¿Bogotazo en Cali?

Fue en otro abril, el de 1948, cuando la capital colombiana vio aquellas memorables manifestaciones no solo en la capital, extendidas por una década y provocando hechos como la aparición de las guerrillas, ante la impotencia de no lograr por métodos políticos tradicionales, un orden interior y opciones sociales adecuadas.

En la actualidad, un enfoque objetivo de las realidades lleva a considerar que la pandemia mundial afecta a las naciones y la psicología de la gente, pero no es la causa, sino una situación queincrementa malestares previos, sobre todo contra gobiernos abusivos y excluyentes.

En Colombia, sobre todo de inicio, se le achaca al mal enfrentamiento oficial a la Covid-19  la rebeldía existente y no deja de ser cierto, pero las protestas se intensificaron  cuando Iván Duque presenta una reforma tributaria muy impopular.   Luego no es el coronavirus, déjese dicho el detonante.  Desde 2019 a la fecha hubo  dos eventos parecidos y este tercero, es una recarga de insatisfacciones y daños. Uno de los peores, acrecentado,  se retrata en el abusivo poder otorgado a las fuerzas represivas, que en menos de un mes provocaron 50 muertos y una cifra de heridos demasiada alta como para no tenerla en cuenta.

Algo similar, dentro de sus propias características, se vio en Chile, donde ese pueblo se adentra en una opción de cambio, aun cuando, claro, nadie lo garantiza plenamente. En considerable número, fueron  elegidos por la población los candidatos progresistas. Formarán en su variedad notable, el grupo a cargo de redactar una nueva carta magna que finiquite la pinochetista, tan dañina como injusta. El suceso aporta ánimos a una situación que duró demasiado, empobreciendo a tantos.

Probablemente las manifestaciones contra el gobierno de Sebastián Piñera, o contra todo cuanto se arrastra desde la criminal dictadura, protegido por las clases altas, no ocurran hasta tanto no concluya y apruebe el proceso con esa ley de leyes. Aun así, sería un relajamiento de tensiones. La derecha chilena tiene instrumentos para impedir la disminución de sus privilegios. Se sirven de instrumentos como los carabineros y los soldados  sumados a la represión atroz, cegando a jóvenes o violando muchachas. Ese estamento es el heredero del usado por Pinochet para su golpe y la subversión de la tan manipulada democracia. Se debe considerare el extremo de que hasta, cesado el régimen, siguieronsubsistiendo sus normas y perversiones.

Lo actuales acontecimientos en Colombia, sin ser idénticos, mucho se parecen, tal como son similares otros movimientos de inconformidad ciudadana basados en los daños del modelo neoliberal y lasirregularidades que llevan a tanta desigualdad e insolvencia para las mayorías.

Los colombianos tienen un sustrato adicional, o básico,  en las derivaciones provocadas por una muy larga confrontación civil. Los acuerdos de paz pudieron servir para enmendar situaciones diversas, pero se han vulnerado oprobiosamente, usando el desarme de las guerrillas y su reincorporación a la vida civil, como recurso para aniquilar tanto a los ex combatientes como a los activistas sociales y oponentes políticos. Colombia tiene un record sangriento en cuanto a la aniquilación física de estas personas, pero quien debiera verlo  no lo aprecia ni denuncia.

En su lugar Estados Unidos coloca como ejemplo imitable el de la administración colombiana y la erige en plataforma de ataques contra la estigmatizada Venezuela.

Es algo que lleva a diversos problemas. Al interior, permite el incremento de la corrupción y de otras irregularidades favorecidas y financiadas por el autoproclamado que pocos deseanya evocar. Quien favoreciera un frustrado magnicidio, los atentados contra la infraestructura venezolana o los operativos armados  en la frontera con Colombia, todavía activos, ese tipo, digo, ya no costa entre los invitados  en algunas mesas de lujo,  y deja tambaleante  el empeño por impedir un buen desempeño y avances para los bolivarianos.

