Grettel Morejón: la pandemia ha sido un shock para los bailarines

La primera bailarina Grettel Morejón integra el elenco artístico del Ballet Nacional de Cuba (BNC), Patrimonio Cultural de la Nación, que jerarquiza la primera bailarina Viengsay Valdés. Para cualquier profesional de la prensa deviene un verdadero privilegio poder dialogar con la carismática artista habanera, quien es —además— miembro de la Asociación de Artes Escénicas de la sexagenaria Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).  

Gretel comenzó los estudios académicos de ballet desde hace 23 años, en la Escuela Provincial «Alejo Carpentier», con la maestra Sara Acevedo, y los continuó en la Escuela Nacional de Ballet, con la guía de los maestros Adria Velázquez y Fernando Alonso (1914-2013), entre otros profesores que prestigian el claustro docente de esa institución de enseñanza artística.  

Desde el 2007,  se incorporó al BNC, con la dirección técnico-artística de la prima ballerina assoluta Alicia Alonso (1920-2019), y en el que se mantiene desde hace catorce años.  

Gretel ha sido bailarina invitada del Ballet de Magdeburgo, Alemania, del Ballet Nacional de Perú, del Sofía Festival Ballet en Sofía, Bulgaria, entre otras agrupaciones foráneas.

Además, ha participado en festivales y galas en República Dominicana, Colombia, Ecuador y Chile, y como miembro de la emblemática compañía insular ha actuado en Costa Rica, Egipto, España, Canadá, Colombia, Brasil, Perú, Reino Unido, Francia, Australia, Italia, México, Estados Unidos y China, entre otros países del orbe.

 ¿Cuáles fueron los factores motivacionales que despertaron su atención e interés infanto-juveniles, y en consecuencia, la llevaron de la mano a la danza clásica?

Un vecino, que era bailarín del BNC, me vio y me dijo que tenía figura para bailar. Nunca había pensado en eso, tenía solo nueve años de edad y nada más había visto el ballet por los medios audiovisuales. No sabría explicarle por qué me adherí —como la hidra a la pared— a esa idea […], si realmente no tenía las condiciones exigidas para ingresar a la Escuela Provincial de Ballet «Alejo Carpentier», pero siempre que me decían que no podía hacer algo, lo quería hacer.

Finalmente, pude eliminar esos obstáculos y matriculé en ese centro de enseñanza artística, que —por cierto— es demasiado dura y muy sacrificada, ya que es en extremo rigurosa y prepara al futuro profesional para tener magníficas actitudes y condiciones para la danza. Tuve grandes maestros, quienes me inculcaron el amor al arte danzario y a la humanidad, y en esa bella etapa de mi vida, tuve el privilegio de tener al maestro Fernando Alonso a mi lado. Él  abrió mucho más mi visión del Ballet. No solamente se trataba de pasos y cumplir un rigor técnico, sino de contar una historia a través del baile, además de intelectualizar y espiritualizar la técnica académica, la interpretación teatral y la proyección escénica. Ese es —sin ningún género de duda— uno de los grandes aportes de ese genuino maestro al desarrollo del arte danzario universal […].

¿Qué representa para usted ser bailarina principal de una de las mejores agrupaciones danzarias del orbe?

El BNC fue mi segunda escuela, y además, mi segunda casa. Ahí yo aprendí, tanto de los maîtres, como de los bailarines. Sabía que la Escuela Cubana de Ballet (ECB), fundada por los maestros Alicia, Fernando y Alberto Alonso (1917-2007), posee características únicas e irrepetibles (como sé que le agrada decir a usted), por todo cuanto percibía en las presentaciones, así como en las diferentes maneras de interpretar adoptadas por otras bailarinas, a quienes admiraba. No obstante, cuando tuve mi primera gira como solista, caí en la cuenta de las diferencias, del potencial y de la escuela tan bien pensada que tenemos en la mayor isla de las Antillas. Por esa razón, comencé a admirarla y respetarla todavía más.

Cuando un bailarín insular se enfrenta a cualquier escenario del mundo, todos se dan cuenta ipso facto. No solo por la técnica o la forma que tiene de bailar, sino por la actitud, la verdad y el ímpetu con que baila. Los cubanos no hacemos nada a medias, lo damos todo o no lo hacemos; eso es muy positivo, y por ende, causa muy buena impresión, sobre todo, en los auditorios foráneos.

Ahora evoco algo muy simpático que me sucedió en Alemania, la penúltima vez que me invitaron, ya que me decían: «Gretel, no te cansas de ensayar lo mismo. Lo llevas repitiendo cinco horas».

