La crisis energética que enfrenta Cuba puso en jaque el desarrollo de la zafra azucarera en Villa Clara, que apenas comenzaba. Los compromisos del sector se han visto afectados, obligando a los productores a buscar alternativas inmediatas para mantener la vitalidad de la industria en medio del complejo escenario.
Ante la situación, las 96 medidas diseñadas por el Grupo Azucarero AZCUBA se convirtieron en la hoja de ruta para las unidades productivas de la provincia. Bajo el principio del ahorro de portadores energéticos, cada central y base productiva ajusta sus acciones para sortear la contingencia sin detener por completo las labores.
En los últimos días, la realidad del sector se palpa en empresas como Perucho Figueredo y Abel Santamaría, en el municipio de Encrucijada; Ifraín Alfonso, en Ranchuelo; y las filiales Carlos Baliño y George Washington, en Santo Domingo. Allí, los trabajadores reescriben su quehacer diario con una respuesta inmediata y creativa.
La inventiva popular rescata técnicas casi olvidadas para garantizar la continuidad. La tracción animal vuelve a los campos, mientras se incentivan producciones alternativas como la elaboración de carbón, raspaduras y melado artesanal, además del aprovechamiento de talleres y carpinterías para sostener la actividad agropecuaria.
Los trabajadores identifican debilidades y potencialidades en cada territorio para generar soluciones desde la base. La emergencia energética retrasó los cronogramas previstos, pero también ha redefinido la lógica productiva de un sector acostumbrado a sortear obstáculos.
En Villa Clara, nadie espera milagros donde sobra sacrificio. La consagración y dedicación de los agroazucareros se impone como la principal fortaleza para resistir la tormenta y mantener viva una industria estratégica para el país.
(Con información de CMHW)
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