Natalia Herrera: mulata de rompe y raja (+Vídeo)

A través de esta crónica, quiero evocar la sagrada memoria de la primerísima actriz Natalia Herrera Díaz (1923-2018) en el sexto aniversario de su lamentable desaparición física acaecida hace seis años.

Conocí a Naty en el legendario Teatro Martí, donde integró el elenco artístico del Coliseo de las 100 Puertas. Allí compartió el escenario con los primerísimos actores Aníbal de Mar (1908-1980), Mimí Cal (1900-1978), Leopoldo Fernández (1904-1985), el Chino Wong (1935-1978), Alicia Rico (1886-1966), a quien vio exhalar el último suspiro en el proscenio, como era su más ferviente deseo, entre otros.

En ese contexto humorístico por excelencia, desempeñó el papel de la cubanísima mulata; de ahí que la también miembro ilustre de la Asociación de Artes Escénicas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), se autocalificara como una mulata de rompe y raja.

Naty no solo desplegó su arte único e irrepetible en el archipiélago cubano, sino también fuera de las fronteras geográficas insulares, donde se desempeñara —fundamentalmente— como actriz y bailarina amaba con pasión la Rumba, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, en teatros, la radio, la pequeña pantalla, y el cine; medio en el que incursionó —con éxito indiscutible— tanto en el país como en el exterior.

Recibió en vida disímiles premios y reconocimientos por sus magistrales actuaciones en los más disímiles medios nacionales y foráneos de comunicación.

La última vez que vi con vida a Natalia Herrera fue el día que le celebraron el cumpleaños 90, en la escuela primaria urbana Comanante Vilo Acuña, antigua Escuelas Pías de La Habana, sede —desde hace algún tiempo— de la Asociación de Exalumnos de las Escuelas Pías de La Habana y Guanabacoa, que presidiera hasta su fallecimiento el primerísimo actor Rafael Nin Camayd (1945-2020), del integrante del elenco dramático de Radio Progreso y Radio Arte.

En ese ambiente festivo, Naty habló de su infancia, cuando se escapaba del hogar materno para ir a bailar Rumba en el centrohabanero Parque Trillo; cómo ganó cuando era joven el primer lugar en el espacio radial La Corte Suprema del Arte; lauro que  le abrió las puertas de la radio, el teatro, la pantalla chica y el séptimo arte, entre otros medios, donde alcanzara inolvidables triunfos que quedaron registrados para siempre en su memoria poética.

Cuando concluyó su intervención, exclamó con la serenidad y aplomo que la caracterizara en escena cuando interpretaba papeles dramáticos: «cuando me vaya de este mundo, no quiero que me lloren ni me recuerden con tristeza, sino con alegría, porque yo soy una mulata de rompe y raja».

Todavía evoco con cierta nostalgia el documental Mulata de rompe y raja, que transmitiera hace algún tiempo el espacio audiovisual Breves estaciones, y que reseñé para el Sitio Web de la UNEAC.

Al decir martiano, Natalia Herrera cumplió con creces la obra de la vida; por ende, puede mostrarla al cielo con legítimo orgullo.  

   

Publicado Por: Jesús Dueñas Becerra

Jesús Dueñas Becerra. Ejerce como colaborador la crítica artístico-literaria y el periodismo cultural en varios medios nacionales de prensa, en especial, en la emisora de la familia cubana: Radio Progreso. Su actividad fundamental es la crítica de danza y cinematográfica, así como las artes escénicas y las artes plásticas.

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