¿Y si el viento no se lo lleva?

Históricamente las elecciones presidenciales de Estados Unidos-también  las legislativas-,  despertaron interés generalizado. Las implicaciones eco-políticas, injerencistas o  naturales, tras la II Guerra Mundial, con las ventajas y perjuicios causados por el formato mundo que se diseñó desde entonces y es potenciado a través de la globalización,  mecanismo de integralidad que, con tino y equilibrio, haría posible un entorno más distendido para la naturaleza, incluyendo en ella a la humanidad.

Las de este 2020 tienen dosis añadidas. El New York Times publicaba recién un artículo dando cuenta de que si a cualquiera y en cualquier punto de la geografía planetaria le fuera posible acceder al voto, Donald Trump no resultaría reelegido.

Ficticio por deseable para un amplio segmento poblacional norteamericano y allende ese territorio, o realidad a palpar en un sin número dehechos, resultalamentable que solo competa a 270 personas, de los 538 integrantes del Colegio Electoral, la facultad de elegir. Pocos a nombre de muchísimos.

Ha trascurrido una campaña desigual, con Trump utilizando su posición como Jefe de Estado para proyectarse públicamente, haciendo gala de su experiencia como showman televisivo y con pocos escrúpulos a la hora de mentir o inventar falacias, en tanto su oponente, Joe Biden hizo uso de la prudencia al resguardarse  y al mismo tiempo, fue osado al decretar como pareja de fórmula a Kamala Harris, joven y dinámica, que compensa su talante agrisado de hombre decente.

La gran epidemia de la Covid-19 ha sido el socorrido telón de fondo de este dramático episodio cuando una población profundamente dividida por asuntos ideológicos y raciales  es continuamente bombardeada con mentiras o engañifas lanzadas con insistencia por quien desea seguir alojado en  la Casa Blanca.

Casi en vísperas de la decisión, estaban contagiados con el nuevo coronavirus más de 8,8 millones de personas y el tenebroso registro de una cifra superior a los 227.000 muertos aumenta y va a quedase entre esos records indeseables que bien se pudieron evitar si Trump no hubiera escamoteado la realidad a la población, dejándola a expensas de cuanto se está padeciendo.

Pero él asegura que la prensa magnifica sus culpas por la extensión de la crisis sanitaria y dejarán de insistir en el tema a partir del 3 de noviembre, como si esa fecha ¿mágica? librara a los estadounidenses de seguir bajo el azote de la pandemia y él no tuviera culpa de las proporciones que adquirió. Algoen un trágico veremos pues en las dos últimas semanas hubo hasta 80.000contagios y 1.025 muertes ¡en un solodía! así lo consigna el Covid Tracking Project.

A la desidia primaria al dilatar medidas para el control del problema, sigue diciendo, en medio de las terribles cifras, que  ya pasó lo peor y su hijo menor solo necesitó de un pañuelo de papel para sobrepasar la enfermedad.

Para el  doctor Anthony Faucci y otros epidemiólogos norteamericanos  la pandemia está en un punto de alza  (como lo está en Europa, donde los gobiernos de Francia, Alemania y España, retornaron a las medidas de aislamiento pues como bien afirmó Ángela Merkel, la economía sufrirá más si no se prioriza la salud de quienes la crean.

El influjo de la epidemia anda  tras las razones para que a solo días del martes 3, por encima de 73 millones de estadounidenses hayan votado anticipadamente o por correo.Si el voto fuera directo, en ese resultado estaría el destino del magnate inmobiliario y su empeño en ganar no por vocación de servicio, sino por afán de poderío y un modo para evadirse de los  procesos judiciales que le esperan si cesa su inmunidad oficial.

Pero no es así. Serán los 270 electores extraídos más-menos proporcionalmente de los 50 estados, quienes por encima de la mayoría poblacional, decidan quién, qué y cómo, harán viable o imposible la existencia a las estadounidenses o a quienesen los últimos 4 añosfuera de esas fronteras, fueron víctimas de imperfecciones y una insania política tremebundas.

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Publicado Por: Elsa Claro

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