La unidad e independencia latinoamericana ante la estructura  del despojo

La lucha por una Latinoamérica unida  ha transitado durante siglos de la mano de los libertadores; primero la lucha por la independencia  del colonialismo y en la contemporaneidad,  de los intereses rapaces  tanto norteamericanos como europeos.

Para la posteridad quedó cómo el libertador Simón Bolívar, logró su arraigo en la historia del continente y universal por el modo en que combatió junto a sus huestes al colonialismo español, ganándole territorios para su ideal de la Gran Colombia, haciendo conciencia acerca de los valores de ser soberanos como pueblos, a ello se consagró al lado de valerosos guerreros a lo largo y ancho de Suramérica y visionario respecto al Caribe.

También el Héroe Nacional de Cuba, José Martí proyectó su ideario en nuestro continente en aras de alcanzar la necesaria independencia de la metrópoli española y avizorar las pretensiones de Estados Unidos de apoderarse de estas tierras.

Esa es la historia que en la actualidad, algunos políticos latinoamericanos desdeñan poniéndose al lado de fuerzas mezquinas que menosprecian a los pueblos que, contaron con una época de bonanza en los reconocimientos sociales por parte del progresismo en el poder  durante más de una década.

Si bien, mucha  gente en la etapa progresista de Latinoamérica salió de la pobreza y otros ascendieron a la clase media, nuevamente con el ascenso del neoliberalismo en la región se retrocede en materia de los logros sociales y, observemos esta realidad reciente de la pandemia del nuevo coronavirus donde salieron a la luz, las consecuencias de los desmedidos recortes a sectores tan sensibles como la salud e incluso la desaparición de  ministerios para esa área.

Es en ese sentido, que emerge la necesidad de continuar con la elevación de la conciencia desde la base para ir fomentando con más fervor el ideal latinoamericanista de unidad, por la que  se iba transitando, pero esta vez más conscientemente y valorar en justa medida los verdaderos intereses de las oligarquías nacionales y del propio imperialismo estadounidense con pretensiones de la vuelta a la doctrina Monroe y la teoría del patio trasero.

Y es que ante  la estructura  del despojo de los recursos naturales de nuestros países previstas por los representantes de los oligarcas a nivel mundial, hay que anteponer, no sólo el derecho a la defensa de lo nacional, sino luchar por esa integración  a favor de la propia esencia del pensamiento martiano en su obra Nuestra América, donde expone con claridad que solo con la unidad es posible combatir el embate de los poderes imperiales.

Sin una identidad latinoamericanista, las vulnerabilidades son más posibles; no resulta obra de la casualidad el golpe de estado en Bolivia, fraguado desde Estados Unidos y avalado por la Organización de Estados Americanos acaso duda alguien que ese  golpe en el Estado Plurinacional   tuvo  ribetes color del litio y que la presión sobre Venezuela la avala el hecho de tener reservas  probadas de petróleo, de oro, de agua y otros minerales. En este punto es bueno recordar esta idea d escritor Eduardo Galeano: el subsuelo también produce golpes de estado, revoluciones…

Otra experiencia de Galeano la muestra con esta anécdota: el Che Guevara me enseñó que la Cuba de Batista no era sólo de azúcar: los grandes yacimientos cubanos de níquel y de manganeso explicaban mejor, a su juicio, la furia ciega del Imperio contra la revolución. Desde aquella conversación, las reservas de níquel de los Estados Unidos se redujeron a la tercera parte: la Empresa norteamericana Nicro-Nickel había sido nacionalizada y el presidente Johnson había amenazado a los metalúrgicos franceses con embargar sus envíos a los Estados Unidos si compraban el mineral a Cuba.

 Por eso, resulta tan importante, dar siempre la batalla por esa independencia que tanto ha costado aunque veamos las sutilezas de gobiernos autoproclamados como el de Bolivia,   el de Venezuela, con Juan Guaidó y su asamblea en desacato, los golpes de estado parlamentarios como el de Paraguay y Brasil,  las arremetidas de Estados Unidos contra la República Bolivariana o el surgimiento de  grupos como el de Lima, supeditados a los mandatos de Washington.

La vuelta al neoliberalismo en algunos países del continente americano ha representado el endeudamiento con el Fondo Monetario Internacional, pérdida de puestos de trabajo e inestabilidad económica en todos los órdenes en esas sociedades y con ello serios procesos de corrupción.

Ir a las raíces es elemental, para  nutrirse de la sabia legada, a manera de ejemplo, por intelectuales como Eduardo Galeano, que en su valioso libro Las Venas abiertas de América Latina expone con claridad  intereses neocoloniales de las potencias imperiales sobre Latinoamérica y donde alerta…” Cada vez que el imperialismo se pone a exaltar sus propias virtudes, conviene, sin embargo, revisarse los bolsillos…”

 

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Publicado Por: Laudelina Manzano Bell

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