Jorge Carpio: la literatura y el periodismo son mis grandes amores

Dialogar cara a cara con un profesional de la prensa de la talla de Jorge Carpio deviene un placer inefable para cualquier colega que haya compartido labores periodísticas con el también editor de la hispana Ediciones La Palma y antologador del libro Alamar, te amo, relatos cortos con marcada proyección erótica, escritos por narradoras insulares.

Carpio es licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana, y fue  durante algún tiempo jefe de turno de la redacción informativa de la nonagenaria Radio Progreso, donde nos conocimos y establecimos una sólida relación, que trascendió lo meramente laboral y llego a nuestras respectivas esferas afectivas.

Carpio es un hombre que se caracteriza —fundamentalmente— por ser poseedor de una vasta cultura general, así como por expresarse con gran fluidez y claridad conceptual; cualidades personográficas que nuestros lectores podrán comprobar de inmediato.

¿Cuáles fueron los factores motivacionales que inclinaron su vocación hacia el periodismo; y con posterioridad, hacia la edición y antologación de los relatos cortos que integran el volumen Alamar, te amo?

El periodismo me llega por la literatura, creo que al revés de la mayoría de los del gremio, y esta por los cuentos que me narraba mi abuela cuando era un niño que aún no sabía leer. Aquellas historias orales, que a la vez ella había escuchado de sus padres y abuelos, me llenaron la cabeza de ilusiones y de una profunda inclinación por las letras. Me fascinaba que me contaran y contar historias. Después choqué con la literatura de autores que a la vez hacían periodismo, como Hemingway y García Márquez, ambos muy publicados y difundidos en la Cuba de mi infancia y primera juventud. Y así fui conociendo a otros que me borraron las fronteras entre ambos medios de expresión. También los exponentes del llamado Nuevo Periodismo, con autores como Truman Capote, Tom Wolf y Josep Mitchell, entre otros. Hasta que entré en la Facultad de Periodismo, precisamente en un momento en que la situación del país comenzaba a agravarse, o sea, en el mismo año de 1990. En medio de la crisis, en la beca donde vivíamos, en F y 3ra, no teníamos muchas opciones para sobrevivir, y una de ellas era leer. Creo que si no hubiéramos apelado a la lectura nos hubiéramos vuelto locos de tanta escasez y necesidad. Simplemente hubiéramos desaparecido como tantas personas que quedaron a lo largo del camino. Pero éramos jóvenes y llenos de sueños y deseos.

Después me gradué y comencé a trabajar en los medios, y a tratar de sobreponerme a la dura realidad de la vida y de la profesión. Por supuesto, además de escribir, también me dedico a la edición, lo cual me hizo, en colaboración con mi amigo Nacho Rodríguez, llevar a cabo un viejo sueño de juventud: editar libros de escritores cubanos que —por disímiles motivos— son poco promovidos, y en consecuencia, prácticamente desconocidos por el público lector. La edición de esa antología es parte de dicho proyecto.

De acuerdo con su experiencia en el sector de la prensa y en la labor editorial que realiza, ¿qué indicadores metodológicos tuvo en cuenta a la hora de seleccionar los cuentos —salidos de la pluma de mujeres narradoras— que configurarían ese texto, el cual ha tenido una gran aceptación por parte del público y de la crítica especializada?

Cuando nos decidimos a lanzar la convocatoria para la antología; Alamar, te amo; tomamos en cuenta varios criterios. Entre ellos, claro está, que fueran textos escritos por mujeres cubanas. Siempre tuvimos la intención de que no importaba el lugar donde vivieran, si habían nacido en la mayor isla de las Antillas o no. Y esto lo tomamos en cuenta, porque la literatura cubana se ha extendido a otros territorios allende las clásicas fronteras geográficas nacionales. Tal es así, que, en algunos de los relatos, las autoras que viven en otras culturas hacen uso de expresiones y giros lingüísticos propios de la norma de aquellas identidades. Y nosotros no lo rechazamos, sino lo aceptamos con beneplácito, porque consideramos que destaca la diversidad de nuestras letras, algo que ya, con la tan cacareada Globalización y el desarrollo de las tecnologías de la información, es una realidad. En la literatura, como en las diferentes actividades vitales, las fronteras nacionales se están haciendo añico. Y creo que para bien, porque forma parte de lo que se conoce como diversidad cultural; y eso, contrario a lo que piensen algunas mentes trasnochadas, es edificante.

