¿Un mal menor?

Discretamente apartado del ruido electoral hasta el momento, Barak Obama aparece aconsejando unidad dentro de las fuerzas demócratas. Cualquiera sea su enfoque de lo por decidir en noviembre en las presidenciales, parece empeñado en evitar algo a todas luces pernicioso entre los candidatos de su partido,  hasta el momento enfrentados inmisericordemente. Eso, claro está, disminuye las oportunidades al elegir un aspirante capaz de combatir con éxito a Donald Trump.

Ese es el objetivo, solo que hasta el momento se están desgastando al desautorizarse unos a otros como si fueran enemigos. Para Obama,  los comicios de este año serán “los más importantes de nuestras vidas, y lo digo después de haberme presentado dos veces a la presidencia. Todos los avances que conquistamos juntos están en juego”, asegura, alertando además: “Cada día que pasa y nos acercamos a conocer el resultado del proceso de primarias habrá fuerzas que intentarán dividirnos y separarnos”.

Ese énfasis en el llamado a establecer sentido de grupo, fue corroborado por la presidenta de la Cámara Baja del Congreso, Nancy Pelosi, quien recién expuso por su parte que “Contrariamente a lo que han podido oír o escribir, estamos todos unidos. Apoyaremos con todo nuestro corazón al candidato, sea quien sea”.

Estas expresiones no son gratuitas. Obedecen, según diversas consideraciones, al temor de ver aumentada la polarización actual, influyendo sobe las preferencias generales y se concluya dañando al personaje que prevalezca en la contienda.

A los efectos prácticos se consideran otras vertientes nocivas pero posibles  de obrar sobre las figuras endisputa. A reserva del cercano resultado en el llamado supermartes, evento del cual surgen una importante cantidad de los delegados que asistirán a la convención demócrata en julio para elegir el candidato definitivo, si se mantiene la ajustadatendencia actual, serán precisas medidas excepcionales y enfoques no menos superlativos.

Suponiendo que se llegue al sexto mes del año con oportunidades similares para las figuras con más seguidores  o que la votaciónde los delegados ganados en el largo proceso de las primarias  sea pareja durante la convención, ello provocaría la actuación de super delegados.  O sea, parte o toda la cúpula del partido demócrata, estará facultada para elegir ellos a quien les representará en los comicios.

Esa posibilidad elitista actuaría contra Bernie Sanders incluso si llega a esa etapa con mayoría. Estos super delegados tienen la capacidad para vetar o darle apoyo a quien consideren con superior potencialidad, o sean de su preferencia, por motivos ideológicos o de conveniencia, dentro de los estamentos del poder a la sombra.

Como es de suponer, en esta ecuación entraría Sanders, quien ya fuera invalidado cuando competía con Hilary Clinton en el 2016, pues el PD la respaldó a ella y él tuvo que abandonar el trozo final de la competencia. Esta situación es susceptible de repetirse y esta vez teniendo de oponente a JoeBiden, quien remontó al ganar con amplitud en Carolina del Sur.

El programa de Sanders es demasiado vigoroso o progresista para los altos ejecutivos y dirigentes demócratas acreditados para el final nombramiento. Eso sucede entre las filas de los delegados o compromisarios (los que se seleccionan en cada estado y después votan por uno u otro personaje en laasamblea con la cual culmina este transcurso conocido como primarias).

Sanders se presenta en calidad de independiente, pero está enmarcado en la competencia demócrata, formación política por la cual figuraría en la torneo  por  la jefatura  del país.  Desata polémica a su paso entre quienes le consideran demasiado liberal o a la izquierda, asustando por ello a las capas altas, tal como entusiasma a las bajas, donde el dominio de las decisiones es escaso.

Una definición sobre cuanto ocurre o está por suceder, la dio AntonGunn,exasesor de Obama y quien dijo en una entrevista: “Bernie debe entender el proceso, que es muy selectivo y detallado” (…) “El Partido Demócrata tiene un partido y es el partido el que decide la nominación, no el público. El público vota por el presidente pero es la gente que está dentro del partido la que decide la nominación”.

Eso es en cuanto a nombramiento. Después es posible se repita el fenómeno, como sucedió con el torneo donde le fue entregada la presidencia a DonaldTrump. Hilary Clinton, ganó los votos populares, pero el colegio electoral dio los suyos a quien ha disparado conflictos diversos en todo el mundo en los últimos años.

En este momento, según pesquisas de algunos diarios estadounidenses, consultando a delegados demócratas de los hasta ahora elegidos, muchos se dicen contrarios a Sanders. En los niveles altos prima, igualmente, ese enfoque.

JoeBiden, favorito al inicio de la justa, tendría que seguir captando afiliados y marcar mejor sus pasos y programa. Es, sin dudas, el predilecto para quienes sí deciden. Luego el camino restante para el senador por Vermont, pudiera liquidarse en breve.

Es lo de menos si Biden lograra no solo la nominación demócrata, sino la posterior competencia por el mando de Estados Unidos. Con los defectos que fueren, su desempeño pudiera ser más decente que el de Trump.

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Publicado Por: Elsa Claro

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