Carlos Zamora: Escribir es vivir

Dialogar con el poeta, escritor y periodista, Carlos Zamora Rodríguez deviene un verdadero privilegio para cualquier profesional de la prensa, por sus valiosos aportes al desarrollo de la poesía y la narrativa insulares, por los cuales ha recibido varios reconocimientos nacionales y foráneos; entre estos últimos, el Premio Internacional de Poseía Caribe-Isla-Mujeres, el cual motivó esta entrevista.

Miembro de la Asociación de Escritores de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), Zamora Rodríguez es licenciado en Filología por la Universidad de La Habana y se desempeñó durante un buen espacio de tiempo como redactor de la revista electrónica Librínsula, editada por la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí.

Entre los títulos que ha dado a la estampa, se destacan Estación de lassombras (2001), la novela En la mañana viva o tan cercahemos dormido(2012), la noveleta para niños A Puerto Blanco no llegan las lluvias (2012), el poemario Cada día la eternidad (UNIÓN, 2011), la antología El amor como un himno, así como Poemascubanos a José Martí (2008), y el volumen de relatos cortos La noche de Judas (2012)

Los textos poético-literarios de Zamora Rodríguez han sido incluidos en numerosas antologías y publicaciones cubanas y extranjeras.

¿Qué significa para usted haber obtenido el Premio Internacional de Poesía Caribe-Isla Mujeres?

Un premio siempre es un estímulo, y cuando se trata de un concurso internacional, además de su aporte financiero, contribuye a promover al autor y su obra en un nuevo escenario. La publicación del poemario, junto a las menciones otorgadas en el certamen y su distribución […], por instituciones culturales y docentes del hermano país, favorece —sin lugar a dudas— el desarrollo de mi obra en una zona geográfica, donde —difícilmente— pudiera haber tenido lectores significativos.

Por otra parte, el premio propició la visita a Isla Mujeres, un lugar precioso, donde las experiencias artísticas y culturales no están reñidas con el turismo y la actividad comercial, y en la que son evidentes los lazos fraternales que han unido históricamente a ese territorio mejicano con la vecina Cuba, por lo que siempre me sentí casi como en casa.

¿Cuál fue la motivación fundamental que le aguijoneó el intelecto y el espíritu, y lo incitó a participar en ese prestigioso certamen?

Pues, francamente, el azar desempeñó aquí una función determinante. No incursiono mucho en concursos literarios, pero participaba como panelista en el Coloquio de Narrativa, que tuvo lugar en la UNEAC, cuando, casi simultáneamente, una delegación cultural de Isla Mujeres, presentó la convocatoria al certamen poético dentro de su programa de actividades en esa casi sexagenaria institución insular, y al leer las bases, me percaté de que un poemario que escribía entonces reunía justamente esos requisitos. Así que me decidí […], sin pensarlo mucho. Quizás lo precipitado de esa decisión, impidió que albergara muchas esperanzas en un fallo favorable, pero, al parecer, ganó el interés del jurado, que lo escogió de forma unánime.

De las muchas anécdotas, vivencias y experiencias registradas en su archivo mnémico, ¿podría relatar alguna que le haya dejado una huella indeleble?

Este poemario está lleno de esas vivencias, son crónicas poéticas sobre lugares que alguna vez soñé visitar y que determinadas circunstancias permitieron que ocurriera cuando comenzaba a temer que no sería posible. Resulta hermoso confrontar esos sitios descritos en la literatura con la visión propia. He tratado de ofrecer mi versión, mi testimonio, y lo he hecho a través de la prosa poética, porque me parecía lo más natural y lo más cercano a mi fervor. A veces, ha resultado una mirada íntima a sitios que ya han sido sobradamente referidos, otras han sido descubrimientos o pasajes y circunstancias comunes a los cubanos no acostumbrados a viajar mucho.

Puedo contar una anécdota: en el poema dedicado a París hago mención al artista francés de la plástica Robert Delaunay (1885-1941), quien dedicó varios lienzos a la Torre Eiffel. Pero yo solo conocía su obra por reproducciones en libros sobre arte y esa fue la imagen que evoqué cuando escribía sobre esa creación emblemática de la capital francesa. Un tiempo después, visité en Bilbao el impresionante Museo Guggenheim, donde exponían en una sala transitoria una muestra pictórica de la Escuela Surrealista; entre ellas, curiosamente, exhibían el original de Delaunay, dedicado a la Torre Eiffel. Puedes imaginar la emoción que me causó, acaso solo comparable con la que me produjo la contemplación de un original de nuestro Wilfredo Lam en la misma muestra.

Además de cultivar la poesía, usted ha incursionado con gran éxito de público y crítica en el campo de la narrativa, y concretamente, en el género novela. ¿Cuál de esas manifestaciones literarias prefiere y por qué?

No creo que tenga una predilección por uno de esos géneros. Comencé muy joven a escribir poesía, como les ha sucedido a tantos escritores, y en algún momento, sentí la necesidad de contar, de liberar un flujo de emociones para las cuales los márgenes de la poesía me resultaban estrechos, al menos para el tipo de poesía que yo escribo. Y entonces probé la narrativa, y desde entonces, cultivo uno y otro géneros. Alguien ha dicho, de forma muy simpática, que la poesía se escribe con el corazón y la novela con el pulmón. Son géneros exigentes, que demandan tiempo, espacio, y a veces, se solapan, se pervierten y a mí me gusta que sea así. Trato de responder a esas demandas lo mejor que puedo. Ese es mi único compromiso.

¿Algo que desee añadir para que no se le queda nada en el tintero?

Solo decirle que para mí escribir es vivir, y además, agradecerle su proverbial gentileza, colega.

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Publicado Por: Jesús Dueñas Becerra

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