Doctor Francisco Durán García: un ángel con bata blanca

Poner la ciencia en lengua diaria: he ahí un bien que pocos hacen […]. Estoy completamente seguro de que el doctor Francisco Durán García, director nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública (MINSAP), de Cuba, hace realidad día tras día ese aforismo martiano, que signa todas y cada una de sus intervenciones públicas, para informarle al pueblo cubano acera de la evolución del nuevo Coronavirus, devenido azote de la humanidad.

Cuando vi por primera vez, en la pequeña pantalla, al ilustre funcionario del MINSAP disertar en las conferencias de prensa que ofrece —día tras día— a los medios masivos de comunicación y a la población insular, observé en él una serie de características personográficas que evocaron en mi memoria la imagen de un psiquiatra santiaguero, el doctor Durán (padre), a quien conocí personalmente, en agosto de 1972, en su casa de la histórica calle Padre Pico, en la Ciudad Heroica.

Huella mnémica que corroboré en la práctica cuando leí, en la edición dominical del periódico Juventud Rebelde, la entrevista que el doctor Durán García le concediera —vía correo electrónico— a la colega Ana María Domínguez Cruz, 1 reportera del diario de la Juventud Cubana.

Llegué hasta el doctor Durán por mediación de un familiar allegado a la doctora Piedad de la Maza Artola (fallecida), profesora titular de Psicología del Adolescente en la Facultad de Educación de la Universidad de La Habana, que era muy amigo de la familia Durán-García.

En las charlas que sostuve con el doctor Durán, hablamos de temas divinos y humanos (estos últimos relacionados con el estado actual —en aquella época socio-histórica— de la psiquiatría y la psicología en la mayor isla de las Antillas).

Entre otras puntuales líneas temáticas desarrolladas en nuestras fluidas pláticas, me habló —con emoción y orgullo— de que su hijo Francisco había seguido sus pasos desde el punto de vista profesional, y estudiaba Medicina en la capitalina Alma Mater, ya que, al igual que él, quería dedicarse a la Psiquiatría. No obstante, por esas buenas jugadas que, a veces, nos hace la vida, y que no percibimos o malinterpretamos, declinó cursar la especialidad de Psiquiatría, y en consecuencia, la sustituyó por la Epidemiología; disciplina biomédica que estudia la génesis y desarrollo, así como la morbilidad, mortalidad y comportamiento de las enfermedades que azotan al hombre, provocan lamentables pérdidas de valiosas vidas humanas y grandes daños socio-económicos, a escala mundial.

Las intervenciones televisivas del doctor Durán García constituyen verdaderas clases magistrales que les imparte a los colegas de la prensa, así como a la población tropical, acerca de cómo evoluciona el virus, las estadísticas insulares y mundiales en relación con la morbilidad y letalidad de la COVID-19, y cómo se debe proceder para evitar la propagación del virus que ha provocado miles de víctimas en todo el orbe, lo cual es deber y responsabilidad no solo de los profesionales y técnicos de la salud, ni del Gobierno Revolucionario, sino de todos y cada uno de nosotros, quienes debemos cuidad la salud y la vida, los tesoros más preciados de la existencia terrenal.

Llama la atención en ese legítimo «ángel con bata blanca» la sencillez, la humildad, el dolor lacerante que lo embarga cada vez que tiene que divulgar  la triste noticia relacionada con un lamentable deceso causado por la enfermedad, las dotes pedagógicas y el arte-ciencia que posee para comunicar y comunicarse con el auditorio, que lo escucha con suma atención

Por otra parte, domina —con precisión y exactitud— el vocabulario científico-médico, pero sin caer en el error en que incurren muchos profesionales de la salud que hacen uso de los micrófonos de la radio y ante las cámaras de la televisión: el exceso de tecnicismos, incomprensibles para el radiorreceptor o televidente que no los entiende ni comprende, porque no conoce esos códigos lingüísticos especializados.

El doctor Durán García habla con una claridad conceptual digna del más cálido elogio, lo cual lo ha convertido —en las condiciones epidemiogénicas que atraviesa el país— en una de las voces más autorizadas del MINSAP para opinar acerca de una afección viral que no se sabe —a ciencia cierta— cuándo dejará de flagelar al planeta en general, y a nuestro archipiélago en particular.

Desde las páginas del Sitio Web de Radio Progreso le deseo vida y salud en abundancia al doctor Francisco Durán García, para que siga combatiendo — desde su sólida trinchera científico-médica— la pandemia de CORONAVIRUS-COVID-19.  ¡Que así sea!

Nota

  1. Domínguez Cruz, Ana María. «Como un familiar cercano». Juventud Rebelde. 19 de abril de 2020: pp. 8-9.
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Publicado Por: Jesús Dueñas Becerra

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