El otro virus

Al parecer, el 2020 se insertará en la Historia como un año de tribulaciones y necedades esperpénticas. La Covid-19 por sí sola, o la crisis económica acompañante, serían más o menos aceptables si para este fin de año se hubiera despejado un poco el fuerte, indeseable, panorama mundial. No es así. Cual si fueran pocas, se estimulan diferencias y rencillas.

Sin el estímulo a la administración Netanyahu en Israel –fuertemente cuestionada por los ciudadanos israelíes-  el premier judío  no se propondría violar el reciente acuerdo con los emiratos árabes de ser reconocidos como estado a cambio de no seguir acaparando territorio en  Cisjordania. Tel Aviv ya anunció otro plan de colonización  de ese territorio ocupado por la fuerza a los palestinos.

La inestabilidad general en Latinoamérica no obedece solo a cuestiones del área, aunque parte de la ración proceda de sus propias  contradicciones acumuladas. El estímulo Trump aumentó la beligerancia de la derecha colombiana que asesina  ex combatientes de la FAR EP, o a sindicalistas y otros empeñados en el activismo social. No menos para segmentos campesinos o indígenas, aniquilados en porcentaje alarmante bajo el dominio de Álvaro Uribe, digo, de Iván Duque. Tanto miran hacia Venezuela que se olvidan de sus inmensas lacras.

Muy posible que Lenin Moreno no hubiera endeudado económica y moralmente a Ecuador hasta los actuales niveles sin no contara con los apoyos y ejemplos procedentes de Washington, que le pide traicionar principios (expulsar del asilo a Julian Assange, fabricar procesos contra Glass o Correa, entre lamentables etc.) a cambio de bagatelas (préstamos del FMI) que bien caro costarán a los ciudadanos.

Jair Bolsonaro es un cafre (feroz, desalmado, grosero) pero no tendría que llegar a tantos extremos en su burda imitación del habitante principal de la Casa Blanca, fueresobre la pandemia o en su desprecio hacia las comunidades autóctonas, el rico habitad brasileño, y el irrespecto a la decencia.

En Bolivia no hubiera acontecido el proceso golpista (OEA y militares sobornados mediante)  que desestabiliza al país andino y lo retrocede en los bueno caminos de un desarrollo  señalado con base en justicia ciudadana. Declarar a contracorriente universal que el Ché no tuvo la transparencia humana y política que se le reconoce, o calumniar la ayuda desinteresada de Cuba hacia ese territorio multiétnico,  solo se parece, o es inducido, por la infame campaña trumpiana contra el Contingente médico Henry Reeve.  Por sus actos los conoceréis, como bien afirma el Evangelio.

Chile tampoco se vería convulso y su pueblo desilusionado, de no padecer la resultante del favor norteamericano a Pinochet y sus tropelías que, por desdicha, siguen vigentes. Por eso se protesta, aunque los Trump de este planeta, no quiera mirar para ese sitio ni criticar cuanto ocasiona tales anomalías.

El mejor deporte que practica el presidente norteamericano es el de los castigos. Y ¡cómo le gusta sancionar!  Lástima que otros le copien y reproduzcan, en ese ejercicio de lastimar a quienes le molestan o brillan.

Envida a China y quiere robarle una preeminencia que por derecho y esfuerzos propios logró ese pueblo. Ahora lleva su guerra comercial y la ojeriza ante los avances tecnológicos de Beijing, a extremos como provocar militarmente al gigante asiático, sin razonar meridianamente, los gravísimos peligros de tales bravatas.

Muy probable que el Reino Unido no se hubiera separado de la Unión Europea. No en rebeldía como está ocurriendo, en un Londres creído de que recibirá premios de quien promete y estimula, pero gusta de quitar, no detransferir si no obtiene mayores ventajas a cambio.

No se trata de “echarle las culpas de todo al imperialismo” sino de situarlo antes sus crímenes. De eso hay suficiente documentación, a diferencia de quien acusa sin pruebas y acomete tropelías que mejor sería dejar guardadas en la caja de los truenos.

Y ¡cuidado! En este momento Trump pudiera usar sus diferencias con China para articular momentos de peligro militar, derivando la  atención mundial de las elecciones a realizarse en dos semanas o poniendo ese tema en una excepcionalidad que le permitan posponer la prueba en urnas o darle base a su amenaza de ignorar los resultados si no les son favorables.

Luego de lo ocurrido por el efecto destructivo del SarCov2, el mundo necesita sosiego, colaboración, aliviar el fuerte estrés no concluido, provocado por la contingencia sanitaria.

Pero eso no figura en la agenda de Trump. Esperemos que tampoco pueda ponerla en ejercicio en lo adelante. Demasiado deja tras de sí.

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Publicado Por: Elsa Claro

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