8vo Congreso: compromiso de continuar con lealtad y fuerza

El  pensamiento político del líder histórico de la Revolución constituye uno de los legados más preciados para los cubanos que como única opción decidimos ser libres y soberanos preservando para las futuras generaciones una nación con las conquistas sociales logradas tras siglos de derramamientos de sangre y ofrendas de valiosas vidas.

Cuando restan pocos días para que inicien las sesiones del Octavo Congreso del Partido Comunista de Cuba con las premisas de sostener valores como la Unidad, la Continuidad y la Fe en la Victoria, no obstante al asedio económico, las campañas de descrédito y el azote de una pandemia, nos apegamos a la vigencia de las ideas de quien avizoró para la patria un proyecto social digno e ideológicamente sostenible.

Próximamente, se cumplirán cinco años, de una de las últimas intervenciones del Comandante en Jefe, en el Séptimo Congreso del Partido donde dejó plasmado un sentido mensaje: “Emprenderemos la marcha y perfeccionaremos lo que debamos perfeccionar, con lealtad meridiana y la fuerza unida, como Martí, Maceo y Gómez, en marcha indetenible.”

Enrumbar los caminos siempre con la observancia de los principios heredados de los héroes de la patria, es de las más nobles muestras de respeto y consideración hacia los iniciadores de las luchas por la independencia; así lo vislumbraba Fidel y por eso enfatiza el hecho de prestar atención a los preceptos de aquellos hombres de ideas y de acción.

Imposible sería, pensar en un proyecto de país sin antes apegarnos a las ideas fundacionales de nuestro apóstol, que previó la creación del Partido Revolucionario Cubano como instrumento político necesario para emprender todas las acciones que condujeran a instaurar en la Isla de Cuba “una república justa”, “con todos y para el bien de todos”.

El proyecto martiano era abarcador de las aspiraciones del pueblo cubano una vez alcanzado el triunfo en la guerra. Se trata de “lograr la felicidad de los habitantes de la isla” “una nación capaz de asegurar la  dicha  de sus hijos”, “un pueblo nuevo y de sincera democracia”, “la patria libre”, “la patria una, cordial y sagaz”.

 “La guerra que se ha de hacer para el decoro y el bien de todos los cubanos”, según refiere José Martí, está en el centro de los objetivos programáticos básicos del Partido Revolucionario Cubano y se sustentan en  la preparación, de modo que resulte exitosa  y con ella,  la fundación de la nueva república.

Más de una década de lucha por la unidad del movimiento independentista cubano, llevó al Héroe Nacional materializar la plataforma que permitió proclamar la constitución del Partido Revolucionaria Cubano el 10 de abril de 1892, del mismo que emergió otra importante figura Carlos Baliño,  precursor del pensamiento marxista cubano y quien crea con Julio Antonio Mella el 16 de agosto de 1925, el primer Partido Comunista de Cuba, relevo y continuidad.

El congreso constitutivo incluyó entre los acuerdos la difusión de  las ideas marxistas en la isla en las primeras décadas del siglo 20, los programas de reivindicaciones de los obreros y campesinos, la educación de los futuros militantes del partido y, se propusieron trabajar activamente en los sindicatos, organizar a los campesinos y defender los derechos de la mujer y la juventud.

Para legalizarse bajo el nombre de Unión Revolucionaria Comunista, la organización tuvo que esperar hasta el año 1938  y contra el cual, el  tirano Gerardo Machado desató una cacería despiadada. En 1944 la organización pasa a llamarse Partido Socialista Popular, en esa etapa defendieron desde el parlamento de la época los derechos del pueblo. 

En 1959, con el triunfo revolucionario hubo cambios radicales en el país a favor de la igualdad social, la justicia,  la soberanía nacional y la unidad de las fuerzas combativas del pueblo, todo ello conllevó a un proceso de unificación liderado por Fidel. En 1961 se fusionaron en las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), antecedente para constituir el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC) que a partir de 1965 adopta el nombre de Partido Comunista de Cuba.

A más de un siglo de distancia con un partido unificador basado en las tradiciones de lucha y de reconocimiento a nuestros héroes fundadores llega el Octavo Congreso acompañado  del apoyo del pueblo a nuestro Modelo  social y   para defender sus prioridades.  

Este es el congreso de la continuidad histórica de la Revolución, donde  el papel del Partido adquiere  un reto singular en las condiciones actuales con la responsabilidad de desarrollar una  la labor ideológica   con creatividad, actuar con firmeza y defendiendo convicciones.

Promover los análisis en torno al avance en la aplicación de los Lineamientos, a la implementación del ordenamiento monetario, la planeación estratégica del país  e     insistir en la búsqueda de respuestas a los problemas desde la ciencia y la innovación para incidir progresivamente en el desarrollo socio económico.

El presidente de la República de Cuba Miguel Díaz Canel insistió en reconocer que “Vamos al Congreso a debatir y a proponer soluciones y esas propuestas tienen que estar en concordancia con lo que aspira el pueblo de los debates”.

Estos son tiempos de Patria o Muerte de reafirmación del socialismo y de la construcción de un mejor país a la altura de los hombres y mujeres que pensaron y actuaron denodadamente por “una nación capaz de asegurar la  dicha  de sus hijos”

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Publicado Por: Laudelina Manzano Bell

Periodista de Radio Progreso, que atiende el equipo de redacción del horario despertino para la programación informativa de la emisora de la familia cubana

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