El Ballet Nacional de Cuba (BNC) volvió a confirmar que su labor trasciende la técnica y se convierte en un espacio de formación y continuidad, donde la tradición se enlaza con la innovación; máxime si se trata de homenajear a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) por su cumpleaños 65, hecho ocurrido en la tarde de este sábado, en la sala Avellaneda del Teatro Nacional (TN).
La UNEAC, organización que desde 1961 aglutina a lo más genuino del arte y la literatura cubana, ha sido clave en muchos procesos de democratización cultural, tal y como ha hecho la escuela heredera de la visión pedagógica de Fernando Alonso (1914-2013), Alicia (1920-2019), y Alberto (1917-2007).
No por gusto, previo al programa concierto, Yuris Nórido, vicepresidente de la UNEAC, ponderó la estrecha cercanía de los pilares del BNC con el Poeta Nacional Nicolás Guillén (1902-1989) y la naciente organización, «no como figuras meramente honorarias -aunque merecían ya todos los honores-, sino desde el trabajo, el compromiso y el aporte esencial a la vida de la organización, a sus debates y a sus espacios de diálogo».
Destacó que esa ha sido una relación extraordinariamente fecunda, a tono con la idea de Fidel Castro (1926-2016) en torno a la unidad; mantenida en la actualidad, donde la sede de 17 y H sigue siendo espacio para debatir sobre el lugar del ballet y de la danza en la cultura cubana, su proyección artística y social, los procesos de formación de los bailarines y las transformaciones de la creación coreográfica.
El periodista y crítico de arte, recordó que la UNEAC acompañó y estimuló muchas de las obras y trayectorias que enriquecieron la danza; y creadores como las llamadas cuatro joyas del ballet cubano -Josefina Méndez (1941-2007), Aurora Bosch, Loipa Araújo y Mirtha Plá (1940-2003)-, otras primeras figuras, Alberto Méndez, Iván Tenorio (1941-2014), Gustavo Herrera (1946-2016), Miguel Cabrera, Salvador Fernández (1937-2024), Ricardo Reymena, entre otros tantos, recibieron reconocimientos de la organización.
Por si fuera poco se han sucedido numerosos Premios Villanueva de la Crítica, Premios UNEAC de Coreografía e Interpretación, Premios Lorna Burdsall y otros galardones otorgados a artistas y espectáculos del BNC.
Tanto Bosch como Araújo encabezaron la sección -hoy Asociación- de Artes Escénicas de la institución; dijo Yuris Nórido, destacando que, desde allí, «participaron activamente en el análisis de los problemas de la creación y de la vida cultural cubana, en una etapa particularmente intensa de intercambio entre las diferentes manifestaciones artísticas».
Durante seis décadas y media, hemos compartido preocupaciones, debates, proyectos y sueños. Ha sido una relación de ida y vuelta: la UNEAC ha acompañado al Ballet, pero el Ballet también ha enriquecido profundamente la vida de la UNEAC y, con ella, la del movimiento artístico e intelectual cubano, sentenció.
Luego de las palabras de bienvenida, invitó al escenario a Marta Bonet de la Cruz, su presidenta; y Viengsay Valdés, directora de la prestigiosa compañía danzaria, quien recibió de manos de la musicóloga y directiva la distinción Arte Fiel, instituida a propósito de la efeméride y en ocasión del centenario del Comandante en Jefe.
Preservar ese diálogo constante con la UNEAC, no es un plan, ni una directiva, ni un ucase; todo lo contrario; es una deuda con la memoria cultural compartida, tal y como vimos en la gala de agasajo, donde se encontraban presentes, entre otros, Luis Morlote Rivas y Miguel Barnet, expresidentes de la UNEAC, y Nereida López Labrada, directora del TN.
Excelencia técnica y proyección internacional, legitimidad crítica y respaldo intelectual; juntas, han demostrado que la danza clásica en Cuba no es un fenómeno aislado, sino parte de un entramado cultural que defiende la autenticidad y la coherencia de un proyecto nacional.
¿Dónde estarían los otros desafíos, que no por ser otros, dejan de ser mayúsculos? ¿Mantener esa alianza viva y dinámica?
Este sábado asistimos a una escena maravillosa de satisfacción mutua, transmisión intergeneracional de un canon que representa a Cuba, un movimiento vivo, clásico y contemporáneo a un mismo tiempo; una deuda saldada con los públicos, el soberano que, más allá del tiempo, siempre brindará el aplauso únicamente merecido.
Lo vimos con jóvenes de la nueva hornada, dos de ellos triunfantes en fecha reciente en escenarios internacionales: Joan Manuel Riera y Greisell Lastre, confirmación de que el ballet cubano es más que técnica depurada: es discurso, es memoria, es identidad; tal como la UNEAC y el BNC: interacción permanente por el legado, la memoria histórica y el futuro.
(Con información de la Agencia Cubana de Noticias)
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