Los trasnochados pasteles de Trump

Un ángulo posiblemente no estimado por Donald Trump se entrevé en el congreso estadounidense, desde donde los republicanos del senado quieren avanzar en  el juicio político al Jefe de Estado. No se sabe bien en este instante, si es para exonerarlo más rápido o por cansancio de sus extravagancias. Se sabrá.

También asoma  la jefa de la cámara baja, Nancy Pelosi, quien aludiendo a la confrontación Washington-Teherán expuso: «Estoy siguiendo de cerca la situación» (…) «Debemos garantizar la seguridad de nuestros militares, lo que incluye terminar con las provocaciones innecesarias de la Administración y pedir a Irán que cese su violencia. Estados Unidos y el mundo no pueden permitirse una guerra«.

Es cierto, aun cuando pedirle a los persas pasar por alto el asesinato de su general más estimado, es demasiado e inútil. Igual resulta demandar a la Pelosi con exceso no colocar en la misma bolsa al agresor y a la víctima. Entre factores muy evidentes porque con el ataque a dos instalaciones bélicas estadounidenses en Irak, Irán mostró mayor altura que la de la Casa Blanca. Ante todo porque advirtió desde el inicio que serían sitios militares el posible blanco y debido al alerta emitido antes de acometer ese primera riposta, al llamar a las autoridadesiraquíes advirtiendo sobre el acto.

Con ello mostraron respeto hacia la soberanía de ese país y, al mismo tiempo, permitieron que,alertados los norteamericanos, pudieran evacuar esos sitios y evitar bajas. Postura de contenido humano y ético que no se le pueden atribuir a EE.UU. pero iluso suponer que en cada caso probable  actúen de igual forma.

El líder religioso Ali Jamenei ha planteado que «la presencia corrupta de Estados Unidos en Medio Oriente” debe concluir. Washington está forzado a medidas cautelares en las 800 bases que tiene en todo el mundo, gran parte de ellas en la zona. Cuando el primer ministro de Irak, Adil Abdul Mahdi, considera quela actual crisis puede suscitar una guerra en la región y expandirse a todo el mundo, valora con tino las amenazas surgidas de una aberrante determinación imperial.

En lo que respecta al clima dentro del aparato legislativo estadounidense, destacan los criterios  sobre la legalidad y pertinencia de haber asesinado al general iraní Qasem Soleimani. Una especie de controversia jurídica está ocurriendo para determinar si es un acto de guerra o, como alega la administración Trump, es una represalia contra “un terrorista”.

Colocar a una figura de esa talla, (le dan equivalencia similar al vicepresidente Mike Pence), reconocido por su accionar contra el Califato Islámico, al nivel de quien capitaneara a esos extremistas, es insultante y, en el marco de consideraciones de distintos congresistas, carece de fundamento verosímil, es desproporcionada y temeraria. Se ejecuta en territorio ajeno con alguien invitado por el país donde fue abatido.

El demócrata Adam  Schiff, presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, desconfía de lasupuesta información de inteligencia que justificaba el asesinato. En tanto, no es corta la apreciación sobre la falta de límites incrementada por Trump.

La era que entronizar George W. Bush, al crear un  compendio de atribuciones  para ejecutar dentro y fuera de Estados Unidos, bajo una hipotética “lucha contra el terrorismo” permitió licencias inadmisibles con ejecuciones extrajudiciales fuera de orden, sobre todo en el exterior, con cárceles secretas o muy repudiadas, tal la de Guantánamo, y acciones punitivas inaceptables, entre ellas las invasiones de Afganistán e Irak, después Libia, largas guerras sustentadas en mentiras y auto atribuciones mesiánicas.

Trump, con una acción, concebida, casi seguro,para alejar de los focos sus problemas,  hace que EE.UU. entre en un resbaladizo terreno que arrastra al mundo a situaciones apremiantes y dilata las de por sí amplísimas prerrogativas que se conceden para actuar contra los demás.

Esa especie de caballerosidad asumida por Irán en su primera riposta, no tiene por quérepetirse ni ser tan inocua en otro momento. Nadie sabe cuál será el próximo paso ni cuán larga puede ser la caminata. En ningún caso será amable, incluso si las derivaciones internas para Trump, no son tan feas cómo es posible suponer, dado el rechazo que suscitan en el Medio Oriente, posible escenario de confrontaciones, o dentro mismo de EE.UU. donde el horno no parece estar apto para buenos pastelillos.

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Publicado Por: Elsa Claro

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