Batallas perdidas y por ganar

Donald Trump no está tan seguro ya de ganar ampliamente la reelección. Se pregona como presidente de una guerra que al inició negó enfáticamente, perdiendo un tiempo decisivo en la lucha contra un enemigo microscópico, pero de alta letalidad. Cuando ese es capaz de matar a mil o más norteamericanos en un solo día, pareciera adecuado emplear todas las fuerzas existentes para liquidarlo.

Pasma ver cómo el mandatario dedica esfuerzos y fondos a otros asuntos y la manera con  la cual pretende desviar la atención del drama interno y culpar de ello, o usar la pandemia, como pretexto destinado a justificar políticas problemáticas o buscando elevar su popularidad cuando la confianza de los ciudadanos hacia él, incluso la de los centros de poder a la sombra que le apoyan, no tiene buenos dígitos.

Casi por tradición, muchos gobernantes norteamericanos usaron agresiones contra otros países basados en pretextos diversos,  como medio para elevar la aceptación de los suyos, cuando ese soporte falla o están abocados a una elección, como sería el caso ahora.

Pero suponiendo que solo sigue desarrollando una estrategia agresiva contra Venezuela, por cuestionable que fuere hacerlo en las actuales circunstancias que vive el mundo, ello no acreditaría tampoco el despliegue naval sobre el Mar Caribe y el Pacífico ordenado por su administración.

Tienen 7 bases que tienen en Colombia, supuestamente para combatir el narcotráfico, de poco les han servido. Lanzar acusaciones sobre los dirigentesbolivarianos también es contraproducente de cara a problemas bien conocidos en casa. La muyreciente epidemia de opiáceos padecida por los estadounidenses indica que el mal no proviene tanto de fuera como de adentro.

Esos medicamentos hechos por farmacéuticas nacionales autorizadas por los organismos sanitarios, tienen mayor poder tóxico que la cocaína y la heroína. Si la primera procede de varios países latinoamericanos, la segunda viene sobre todo de Afganistán, vía Kosovo y otras escalas europeas, hasta llegar al amplio mercado estadounidense.

¿Se ha hecho algo a través de los años para trabajar con empeño salvador sobre los drogodependientes? No. No lo suficiente. El problema está más dentro que fuera, pero si se quisiera atacar las fundamentos del asunto, deberían proceder con sinceridad y vigor bien encaminados, y no usar esa otra tragedia propia como argumento para objetivos de baja ley.

En el caso venezolano, ocurre que buena parte de la oposición al gobierno bolivariano no desea para nada una intervención extranjera pues deducen, atinadamente, que ello provocaría un desastre humano y sin dilucidar las discordancias entre grupos.

Luego de numerosos intentos cuestionables unos, más civilizados otros,  prefieren, y así lo dejan saber, otras vías para probar fortuna en el empeño por desbancar el chavismo.

Señalaban varias publicaciones en estos días que hasta un afín a Guaidó, Stalin González, dijo contrario al camino emprendido por la Casa Blanca. En declaraciones públicas expuso que: “guste o no guste el chavismo es una fuerza política, hay que buscar un espacio para hacer política (…). Asimismo reconoció:“intentamos quebrar el poder de Maduro, pero Juan (Guaidó) no ha podido ejercer poder interno, perdimos la batalla”.

Tanto este personaje como otros de partidos opositores, no quieren tampoco el boqueo norteamericano ni los intentos agresivos de Colombia como testaferro de EE.UU. Aumentan los empeñados en un dialogo con el gobierno bolivariano y por darle curso a  las anunciadas elecciones legislativas a realizarse este año.

Menos son los concernidos en injerenciasy coerciones que afectan al pueblo venezolano, sin propiciar ningún tipo de solución mientras, además, se viven momentos dramáticos tanto por el ladoagresor como por el del agredido y sus respectivosentornos.

Este instante exige, como pocos, cordura y limpieza de miras actos. De otro modo no habrá ni triunfo electoral para Trump ni solución adecuada para la crisis sanitaria global.

 

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Publicado Por: Elsa Claro

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