Amada Morado: la televisión es mi «mundo mágico»

Dialogar con la primerísima actriz Amada Morado deviene un verdadero privilegio para cualquier profesional de la prensa que ejerza el periodismo cultural, porque Amada no solo es una artista integral, sino también una mujer dulce, cariñosa, que inspira —en quienes tienen el gusto de conocerla y tratarla (como es el caso de este escribidor)— los más nobles sentimientos humanos.

Con apoyo en esas coordenadas artísticas y personográficas, he decidido conversar con la también miembro distinguido de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), para que nos hable de su producción intelectual y espiritual, sobre todo en la televisión; medio audiovisual que entra —sin pedir permiso— en los hogares cubanos.

¿Cómo se despertó en usted el interés por la actuación?

Mi interés por la actuación se despertó en mi adolescencia, cuando escuchaba radio y veía televisión. Me impactaban y conmovían mucho las actuaciones de las primerísimas actrices Verónica Lynn, Maritza Rosales, Fela Jar […] ¡Quería ser como ellas!

Mi familia no asistía al teatro y mis abuelos maternos, quienes me criaban y educaban, según los cánones de la «vieja escuela», querían que fuera maestra o mecanógrafa. Mi madre no soñaba con que su hija sería actriz, ya que —para ella— la actuación era solo para mujeres «ligeras de cascos» [frase popular] o prostitutas.

Pero, era tanta la ansiedad que yo tenía, que me matriculé —con solo 13 años de edad— en un curso de Actuación en la Academia de Arte Dramático […], hasta que mis padres me descubrieron, y me mandaron para la casa de mis abuelos paternos, supuestamente para que me enderezaran, y en consecuencia, renunciara a la idea de ser actriz. ¡Qué equivocados estaban!

En 1959, triunfó la Revolución Cubana, y mi familia decidió marcharse del país, pero yo me negué a partir. Seguía empecinada en ser actriz en mi patria, y comencé a asistir a unos talleres que impartía el maestro Vicente Revuelta en Teatro Estudio; en 1967, el actor Mario Aguirre me pidió que le prestara piel y alma a un personaje en la obra Fiebre de Primavera, del dramaturgo y realizador Rubén Vigón.

¡Tremenda sorpresa me llevé cuando me vi trabajando al lado de la primerísima actriz María de los Ángeles Santana!

¿Cómo y cuándo se produjo su llegada a la escena y a la televisión cubanas?

A los pocos meses de mi debut en el teatro, el Gobierno Revolucionario intervino las salas de teatro privadas, y se creó la bolsa de actores. Entonces, hablé con la primerísima actriz Raquel Revuelta con el propósito de incorporarme a Teatro Estudio. Finalmente, fui aceptada y permanecí en esa emblemática escuela de actuación por más de dos décadas. En 1991, la agrupación se desintegró, y pasé a la agrupación Hubert de Blanck hasta el 2010.

No fue hasta finales de los años ochenta del pasado siglo que se me presentó la oportunidad de trabajar en la televisión, en los espacios Los Bucaneros, Día y Noche y en la teleserie Algo más que soñar, del realizador Eduardo Moya. No obstante, continué haciendo teatro.

¿Podría explicar qué representó para usted el tránsito del teatro a la pequeña pantalla?

Yo siempre escuchaba decir que el cambio del teatro a la televisión era muy brusco; y sí, hay diferencias fundamentales, pero en modo alguno me sentí ajena y extraña, porque a mí me seguía cautivando la actuación. Después de esos trabajos iniciales, llegaron otras proposiciones: Así era entonces, Cuando unamujer y Aventuras.

En 2001, hace exactamente dos décadas, comencé a trabajar en telenovelas: Destino prohibido, Polvo en el viento, La cara oculta de la luna, Bajo el mismo sol, entre otras. La experiencia actoral adquirida en las telenovelas, me sirvió para acercarme a directores de la talla excepcional de Xiomara Blanco, Miguel Sosa, Miguel Brito, Jorge Alonso Padilla.

En el teatro tienes al público en vivo y directo. No hay cortes ni edición. Si te equivocas tienes que resolverlo de alguna manera, como en cualquier programa en vivo de la televisión. En las tablas, recibes inmediatamente el resultado de tu trabajo y la reacción del público.

En la televisión, tienes que acostumbrarte a otra cosa, porque estás grabando con una serie de personas que constituyen un público sui géneris, y en el momento más emotivo, el director puede decir: «corten la escena».

Son maneras distintas de trabajar, de crear […], pero es muy reconfortante cuando sabes que millones de personas te han visto en una noche en algún programa de mucha teleaudiencia.

Mi trabajo se ha dado a conocer más en la pequeña pantalla que en el teatro. Al teatro va un público habituado a ese medio, pero siempre es más reducido, aunque sean miles de personas. En la pantalla chica, te ven millones.

¿Usted ha incursionado en otros medios?  

Además del teatro y la televisión, he incursionado en la radio, y en menor medida, en el cine. Mi trabajo en la nonagenaria Radio Progreso y en Radio Ciudad de La Habana durante varios años me permitió acercarme a emblemáticas directoras de la radio cubana: Caridad Martínez, Carmen Solar y Moraima Osa. Caridad y Carmen han sido laureadas con el Premio Nacional de Radio. Moraima, estoy segura, también lo hubiera obtenido, pero —lamentablemente— la vida no le alcanzó para verlo.

La radio es una escuela enorme, porque tienes que aprender a hablar bien y todo lo tienes que proyectar con la voz. Hay actores que son capaces de imitar 16 voces. Por ejemplo, la primerísima actriz y locutora Marta Velasco era capaz de hacer con la voz a un varoncito de 8 años, una adolescente de 15, o una mujer madura. Y en el cine, he colaborado en algunas coproducciones. También me agrada el séptimo arte, ya que es un medio transformador.

¿Cómo valoraría el más de medio siglo dedicado a las artes escénicas, a cuyo ético ejercicio se ha entregado en cuerpo, mente y alma en los más disímiles medios de comunicación?

Han sido más de cinco décadas de lucha, de entrega, de búsqueda y de dedicación en cuerpo, mente y alma (como usted bien dice) a las artes escénicas. Recuerdo anécdotas muy gratas en algunos casos, dolorosas en otros, pero me siento bien al saber que pude convertirme en actriz. Eso me produce una gran alegría y satisfacción.

¿Algo que desee añadir para que no se le quede nada en el tintero?

Claro que sí. Más de cincuenta años de vida artística parece un tiempo enorme a veces, pero —en otras ocasiones— parece que fue ayer cuando comenzó mi «aventura», que no ha concluido, en el campo de la actuación. Me falta mucho por hacer, porque solo estoy en la mitad del camino, que es «ancho y lejano, como la pampa argentina».

En ocasiones, me entra cierta desesperación cuando pienso que no me va a alcanzar el tiempo, y debo seguir chocando con formas inadecuadas de hacer, que —en algún momento— tendrán que cambiar […], porque así lo exige la dialéctica de la vida.

Por último, darle las gracias por esta entrevista, y decirle que la televisión es mi «mundo mágico».

Publicado Por: Jesús Dueñas Becerra

Jesús Dueñas Becerra. Ejerce como colaborador la crítica artístico-literaria y el periodismo cultural en varios medios nacionales de prensa, en especial, en la emisora de la familia cubana: Radio Progreso. Su actividad fundamental es la crítica de danza y cinematográfica, así como las artes escénicas y las artes plásticas.

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