Una travesía saludable por la vida después de los 60

Transitar por la vida después de los 60 constituye, sin dudas  uno de esos privilegios de que gozan las personas en la actualidad y cuya existencia lejos de pasar inadvertida es objeto de investigaciones científicas y programas gubernamentales prioritarios.

Envejecer es un proceso gradual, dinámico, natural e ineludible de todo ser humano donde se producen cambios físicos, es una etapa del ciclo vital en el cual  el deterioro funcional que le  acompaña  puede postergarse con una  diligencia física, mental, social  en implicación activa con la vida.

Tanto así que ya no es habitual considerar viejo a nadie, por ser un término peyorativo y con una insinuación negativa, es más frecuente utilizar las expresiones adulto mayor, tercera edad o anciano, a la vez que estimula a promover el hecho de considerar a la vejez como algo positivo, es decir, la duración de la vida.

Todo ello conlleva a un replanteo de los conceptos de vejez y personas viejas pues ahora vivimos más y somos  relativamente  sanos durante más tiempo con todo lo que esto implica para las infraestructuras sociales, dígase pensiones, transporte, atención social,  y  de salud  que  son incorporadas a los programas estatales encargados  de adaptarlas a las necesidades de los grupos etarios de referencia.

Para los cubanos llegar a las seis décadas de vida y sobrepasarla ya forma parte del resultado de las políticas surgidas desde el mismo triunfo revolucionario cuando educación, salud y  seguridad social  se aunaron en un proyecto para el pleno desarrollo del ser humano.

Si hoy llegamos capaces y lúcidos a  los  60 y  tenemos una expectativa de vida de más de 78 años, vale revisar individualmente el por qué, sobre todo en una determinada generación que desde los primeros años de la infancia contó con todos los requerimientos de un esquema de salud y una atención primaria al nivel de cualquier país desarrollado además, un sistema de educación integral para la mente, el espíritu y la cultura física.

Practicamos libremente el deporte y accedimos a la cultura como asignatura  y  opcionalmente como especialidad en los círculos de interés  y el movimiento de aficionados. Si de algún modo se podría resumir, la nuestra sería: una travesía saludable a la que se incorporan nuevos  y viables elementos. Claro está que de ciertas enfermedades no estamos exentos.

Según la Organización Mundial de la Salud, la población mundial está envejeciendo a pasos acelerados y se espera que desde el año 2000 y hasta el 2050,  los habitantes del planeta  con más  de 60 años se dupliquen, pasará de 605 millones a 2000 millones en el transcurso de medio siglo en tanto,  como  familias estamos aportando cada vez menos hijos.

Se trata de una demografía del envejecimiento en lo individual y poblacional  que continúa generando desafíos.

En el caso de Cuba, la situación No es distinta a la global y aparece  como uno de los países de más alto envejecimiento poblacional en la región latinoamericana y caribeña;  para  el 2050 se prevé sea una de las naciones en el mundo con elevado número de  adultos mayores. En la actualidad tiene diseñadas  las  políticas y acciones para afrontar los retos y dar respuesta a esa  estructura por edad envejecida.

Por otro lado, la mayor de las Antillas labora con los preceptos de que  el envejecimiento poblacional en la nación es un triunfo de la vida sobre la muerte y se parte de una agenda  que chequea periódicamente  el presidente de la república Miguel Díaz Canel, quien señaló  recientemente que la dinámica demográfica es un tema que cada vez adquiere mayor complejidad por ser uno de los que más impacta en la vida presente y futura de Cuba. El avance se muestra por ejemplo, en la creación de condiciones en los hogares de ancianos y casas de abuelos y en otras prestaciones.

Ahora con el enfrentamiento a la pandemia de la COVID-19 la situación se hace más compleja precisamente por ser  un  país envejecido; según información de representantes de  la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), en el 46 por ciento de los hogares cubanos hay al menos un anciano, y   en el 22 por ciento de las viviendas residen adultos solos, de ahí que los efectos del nuevo  coronavirus sars-cov-2 serían mucho mayor; sino se  hubiese trabajado desde mucho antes con estos datos y contribuir a preservar de cierto modo la vida.

Para promover políticas y programas públicos centrados en las personas de la tercera edad y que motiven a estas personas a permanecer activas y cumpliendo con un propósito dentro de la comunidad, la Organización de las Naciones Unidas   proclamó el desde 1991 el Primero de Octubre como Día Internacional de las Personas  de Edad, una  celebración para compartir con nuestros padres o abuelos y apoyarlos en sus decisiones y emprendimientos.

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Publicado Por: Laudelina Manzano Bell

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