Cuba y la observancia de la Convención sobre los Derechos del Niño

A la Revolución cubana cabe el mérito insoslayable de mantener entre sus prioridades  los derechos de los niños y los jóvenes a los que se  les ha concedido todo tipo de garantías jurídicas refrendadas en la Constitución y legislaciones vigentes.

Y para propiciar que las futuras generaciones sean felices y participen íntegramente en la construcción de un mundo nuevo apegado a los valores humanos, el estado vela por el sostenimiento de un sistema educativo de avanzada y  gratuito al igual que la salud; atenciones especializadas a los infantes con discapacidades físicas y mentales y la incorporación  efectiva  en las  actividades deportivas y culturales.

El Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, al proponerse cambiar el lamentable estado encontrado tras el Triunfo de la Revolución y plasmado en el Programa del Moncada insta desde el mismo comienzo a preservar el legado de nuestro apóstol “Los niños son la esperanza del mundo” y plantea:

“Que podamos decirles al pueblo y al mundo, que como un esfuerzo más de nuestra Revolución, como un esfuerzo más de nuestro pueblo, no quedará un solo niño sin escuela y esto significa el desarrollo de la inteligencia de todos nuestros niños. Esto significa que no quedará un solo talento que no se abra a la luz”.

Con tal denuedo  defendió  Fidel  el bienestar de la infancia que  el 24 de febrero de 1960  manifestó: “… en lo que más debemos pensar: es en los niños de hoy, que son el pueblo de mañana. Hay que cuidarlos y velar por ellos como los pilares con que se funda una obra verdaderamente hermosa y verdaderamente útil”.

Cuba, a partir de la estrategia de su líder histórico, muestra hoy  indicadores en la situación de su infancia comparables con los de países más desarrollados   y ricos del planeta porque existe un compromiso político del gobierno y en torno a él  un movimiento social en beneficio de niños y adolescentes con el objetivo de atender el buen desenvolvimiento de los derechos de niños y niñas.

Justamente un día como hoy, 20 de noviembre pero de 1989  se aprobó la Convención de los derechos del niño, el más universal de todos los tratados internacionales que entra en vigor el 2 de septiembre de 1990. Esta fecha es la escogida para la  celebración  del Día Internacional del Niño.

Nuestro país refrendó  la  Convención de los derechos del Niño el 26 de enero de 1990 y  es estado parte  de la misma desde 1991, convirtiéndose así en uno de los primeros países en hacerlo.

A decir del documento, todos los estados firmantes tienen la obligación de cumplirla en conformidad con su legislación nacional sin embargo,  los  avances de conflictos armados, enfermedades  y la pobreza evidencian un peligro para el cumplimiento de la Convención.

En ese contexto global, 385 millones de niños viven en la extrema pobreza, 264 millones no están escolarizados y 5, 6  millones de niños menores de cinco años murieron  el pasado año por causas que podían haberse prevenido. Para 2030 el panorama tampoco se avizora alentador.

El proyecto social  de  la mayor de las Antillas, no obstante al férreo bloqueo   de Estados Unidos, no impide que  el Estado cubano garantice  la protección de los derechos de la infancia y la adolescencia, y  se les asegura un ambiente pleno donde desarrollar sus aptitudes creadoras  y disfrutar de una vida feliz.   

Así lo refiere Fidel el 6 de enero de 1962:“¡Y nosotros queremos que todos los niños sean felices! Para que los niños sean felices se ha luchado, para que los niños sean felices han tenido que dar su vida muchos patriotas, desde Martí, Maceo y todos los que han muerto”.

La Organización  Naciones Unidas, por otra parte señala que el Día Mundial del Niño es una estupenda oportunidad para crear conciencia en las escuelas y en la sociedad en general de que la infancia es una etapa de la vida irrepetible y crucial  por lo tanto, hay que conseguir que todos los niños y niñas estén protegidos, seguros con salud y educación, independientemente del lugar de nacimiento.

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Publicado Por: Laudelina Manzano Bell

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