Yamilé Gómez no te decimos adiós

El lamentable deceso de la locutora Yamilé Gómez, quien acaba de partir al espacio infinito lleno de música, poesía, luz y color, a donde van a dormir el sueño eterno, en los amantísimos brazos del Espíritu Universal, las almas de las personas que, al decir del genio martiano, «aman y crean», es algo que se hace sentir en los corazones de todos los que trabajamos en Radio Progreso.

La conocí cuando comenzó a conducir la revista RP-105. Me agradó su nítida voz desde que la escuché —por primera vez— en ese espacio dominical de la Onda de la Alegría, donde tengo un segmento dedicado a la Salud Mental.

Con el discurrir del tiempo, nuestras relaciones profesionales se convirtieron —como por arte de magia— en sólidos lazos afectivos, al extremo de que, cuando ella estaba preocupada como consecuencia de los tratamientos invasivos de que fuera objeto para combatir la afección maligna que padecía, me hacía partícipe de sus dolores y sufrimientos, en busca de la ayuda psicoterapéutica, que siempre le brindé, en la medida de mis posibilidades reales.

Recuerdo —con no disimulada emoción— la entrevista que Yamilé me concediera por el aniversario 80 de la Emisora de la Familia Cubana, y en la que me habló de «cómo había llegado cojeando, poco a poco de la mano del tiempo», al decir del pensador helénico Annon, al campo de la locución, y consecuentemente, había devenido una profesional de la palabra hablada. Lamento profundamente no haber conservado el texto de esa entrevista, pero perdí la memoria flash en que se encontraba almacenado.

A raíz de uno de los congresos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), salió al aire el programa vespertino Epigramas, donde Yamilé laboró como conductora hasta que —por reajuste de la parrilla de programación— dicho espacio desapareció de las ondas nacionales de la nonagenaria Radio Progreso.

Descansa en paz, Yamilé Gómez, porque has dejado —entre tus colegas y amigos— una estela de profesionalidad, afecto, cariño y respeto durante tu efímera existencia terrenal. ¡Que así sea!

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Publicado Por: Jesús Dueñas Becerra

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