Fuera del ultraje fratricida contra Venezuela, Colombia sirvió de plataforma bélica norteamericana en Latinoamérica. Bases supuestamente destinadas a la lucha contra el narcotráfico (jamás disminuyó), y otros motivos escasamente creíbles, pero muy amenazantes se establecieron por Washington y siguen coleteando desventuras poco soberanas.

Al actual presidente no se le ocurrió cambiar nada de eso. Ni un poquito. Se la achaca su inoperancia y actuar según le indica Álvaro Uribe, quien al inicio mismo de las protestas propuso usar la fuerza para neutralizarlas. Que se haya hecho y continúen empleando una violencia exagerada, da cuenta de cómo el ex mandatario sigue influyendo. También hay un malsano resurgimientodel paramilitarismo, una de las estrategias para dividir fuerzas o potenciar las del ejército, pero sin leyes ni freno.

La fiebre de estos enfermos es altísima.El mal que padecen no tan múltiple como sí focalizado en proteger y ampliar los intereses y privilegios oligárquicos a los cuales pertenecen y amparan estos mal gobernantes.

Y como en todos esos asuntos el de ordeneconómico tiene preponderancia, es necesario poner sobre la mesarealidades como el empobrecimiento y ruina del campo colombiano, cuya trayectoria agrícola fue preponderante y no solo por cultivar café y coca.

Desde que fuera suscrito un tratado de libre comercio con Estados Unidos, ocurrió algo como lo registrado en México. El politólogo Noam Chomsky  anticipó lo después ocurrido cuando hizo la advertencia: resulta imposible que los campesinos, (en ambos casos), pudieran competir con los granjeros norteamericanos, subvencionados, con avanzados recursos técnicos y, además, usando mano de obra barata con los temporeros latinos.

Colombia perdió la suficiencia alimentaria, y hoy apenas tiene 7% de sus tierras feraces cultivadas, en tanto, importa 12 millones de toneladas de alimentos cada año. Que haya campesinos  sumados a las protestas actuales y estén repitiendo así sus anteriores marchas para exigir derechos, refiere este otro malestar y las urgencias acumuladas en ese y otros sectores.

En vil maridaje, andan pobreza y hambre crecientes, mientras aumentan los privilegios para la banca, las dispensas impositivas a favor de las multinacionales y los avances en las privatizaciones en salud yeducación, el despojo de territorios, precarización de la vida social y cultural, llevando a los extremos la exclusión y la desproporciónentre los colombianos.

Son muchos menoscabos y desbalances coincidiendo, dando vida a esa especie de insubordinación popular en Colombia. Para unos cuantos, la actual batallapudiera derivar hacia  acciones que resquebrajen los cimientos del neoliberalismo. Puede ser y puede que no. Es algo que no depende solo de los colombianos.

Elexabrupto ciudadano contra los pilares de la élite colombiana, se alimenta de la ferocidad con la cual actúan las fuerzas “del orden” para acallar cualquier reclamo, a través del terror y con apoyo de un aceitado blindaje mediático, complemento necesario para asegurar la inmunidad: los medios locales demonizan las protestas y los internacionales miran para otro lado.

Pese a cuando de pernicioso  existe, hay pequeñas esperanzas en las elecciones del año entrante. Sin confiar en que falle el entramado político existente, pudiera ocurrir una variación dentro del sistema que no será ni tan profunda ni certera, pero, quizás, solo quizás, pudiera conseguir algunos alivios.

Publicado Por: Elsa Claro

Periodista, poeta, narradora de altos quilates, que ejerce el ejercicio del comentario de manera cotidiana y de una excelencia de referencia. Su obra poética ha sido reconocida por el poeta nacional Nicolás Guillén desde sus primeros títulos líricos. Actualmente, este Premio Nacional de Periodismo José Martí transmite sus trabajos periodísticos en el espacio En Vivo Directo. Correo: elsa.claro@icrt.cu

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