Tocar todos los días es fundamental

El obligatorio cierre de teatros y espacios recreativos a causa de la compleja situación generada por la COVID-19, ha llevado a los artistas de todos los rincones del planeta a encontrar otros escenarios donde compartir su arte, no solo como aliento ante la bruma que abunda por estos días, sino también para mantener viva su obra.

De esta manera, el multipremiado violinista cubano William Roblejo ha usado los llamados «retos» que abundan hoy en las redes sociales, como pretexto para que los jóvenes músicos «aprovechen el aislamiento y le dediquen más tiempo al estudio. Tocar todos los días es fundamental», comenta quien, además, ha participado en Izar banderas, de Emilio Vega y Solo el amor nos salva, con Alain Pérez, temas compuestos al calor del enfrentamiento al nuevo coronavirus.

El también director de Roblejo’s Trío ha convocado en su muro de Facebook a varios instrumentistas, para establecer «un intercambio, una interacción» que mantenga conectados a los músicos. La propuesta consiste en subir un video casero de cada uno, «haciendo un solo de su referente en el mundo del jazz, mostrando así otra forma de estudio en este momento que nos ha tocado vivir».

El músico inició la invitación interpretando un fragmento de Barbizon blues, de Didier Lockwood, en la cual, una vez más, da muestras de su talento, tanto tocando una partitura como improvisando, lo que le ha permitido desarrollar un estilo personalizado dentro del panorama musical cubano. Logra colocar al violín más allá del convencional contexto de la música de concierto, y lo lleva a la música popular y contemporánea.

Aunque la cita fue concebida inicialmente para violinistas, se han sumado, poco a poco, violistas, chelistas y contrabajistas; a la par que cada video se reproduce y comparte cientos de veces. Sorprendido por el evidente poder de convocatoria, Roblejo disfruta cómo músicos de toda Cuba y de otros países responden a su «reto». «Todos muy buenos, talentosos. Hay alumnos, compañeros de profesión, amigos. Esta es una forma de retroalimentarnos».

Quizá la iniciativa del joven compositor tiene detrás su labor pedagógica, imposible de separar de su quehacer musical, amén de las consabidas diferencias entre la música académica y la popular. Roblejo ha sido jefe de cátedra de Cuerdas, del Conservatorio Amadeo Roldán, durante más de diez años. «Todo lo que uno haga con el fin de inspirar y sumar al conocimiento de los alumnos se pudiera decir que forma parte de la enseñanza. Siempre que puedo trato de mostrarles herramientas necesarias para su aprendizaje. Este momento que estamos viviendo pasará, y cuando termine, debemos procurar ser mejores personas y mejores músicos».

 

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Publicado Por: Granma

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