De la misma forma, tuvimos en cuenta que los relatos se acercaran a lo que se le ha dado en llamar erotismo, un término tan endeble y caprichoso que aún no se precisa bien donde quedan sus límites. Por lo menos, elegimos aquellos que, de alguna forma, tocaran las relaciones de pareja donde se manifestara el acto de la sexualidad y todas las atmósferas que lo rodean; sin que importara cuan ortodoxas fueran esas relaciones. Simplemente concebimos que el erotismo se halla en cualquier relación entre seres humanos, no importa el sexo que tengan.

De las muchas vivencias, anécdotas y experiencias que le aportara la labor de antologación y edición de esos cuentos que, en ciertas personas con escrúpulos moralizantes, han generado una actitud recelosa por las escenas eróticas que en ellos se describen, ¿podría relatar alguna que, como antologador y editor, le haya dejado una impronta en la memoria poética?

Durante la selección y edición ocurrieron varios sucesos propios del proceso. Ese trabajo es engorroso y delicado, ya que primero tienes que seleccionar, una tarea compleja porque tienes que elegir, y siempre corres el riesgo de cometer errores que puedan lacerar la sensibilidad de los creadores. Te repito, es delicado. Luego viene la parte de la edición donde se negocia con los autores los arreglos y cotejos que llevan los textos; algo también complejo porque muchas veces no están conformes con tus sugerencias, y otras no comprenden o no quieren comprender que de otra forma el texto funcionaría mejor. Debo reconocer que no fue el caso de esa antología. Aquí, las autoras, unas más otras menos, me dieron luz verde. Y eso me hizo más fácil el trabajo. Ahora, cuando ya estaba impreso el volumen, se lo hicimos llegar a una señora que se dedica a la crítica literaria en un periódico canario. La respuesta de ella nos alarmó y a la vez nos llamó la atención al equipo editorial. Se negó a hacer la crítica porque, según sus lecturas, los textos eran mórbidos y machistas. Hizo alarde de conocimiento. Citó a Anais Nim y a Octavio Paz, y disertó sobre el concepto de erotismo que ambos habían patentizado hace más de cincuenta años. En realidad, yo me alegré de que los textos llamaran la atención de esa forma, aunque en ese caso perdimos la posibilidad de que nos hiciera la crítica. A mí me hubiera gustado que la hubiera publicado y dijera todo eso del libro. Creo que le hubiera aportado más atractivo. Pero no lo hizo. Luego pensé que sus criterios no tenían un presupuesto sólido, porque nosotros no somos ni mexicanos ni norteamericanos; y además, esas autoras están escribiendo ahora mismo, en un tiempo en que los antiguos presupuestos teóricos de casi todas las disciplinas han sido adaptados a la época socio-histórica que vivimos. Simplemente vivimos otro tiempo, un tiempo si se quiere más convulso o por lo menos más diverso y dinámico.

Usted considera que Alamar, te amo, deviene una radiografía psicológica y espiritual de la verdadera naturaleza femenina o solo son relatos salidos de la prolífica imaginación de las autoras de ese texto.

A diferencia de otras personas, escritores y teóricos, no creo que la       literatura sea femenina o masculina, al menos la buena literatura. La literatura es una expresión humana y no importa si es escrita por un hombre o una mujer, o cualquier otro género, siempre y cuando funcione. Esa antología está compuesta por excelentes relatos creados por también excelentes narradoras que, a mi juicio, no gozan del reconocimiento que merecen. Pero eso es harina de otro costal. Y claro, esos textos son pura ficción. Pertenecen al imaginario de personas que viven y se enfrentan a una realidad que en la mayoría de los casos es dura, llena de incomprensiones y de tabúes propios del entorno, de la cultura o la tradición. Y ellas expresan esas inquietudes, esas fabulaciones, con oficio, y han apelado al arte del buen contar.

¿Algo que desee añadir para que no se le quede en el tintero?   

Solo decirle que el periodismo y la literatura son mis grandes amores, y además, darle las gracias por esta entrevista. Creo que es justo y saludable que se divulgue la literatura escrita por nuestras narradoras. Ellas, lo tienen más que merecido.

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Publicado Por: Jesús Dueñas Becerra

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