María Antonia Castro Bustamante: escribir y dirigir mi cuasi única razón de ser

Dialogar con la escritora, periodista, realizadora y publicista, María Antonia Castro Bustamante, directora de espacios radiales de la nonagenaria Radio Progreso, deviene un placer inefable desde todo punto de vista. Máxime cuando mañana 22 de agosto es el Día de la Radio Cubana, y ella es una mujer llena de ese éter que es sonido para ver.

Mi interlocutora es Licenciada en Historia por la Universidad de Oriente y Máster en Comunicación Social por la Universidad de La Habana. Es miembro activo de la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC), y de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC).

María Antonia ama con pasión la literatura y la dirección radial; medios artístico-técnicos en los que ha escrito —con letras indelebles— su leyenda profesional y personal.

¿Cuáles fueron las motivaciones fundamentales que la llevaron a incursionar en el campo de la literatura, así como en la dirección de espacios radiales?

Comencé el curso de Dirección de Programas al mismo tiempo que mi cuarto año de Licenciatura en Historia en la Universidad de Oriente. En ese curso, habían matriculado los colegas que se preparaban para dar inicio a las transmisiones de la emisora Radio Grito de Baire, de Contramaestre.

Dicho curso coincide en tiempo con la culminación de mi licenciatura y me incorporo a la vida laboral en esa emisora territorial, donde se exige que los directores sean, a la vez, productores y guionistas de sus programas.

Por lo tanto, me interesé —desde el primer momento— en las dos cosas: escribir y dirigir; ejercicio simultáneo que ayudó mucho a mi formación profesional. Lo que significa que, en mi casi tres décadas de labor en este potente medio de comunicación, he ido perfeccionando mi estilo de trabajo. He tenido presente las enseñanzas de mis excelentes maestros, en quienes descubriera el conjunto de valores éticos, ideo-estéticos, patrióticos, humanos y espirituales que estructuran la personalidad de un auténtico profesional de la literatura y la radio. Y le confieso que me resulta en extremo difícil (por no decir imposible), dejar que alguien escriba alguno de los programas que dirijo.

Soy obstinada con el trabajo, porque —en ocasiones— dejo al margen el aspecto económico para dedicar tiempo a la superación cultural, sobre todo en las especialidades relacionadas con mis actividades fundamentales (la literatura y la dirección de programas), que devienen mi cuasi única razón de ser.

Tanto es así, que antes de finalizar la Maestría en Ciencias de la Comunicación, cursé los Diplomados de Musicalización en la Radio, de Periodismo, de Asesora Radial y de Promoción y Publicidad en la Radio y la Televisión.

En estos momentos, estoy realizando una investigación que, al concluirla y defenderla ante los doctores que integran el Tribunal Nacional de Grados Científicos, me permitirá obtener el doctorado en Ciencias de la Comunicación Social.

¿Qué representa para usted, como escritora y directora de programas, ser un miembro distinguido de la Onda de la Alegría?

Desde niña, Radio Progreso ha sido la emisora favorita en mi casa y yo nunca imaginé que nacida y criada en el oriente caribeño, llegaría algún día a trabajar en esta emisora. Pero mis sueños se hicieron realidad. Decidí venir a vivir a La Habana y continuar laborando en la radio, no obstante recibir proposiciones de trabajo en la pequeña pantalla.

He trabajado en varias emisoras capitalinas (Radio Cadena Habana, Radio COCO y Radio Ciudad) como directora, asesora, especialista de medios, subdirectora de programación y directora de emisora. Pero siempre con la mirada puesta en Progreso, donde me desempeño desde hace más de tres lustros

Departir con personas tan queridas: el maestro Eduardo Rosillo (1927-2014), Premio Nacional de Radio, y hasta dirigir sus programas; la M.Sc. Caridad Martínez, Premio Nacional de Radio; Alberto Luberta (1930-2016), Premio Nacional del Humor y de Radio; Tony Lama; Víctor González y Lilia Rosa López, Premio Nacional de Radio, ha resultado muy gratificante para mí.

En la decana de las emisoras cubanas, dirijo programas que ya cuentan con más de treinta años: Tríos en la noche y Perspectiva, también otros con menos años en el aire: La Recta Final y Entre ustedes y Nosotros. También he dirigido: Clásicos de Siempre, Un domingo con Rosillo (desaparecido del éter después de la jubilación del laureado locutor por enfermedad), La Discotecadel ayer, La Discoteca Popular, A Primera Hora, RP-Noticias, Bolereando y el Noticiero Resumen.

A cada uno de esos programas he tratado de imprimirle un sello muy personal. Siempre he respetado la intención de sus fundadores y he tenido muy claro la audiencia potencial de la emisora, que es la familia en general, y el tempo característico que la distingue del resto de las emisoras del país.

De las muchas anécdotas, vivencias y experiencias registradas en su archivo mnémico, ¿podría relatar alguna que le haya dejado una impronta en la mente y en el alma?

Tengo muchas cosas que contar sobre lo que he vivido en la radio durante tantos años, pero solo mencionaré una: en mis inicios en Radio Grito de Baire, el Director Provincial, quien todavía trabaja en el medio, pero en otras funciones, llega un día a la emisora y pregunta « ¿Dónde está la “bolerona”?», para referirse a mí. Eso me puso a pensar si lo que yo estaba haciendo era correcto, porque —contradictoriamente— mis programas de entonces tenían muy buena audiencia. Y recibo la aclaración oportuna de él, quien me dice: «Es difícil encontrar a una realizadora joven que le guste tanto la música tradicional como a ti». Mi alma volvió a su lugar. Solo me comprometí a seguir defiendo la música con la que había crecido y creo que estoy cumpliendo mi promesa.

Hago con mucho amor y pasión (dos caras de la misma moneda), el guión de Bolereando y del resto de mis programas, combino las temas de modas que cuenten con calidad demostrada y esos temas de todos los tiempos que constituyen la memoria musical de Cuba y del universo.

¿Algo que quisiera añadir para que no se le quede en el tintero?

Nunca olvidar para quién se trabaja. Nunca olvidar el slogan: «La radio es sonido para ver». Nunca olvidar que, aunque seamos líder en un espacio por asumir la responsabilidad de escribirlo y dirigirlo, no hacemos el programa para autocomplacernos, sino para complacer al oyente. Y, además, para educarlo, ayudarlo a encontrar soluciones y a formar un gusto literario y estético-musical. Yo, personalmente, dejo mis problemas en el hogar y llego a la emisora con todo el deseo de hacer de mi espacio (el que fuere), un verdadero espectáculo radial.

Por último, les recomiendo a los jóvenes revisar de vez en cuando el diccionario para interiorizar el significado de las palabras compromiso, sentido de pertenencia y respeto.

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Publicado Por: Jesús Dueñas Becerra

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