Bayamo, la ciudad que encanta

Bayamo es realmente una ciudad que encanta. Recorrer sus estrechas calles del centro histórico le acerca a una vida que late en sus más de 500 años de existencia, es un Monumento Nacional porque así la distingue cada rincón donde las historias y remembranzas de sus habitantes la hacen sentir sensiblemente pura, honesta y sobre todas las cosas fiel a las tradiciones.

De una entrañable raíz patriótica e indoblegable a la urbe cabe el honor de ser la cuna del Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes y de una pléyade de hombres dignos que ofrecieron vidas y fortunas a favor de la independencia de la nación.

No olvidar es la premisa, por eso detenernos ante un símbolo como  el lugar donde inició el incendio de la ciudad, porque así lo decidieron sus hijos antes de entregarla a los españoles, es un gesto para reverenciar una acción sin par, donde el desprendimiento y amor a la causa justa cobraron tal  envergadura que trascienden para que hoy,   con solo el hecho de  acercarnos al sitio entrelacemos la voluntad de ser cubanos siempre.

También en  la segunda villa fundada por el Adelantado español Diego Velázquez en la isla, se cantó por primera vez, una marcha: La Bayamesa, devenida Himno Nacional. Es en la Plaza del Himno, en el entorno de la Catedral del Santísimo Salvador de Bayamo donde una tradición cobra vida cada 19 de octubre a las 12 de la noche y en realidad estremece el modo en que un coro  ataviado tal cual el año 1868, entona la marcha en su forma original y, esto  nos transporta a una época inmortal.

Pero antes del ceremonial, escudriñamos en el interior de la iglesia y observamos la única pintura con un tema patriótico en un templo católico de nuestro país donde se esboza el preciso momento en que en el atrio, en presencia del gobierno en armas en pleno, se produjo la bendición de la bandera enarbolada por los mambises en  la Guerra de los Diez años.

Los atractivos de la también capital de la Primera República en Armas durante la gesta independentista, están indisolublemente unidos a un hálito de cubanidad e identidad que sostenemos cuando visitamos sus museos, la sala Teatro José Joaquín Palma, el Retablo de los Héroes o decidimos como sus pobladores, transitar por sus calles  en un típico coche bayamés tirado por caballos.  Destaca el  minucioso cuidado de los artesanos por conservar en ese medio de transporte sus particulares.

En lo cotidiano, en su gente reina  una paz interior que se palpa a cada paso y, una gallardía perenne por una obra legada que data de muchos siglos, aquí se es patriota desde que se nace, por convicción.

Como parte de ese  devenir histórico la Ciudad Monumento Nacional celebra  cada año, la Fiesta de la Cubanía en el contexto del 20 de Octubre, Día de la Cultura Cubana, fecha en que se entonó por primera vez el Himno de la Patria;   en esta ocasión se dedica al aniversario 125 de la caída en combate de José Martí, al centenario de la Prima Ballerina Assoluta Alicia Alonso y de la Heroína de la Sierra y el Llano Celia Sánchez Manduley.

Bajo nuevas concepciones por la COVID-19, la Fiesta de la Cubanía, conserva la impronta de preservar la memoria histórica y para ello en la ciudad se realizan eventos teóricos como el Crisol de la Nacionalidad con debates presenciales y virtuales, la presentación de obras teatrales, apertura de exposiciones de Artes Plásticas y funciones en la Casa de la Trova.

La Jornada de la Cultura Cubana a lo largo y ancho del país irradia una programación artístico- cultural variada y, aunque constituye un acontecimiento nacional, esta es la oportunidad que tenemos todos de girar las miradas hacia Bayamo, la Ciudad Monumento que encanta.

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Publicado Por: Laudelina Manzano Bell

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