Apuntes en la ante víspera

El nombramiento de Kamala Harris a la posible vicepresidencia de Estados Unidos, le añade un poco de sal y pimienta a la algo descolorida campaña de Joe Biden. Literalmente, llueven artículos de opinión sobre esta compañera de fórmula que antes fue oponente mientras aspiraba a convertirse ella misma en la primera mujer en ocupar el más alto cargo del país. Muchos de esos trabajos son en su contra, y era de esperarse.

Atacándola agreden al candidato demócrata a sustituir a Donald Trump en la Casa Blanca. A la senadora y antigua fiscalde California, se le achacan numerosas posiciones impropias de la tendencia política a la cual pertenece. Nada más difícil que clasificar a cualquiera sobre todo cuando los calificativos otorgados nose corresponden de manera fiel con la verdad.

Solo un ejemplo. A Bernie Sanders se le tilda poco menos que de comunista, pero pudiera ser, quizás, un socialdemócrata, no más, aun cuando esgrima un grupo de propósitos beneficiosos para los sectores más desprovistos de la sociedad norteamericana.

Por eso entran dudas cuando algún analista plantea que Biden  pretende clonar el mandatode Barak Obama. Eso también es imposible, pues jamás fue idéntico un programa aunque procediera de un mismo partido. Las circunstancias vigentes no son tampoco iguales, incluso si se intenta emparejar la crisis del 2008 con el frenazo económico actual.

Obama heredó un país en situación peliaguda pero no existía una segmentación social tan intensa como la de hoy. La Covid-19, el negacionista y caótico accionar de Donald Trump,  incrementaron las diferencias raciales ylapronunciada disparidad entre los segmentos humanos.

Esperar cambios radicales en este momento es ingenuo. Imaginar que Biden quiere reproducir en parte o todo, los aspectos más positivos de la etapa en que fue vicepresidente del primer mandatario negro de EE.UU., tiene lógica. Tanto como enrolar a la Harris por su carisma y las relaciones aventajadas que se le atribuyen en el mundo de las finanzas.

Trump le hace muy mala propaganda a asu contrincante tildándole de viejo, pausado, casi inocuo y por lo tanto, inepto para el cargo. Esos supuestos se neutralizan, al menos en parte, con la asociación  con la senadora elegida entre un muy amplio catálogo. Ella tiene chispa y sonrisa mediática. Juventud y dinamismo que venden bien de cara a lo inicial y en el siempre incierto después.

Se afirma –es posible que con buena base- que los políticos demócratas tienden a ser más progresistas cuando están bajo presión. Será un tiempo apretado, el por vivir para el binomio  Biden-Harris si logran el triunfo el 3 de noviembre. Pocas veces el escenario nacional fue tan convulsionado e inseguro.

Si aceptamos ese tipo de reflejo orientado más a la izquierda, no será imposible que una administración demócrata le haga bien a los estadounidenses y relaje un poco los vínculos y derroteros internacionales. Algo es seguro: la pandemia y sus graves efectos sobre la economía obligaron y casi seguro obligarán a modificar estrategias y prioridades. El propio Trump, en gran medida, ya tuvo que morder el cordobán. Las realidades concluyen imponiéndose. Si es él quien gana, estará obligado a algunas rectificaciones o se las verámuy comprometidas.

Biden, prometer reconstruir. Ello supone no solo lo económico-financiero, sino los delicados vínculos intercomunitarios y cierta convivencia de las grandes desigualdades. Nada fácil. Pretende lograrlo con inversiones en esferas investigativas, de manufactura y servicios que, junto con avances tecnológicos favorecidos, permitan devolver a Estados Unidos su antiguo sitio en la creación de bienes materiales. No verse forzados a importarlos, en sí mismo, traería puestos de trabajo y prosperidad.

Quiere incrementar las atenciones sanitarias y retomar algunas responsabilidades sobre el cambio climático, abandonadas en los últimos 4 años. Es una agenda que al menos en la letra resulta positiva, aunque detrás existan, como tantas veces,  planes cuestionables.

La disyuntiva del colegio electoral, esos 500 y tantos nominados para determinar quién ocupará la sala oval entre el 2011 y el 2025,  es decidir si seleccionan la agenda Biden, o el más de lo mismo (mentiras, crispación permanente)  propuesto por Trump.

De todos modos, debe tenerse en cuenta que cuando los demonios salen de la botella, encerrarlos de nuevo exige una pelea titánica.¿Habrá con qué?

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Publicado Por: Elsa Claro

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