La Habana y yo: una relación afectivo-espiritual

La Villa de San Cristóbal de La Habana cumple 500 años de fundada; por ese motivo, quiero dedicarle este emotivo homenaje a los cinco siglos de esta urbe citadina, a la que amo con todas las fuerzas de mi ser espiritual.

En consecuencia, he decidido utilizar la crónica, género periodístico que se balancea —suavemente— entre el periodismo y la literatura, y que se caracteriza —en lo fundamental— por reflejar desde una óptica objetivo-subjetiva por excelencia, lo que pensamos y sentimos acerca de una persona, hecho o situación que ha dejado una huella indeleble en nuestra memoria poética, independientemente de que nuestra percepción de esa realidad lleva implícitas las huellas digitales (y el ADN) del cronista, ya que lo que escribe le brota del alma, al igual que la música y la poesía.

Ahora evoco, con no disimulada emoción, que cuando tenía 7 u 8 años de edad, mi tía materna Elena Becerra Quintana (EPD) emigró junto con su familia a la capital del país. Yo tenía una estrecha relación afectiva con ella; a partir de ese momento, comencé a decir que yo quería venir a vivir a La Habana, junto con mi tía Elena, el esposo (también fallecido) y los tres hijos. Recuerdo que mis progenitores, Antonio (1915-1987) y María Caridad (1915-2004) me decían: « ¿por qué tú quieres ir para La Habana, si tú no la conoces […]?»

Mi sueño se cumplió a los 13 años de edad, en que pude visitar —por primera vez— a la hoy Ciudad Maravilla, cuya arquitectura, así como la belleza de las calles, los comercios y los habaneros, me embrujó desde que llegué a la carpenteriana Ciudad de las Columnas, y por ende, me enamoré de esta populosa urbe; un amor que ha resistido los embates del tiempo, a pesar de los fuertes contrastes que hoy presenta la capital de todos los cubanos desde todo punto de vista.

En 1974, luego de vencer los más disímiles e inimaginables obstáculos, logré mi propósito: residir y ejercer mi profesión primigenia en el Hospital Psiquiátrico de La Habana, que jerarquizara —hasta agosto de 2003— el comandante, doctor Eduardo Bernabé Ordaz (1921-2006), director fundador de esa emblemática institución de salud mental, quien me acogió como a un hijo intelectual y espiritual. Gracias a Dios y a ese hombre excepcional, que hoy duerme el sueño eterno en un mundo mágico lleno de música, poesía, luz y color, a donde van los hombres buenos que —según el Apóstol— «aman y construyen», he alcanzado lo que nunca pensé que me estaría reservado mientras escribía mi leyenda personal

Vivir, amar, crear y soñar en La Habana me ha proporcionado grandes emociones y reconocimientos de toda índole: soy uno de los cuatro latinoamericanos y dos cubanos que ostenta la condición de Socio Honorario de la Scuola Romana Rorschach; la publicación de mis libros La danza vista por un psicólogo y La danza vista por un crítico teatral. Arte danzario y periodismo cultural, publicados por Ediciones Vivarium, e incluidos en la Librería Virtual del Consejo Internacional de la Danza (CID-UNESCO), del que soy miembro activo gracias a esas dos monografías que me abrieron de par en par las puertas de esa prestigiosa dependencia de la UNESCO en el fascinante campo de la danza, entre otros.

Después de 13 años de jubilado del sector salud, las estadounidenses Revista de Psicología y Estudios Psiquiátricos y Revista Internacional de Psicología e Investigación Psicológica me han designado miembro del Comité Editorial de dichas publicaciones biomédicas.

En 1999, por invitación del P. Marciano García (1934-2017), escribí un capítulo acerca del nivel psicológico de la familia cubana, en un texto dedicado a la célula fundamental de la sociedad insular, y dado a la estampa por Ediciones Vivarium. A partir de esa fecha, me incorporé al Centro de Estudios Arquidiocesanos de La Habana (CEAH), hoy Cátedra de Estudios Vivarium, donde tuve el honroso privilegio de conocer a relevantes personalidades de la cultura cubana: el doctor José Orlando Suárez Tajonera (1928-2008), profesor emérito de la Universidad de las Artes (ISA), el poeta y ensayista Doribal Enríquez (1948-2017), Premio Internacional de Poesía Latin Heritage Foundation, el Prof. M.Sc. Enrique de Cepeda (1945-2018), entre otros que harían interminable esta crónica.

Un párrafo aparte, merecen los vínculos profesionales y afectivo-espirituales que me unen al doctor Eusebio Leal Spengler, historiador de La Habana, a quien conocí en 1997, cuando le remití un artículo sobre el venerable padre Félix Varela Morales (1788-1853), quien —junto a José Martí Pérez (1853-1895) y don  Enrique José Varona Pera (1849-1933)— es una de las piedras fundacionales de la psicología cubana, para que le hiciera una valoración crítica, que —por cierto— fue muy satisfactoria y que conservo con afecto en el «baúl de los recuerdos».

Algunos años después, la doctora Georgina Fariñas García, Jefa del Grupo UNESCO de Psicoballet y miembro activo de CID-UNESCO, me pidió que escribiera un elogio dedicado a la prima ballerina assoluta Alicia Alonso (1920-2019), y al doctor Leal Spengler, por su valiosa contribución al desarrollo del Psicoballet; elogios que publicaron el Sitio Web de la UNEAC (www.uneac.org.cu) y el Sitio Web de Radio Progreso (www.radioprogreso.icrt.cu), así como el blog www.sicologiasinp.com (Nombres de la Psicología).

Desde 2006, soy miembro activo de la sección de Crítica e Investigación de la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la Unión de Escritores de Cuba (UNEAC), además de colaborador sistemático de varios medios nacionales de prensa, donde ejerzo la crítica artístico-literaria y el periodismo cultural.

Por último, y no por ello menos importante, son las dos décadas que llevo colaborando con la nonagenaria Radio Progreso, la Onda de la Alegría, donde he recibido grandes satisfacciones desde los puntos de vista profesional y personal, y he establecido —al igual que en la UNEAC— no solo sólidas relaciones de tipo intelectual, sino también afectivo-espiritual.

Cada día me siento más orgulloso de haber adoptado —por derecho propio— la condición de habanero por naturalización, y por residir —desde hace 45 años— en una de las ciudades más bellas de Hispanoamérica.

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Publicado Por: Jesús Dueñas Becerra

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