Georgina Herrera: un palenque de sabiduría

Cercana y directa resuena la voz al otro lado de auricular, parece que nos conocemos de siempre. Ella esperaba mi llamada hacía días. Y aunque los difíciles momentos que se viven no han permitido encontrarnos como había planificado, el encuentro en la distancia ya lo puedo guardar como un tesoro.

Todavía no me creo que esté hablando con Georgina Herrera, Yoya, (para los amigos). Solo unos poemas bastan para entender que estoy escuchando, sin duda, a una de las poetisas más importantes no solo del Caribe, sino posiblemente de todo el continente americano. Yo, novato, mido la pregunta, ella desenfadada me espeta: “Mijo, no te limites, pregunta lo que tú quieras”. Y así me permite entrar, creo ya para siempre, en su “palenque”.

¿Qué dimensión adquiere la literatura en el contexto que vive el mundo hoy?

Mira, desde que yo era pequeña, hace ya muchos, muchos años, mis primeras maestras en la escuela de vivir, fueron, por suerte, mis tías abuelas, mis bisabuelas y muchas otras ‘Negras Viejas de Antes’, que menciono siempre en mi poesía. Y ellas, cada vez que alguien llegaba con un suceso, al parecer novedoso, decían: ‘Ay mija, desde que el mundo es mundo…’.

“Ha tenido que pasar mucho tiempo para entender lo que había dentro y detrás de esa frase. Después vino otra, con la misma intención: ‘Siempre que pasa igual, sucede lo mismo, y así, hasta el día de hoy y seguirá hasta no se sabe cuándo’.

“Pero el mundo no se va a acabar, aunque parezca que ya se ha desplomado sobre nuestros hombros. Injusticias, cosas buenas, canalladas, traiciones, heroicidades. De todo ha sucedido y, lo único diferente va a ser siempre la época en que sucede. La diferencia, pues, va a estar en la capacidad para entender y saber aprovechar, que tengan quienes ya vienen marcados con la gloriosa flecha de asimilar y trasmitir para el futuro, a su modo, con su estilo, lo que en realidad no es nuevo ni distinto, a no ser en el modo de vivirlo y contarlo. Quien haya pasado sus ojos por encima de la Biblia, leerá que en el Apocalipsis se habla de todo eso: hambres y pestilencias, guerras y rumores de guerra, fuegos, temblores de tierra”.

Si ha podido seguir escribiendo en estos momentos. ¿Dónde encuentra la inspiración?

—Con la edad a la que he llegado, y lo agradezco a mi destino, estoy en mi casa, sola, confinada. Entonces, me doy gusto leyendo y escribiendo. ¿En qué me inspiro? En mi vida, que es la que conozco y no me dejará mentir. Es la oportunidad de limpiarme por dentro. Me gusta vivir. Tanto, que quisiera que lo de la reencarnación fuera cierto para ser, a mi modo, menos tonta, o más buena o para repetirme.

“Además, constantemente, junto con los sucesos que se repiten, suceden cosas de mucho valor. Ahí es donde entra el que esté poseído por cualquiera rama artística: la literatura, la danza, la música, la plástica, ¡ah!, y la Ciencia, que es la encargada de ‘meter en cintura’ y hallarle explicación al caos reinante.

Tanto escritores como lectores por el estrés que causa la presente situación, pueden bloquearse ante la lectura y la escritura. ¿Algún remedio contra esto?

Oye, mira, yo no sé, yo estoy vieja, a veces medio loca, siento miedos…pero escribo. Me vienen recuerdos, muchos. Lo único que, al parecer tengo bloqueado es el lado malo de los sucesos. No escarmiento. No me estreso. Eso no. Un buen remedio es volver siempre a mis ‘Negras Viejas’.

Proyectos y planes.

—Qué audacia sería tener planes y proyectos, pero es buena la ilusión de seguir viviendo y mirando cuando vuelva la primavera de la vida y hayan framboyanes floreciendo y gorriones con su deliciosa mala educación rehaciendo nidos, eso querrá decir que, de todos modos, ha valido la pena llegar hasta el día de hoy…y el de mañana.

Texto: Víctor González

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Publicado Por: Tribuna de La Habana

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