José Martí: paradigma de resiliencia

Para evocar —«con afecto y respeto ternísimos», al decir del Apóstol— el aniversario 125 de la caída en combate del mayor general José Martí Pérez (1853-1895), así como la desaparición física de la doctora en Ciencias, Elsa Gutiérrez Baró (1928-2019), profesora emérita de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana, he decidido reseñar su libro La resiliencia de José Martí, publicado por la Editorial Científico-Médica.

Ese texto de la también directora fundadora de la Clínica del Adolescente, la primera de su tipo en Hispanoamérica, cuenta con un prólogo del doctor en Ciencias Ricardo González Menéndez, profesor titular y consultante del capitalino centro de educación médica superior.

La redacción de esa obra implicó grandes dificultades objetivo-subjetivas que enfrentaron la autora y el equipo de realización para llevar a puerto seguro ese «pequeño gran libro», como lo calificaría el laureado poeta y ensayista Cintio Vitier (1921-2009).

Tanto fue así, que se vieron en la necesidad de verificar y confrontar con las fuentes primarias, citas y notas escritas por el fundador del periódico Patria durante su corta, pero fecunda trayectoria vital.

La doctora Gutiérrez Baró percibe la resiliencia como la capacidad de afrontar positivamente las adversidades para poder seguir adelante, y al mismo tiempo, genera capacidades adaptativas y creativas que favorecen nuestro crecimiento humano y espiritual.

La resiliencia es una cualidad caracterogénica que toda persona necesita desarrollar, porque ningún ser humano puede evitar los traspiés que la vida le coloca delante, pero sí puede poseer la entereza mínima indispensable para levantarse de nuevo, cada vez que resbala y cae.

El poder mágico de la resiliencia reside en el hecho de que es expresión de voluntad, firmeza de carácter y decisión propia; porque la persona con ese atributo se estima, apoya a sí misma, autorreconoce y realiza, pilares en los que se estructura la vida psíquica y espiritual del hombre genérico.

Con apoyo en esas coordenadas teórico-conceptuales, la también Miembro de Honor de la Sociedad Cubana de Psiquiatría realiza un análisis objetivo-subjetivo de la resiliencia, rasgo personográfico que identifica al bardo mayor de la patria grande latinoamericana, y lo convierte —por derecho propio— en un paradigma de la resiliencia, así como en un ejemplo para la humanidad.

Una prueba elocuente de dicha afirmación lo constituye la correspondencia privada que sostuviera con amigos y compañeros de lucha y de ideas, y en las que les revela —sin quejarse o lamentarse— las dolencias del cuerpo y del alma que padeciera hasta el final de su efímera existencia terrenal.

En las páginas de esa gema literaria se describe a la familia de José Julián como laboriosa, signada por la honradez, también se narra la tristeza y ejemplaridad de don Mariano (1815-1877) y doña Leonor (1828-1907), quienes —al principio— no entendían las ideas independentistas de su retoño, pero, al final, sí.

Leonor y Mariano lo incitaron a continuar desbrozando el camino lleno de espinas que José Julián se había trazado desde la más temprana adolescencia.

En el comportamiento cotidiano de los progenitores, tanto el primogénito como las hermanas, descubrieron las virtudes transmitidas a la prole a través de ejemplos concretos y no mediante discursos moralizadores.

De Martí se ha escrito mucho y bueno; pero todavía hay facetas desconocidas de la carismática personalidad del más universal de los cubanos. Este libro intenta destacar una de ellas.

Martí amaba la vida y a las personas (sobre todo, a las mujeres) de una forma hermosa y respetuosa. Era, es y será modelo de sencillez y humildad. Para él, los conceptos amor y amistad son sagrados, porque sirven para sanar las heridas del cuerpo, la mente y el alma.

Tan inmenso era su amor a Cuba, que entregó su preciosa vida por verla libre e independiente de la metrópoli hispana y de la voracidad del poderoso vecino del norte.

Leer esa obra, caracterizada —básicamente— por los sólidos valores éticos, ideo-estéticos, humanos y espirituales en que se sustenta, nos hace más martianos de lo que ya somos.

Desde el punto de vista afectivo-espiritual, nos acerca a ese gran hombre que fuera, es y será José Julián Martí Pérez. «El gran misterio que nos acompaña» —para decirlo con una antológica frase lezamiana—; ya que La resiliencia… deviene un agasajo de la autora a ese cubano inmenso que nos enseñara «que morir por la patria es vivir».

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Publicado Por: Jesús Dueñas Becerra

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