Eso para mí era normal. Cuando era estudiante, le cerré la puerta del aula a Fernando, y le dije «no te vas hasta que no me salga el paso» y él se quedó hasta que lo logré. Yo me formé y me eduqué así. Nuestra generación pensaba y piensa de esa manera, porque íbamos —y vamos— de frente a todo lo que se nos ponga delante.

¿Cómo definiría la ECB?

En cuanto a la técnica, la ECB está especialmente diseñada para las condiciones físicas y artísticas del bailarín criollo, y para aquella escuela o país que tenga que ver con la fisonomía [o personalidad básica] de la población insular. Tenemos un sistema de entrenamiento y de diferenciación de los pasos, que siempre ha sido mucho más difícil que el adoptado por otras escuelas.

Entre otras cosas de interés, las clases comienzan en horas de la mañana. Tenemos la opción de tomar clases en dos horarios. Luego, le siguen los ensayos, que se dividen en dependencia de los personajes o escenas. Siempre hay una maître encargada de velar por los detalles de la obra. La compañía se diferencia por la calidad que tiene al tratar los estilos clásico, romántico y neoclásico. Para nosotros son muy importantes esas diferencias. No se trata de bailar por bailar, sino contar la historia con apoyo en el estilo en que se desarrolló. Preservamos mucho las versiones coreográficas de la maestra Alicia Alonso, quien era una de las mejores de todas las épocas y todos los tiempos. No encuentro otra versión de Giselle que me guste más y con la que me sienta más identificada que con la que ella hiciera de esa joya de la danza universal. Para mí, la versión cubana de esa obra es la mejor del mundo.

¿Cómo ha afrontado este año y medio de pandemia?

En mi caso particular, he tenido mucha ayuda por parte del coreógrafo y bailarín Pepe Hevia. He participado en tres obras suyas durante este triste periodo: una presencial y dos online. Se trata de un trabajo muy rico, pero muy diferente, porque estamos acostumbrados al contacto cuerpo a cuerpo. Estuvimos trabajando por vídeo y no puedo imaginar que una persona que me observa desde una pantalla pueda compartir conmigo las emociones que genera el ballet, tanto en el artista como en el público.

Alguna compañía se ha mantenido e impartido clases online durante todo ese tiempo, otras han compartido vídeos inéditos de su trabajo. La Ópera de París por ejemplo, comenzó a publicar clases y vídeos de sus puestas en escena. No obstante, estar en casa, la oportunidad de ver ese tipo de materiales te abre al mundo, porque entonces entiendes cómo  buscar vías para mantener al espectador con fe y esperanza para que pueda ver las luces de un nuevo amanecer.

La pandemia ha sido un shock para los bailarines, porque tenemos una disciplina constante. Desde pequeños, nos acostumbramos a ensayar todos los días para hacerlo mejor. Así es como un bailarín alcanza la excelencia artístico-profesional. En el último año, hemos apelado a todo lo que tenemos por dentro y a las experiencias que nos llegaron del BNC en sus inicios.

¿Algo que desee añadir para que no se le quede nada en el tintero?

Claro que sí. A los bailarines que, en un inicio, estaban en la compañía, Alicia los hacia bailar si estaban de gira o en cualquier situación; asidos a  un picaporte de la puerta, ya fuera en un barco o en un avión.

Para ella, era impensable que los bailarines estuvieran sin entrenar. Tanto es así, que —en la actualidad— en nuestras vacaciones no concebimos estar un mes sin bailar. Cada cual ha buscado las vías idóneas para mantenerse sanos, tanto física, como intelectual y espiritualmente. Este es —creo yo—  un momento para sembrar, y después, recoger la cosecha.

Actualmente, hago lo que —por falta de tiempo— no hacía. Estoy leyendo más y aprendiendo algo de actuación, porque sé que cuando la pandemia pase (y estoy segura de que pasará, más temprano que tarde), tenemos que estar fuertes en el escenario, para satisfacer las crecientes necesidades intelectuales y espirituales de los amantes cubanos y extranjeros del arte de las puntas.

Publicado Por: Jesús Dueñas Becerra

Jesús Dueñas Becerra. Ejerce como colaborador la crítica artístico-literaria y el periodismo cultural en varios medios nacionales de prensa, en especial, en la emisora de la familia cubana: Radio Progreso. Su actividad fundamental es la crítica de danza y cinematográfica, así como las artes escénicas y las artes plásticas.

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