla de incertidumbre y los riesgos bajistas predominan», dijo la gobernadora de la Fed, LaelBrainard, en un evento virtual organizado por la National Association for Business Economic, reporta Reuter.

Coincidiendo con esas valoraciones realistas, aparece el informe de la CEPAL  alertando que la  caída del producto interno bruto (PIB)  será del  menos 9,4% en América del Sur, el -8,4% en América Central y México y del -7,9% en el Caribe, excepto Guyana.

Partiendo de que la economía mundo también se reduce, y debido a las dislocaciones y bajas del comercio, los flujos inversionistas y factores importantes para la zona, como son turismo y remesas familiares,  se prevé una caída en la actividad económica al finalizar el 2020 como la del 2010, de ahí la valoración sobre un decenio de retroceso en la región.

Esas previsiones plantean un aumento destacado del desempleo, (13,5% o lo que es igual: 44,1 millones de personas)y, en  consecuencia, de los niveles de pobreza y desigualdad. Así  alertó Alicia Bárcena al presentar con lujo de detalles estadísticos y consideraciones multifactoriales, el estudio con tales auspicios.

Para dar idea de la gravedad del momento, se destaca que las cifras de paro laboral en la veintena de naciones concernidas, son  muy superiores a las registradas durante la crisis financiera del 2008, e incrementará la pobreza,que pasaría de 185,5 millones en 2019, a 230,9 millones este año. Eso, calcula la CEPAL  es el 37,3% de la población latinoamericana.

Las implicaciones de semejante escenario perturban a otras regiones que, como Europa, también se ven lastimados por la resultante de la pandemia. Por eso la UniónEuropea dice estar analizando fórmulas destinadas a dar cierto alivio a los países de referencia, envueltos en esta crisis.

La CEPAL, por su lado, no se limitó a  dar números de la catástrofe. Adjunta  varias propuestas para aliviarla. Sugiere, por ejemplo, la implementación de un ingreso básico de emergencia y un “bono contra el hambre” y dar soporte a empresas y “trabajadores en riesgo”.

Por supuesto que sin las instituciones financieras internacionales, será difícil, quizás imposible, instrumentar estas y otras políticas de alivio. Mala noticia pues en este momento se pretende colocar en manos de EE.UU. al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), cuando siempre estuvo dirigido por un funcionario  procedente de la región hispanoparlante.

El FMI y el Banco Mundial, son entidades conocidas por someterse a las determinaciones de Washington y capaces de negar asistencia a las naciones a las cuales la Casa Blanca le tiene antipatía. Eso no es secreto. Ya ocurrió con Venezuela. Luego cualquier salida siempre pasará por voluntades viciadas.

Que América se encuentre hoy como epicentro del coronavirus, con los enormes picos en Estados Unidos y Brasil,  más las insuficiencias detectadas durante la embestida del SarCov2, que aumenta la imitación lacayuna de varios mandatarios ante las posiciones lunáticas de Donald Trump, envilece cualquier posible plan de restauración.

A partir de estas coordenadas, las buenas noticias, y hasta las menos malas, a no dudarlo, tardarán en llegar.

 

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Publicado Por: Elsa Claro

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