Nuevos estrenos del Ballet Nacional de Cuba

El Ballet Nacional de Cuba (BNC), Patrimonio Cultural de la Nación, que dirige la primera bailarina Viengsay Valdés, lleva durante dos fines de semana tres estrenos y una reposición a las tablas de la sala «Avellaneda» del Teatro Nacional. El programa artístico incluye la puesta en escena de Otra bella cubana, de la coreógrafa hispana Susana Pous, con música de la vocalista Alfonso y diseños del artista Guido Galli.

Con la utilización de elementos autobiográficos, el ballet desarrolla la historia de la coreógrafa, que nació en la península ibérica, ha escrito su rica leyenda profesional y personal en el campo de la danza insular, y se considera a sí misma «cubana por naturalización».

La emblemática compañía también interpreta por primera vez Ballet 101, con coreografía del artista canadiense Eric Gauthier, sobre una banda sonora del maestro Jens-Peter Abele. El tema central de esa obra gira alrededor de un «curso acelerado de ballet», que parte de las cinco posiciones básicas y extiende las posibilidades expresivas y yoicas del bailarín.

En el primer tiempo se muestran dichas posiciones, y en el segundo, se combinan al azar para crear una coreografía…, que sorprende, y al mismo tiempo, agrada al público por su sólida factura estético-artística. 

El tercer estreno, A fuego lento, del coreógrafo brasileño Ricardo Amarante, con música de los maestros Lalo Schiffrin, Astor Piazzolla, Carlos Gardel y S. Kosugi, revela cómo crecen los primeros sentimientos de amor y deseo erótico en el «soberano de la creación».

Se incorpora, además, la reposición de Concerto DSCH, con coreografía del artista ruso americano Alexei Ratmansky, y música del maestro ruso Dmitri Shostakovich (1906-1975).

Dicha obra está inspirada en la música del ilustre compositor euroasiático, basada en las sugerencias y emociones que provocaran en el intelecto y en el espíritu de Shostakovich esa partitura que —según sus propias palabras— «es un fiel reflejo del optimismo, la alegría e idealismo de una generación». Para un coreógrafo, el concierto es un reto muy estimulante por el contraste entre los disimiles estados anímicos que desencadena, en la esfera afectivo-espiritual, el carácter marcial del primer movimiento, el melancólico lirismo del segundo y la perturbadora vivacidad del tercero.

Lo primero que llama la atención de los fieles seguidores de la prestigiosa compañía y de los colegas de la prensa especializada que cubren esas funciones, es que las primeras figuras, solistas y miembros del cuerpo de baile poseen —como diría el poeta, escritor y dramaturgo granadino, Federico García Lorca (1898-1936)— «[…] duende, que quiere decir tocado por el ángel de la gracia [o de la Jiribilla, según el poeta y novelista José Lezama Lima, 1910-1976], para vibrar siempre en el amor [a la danza], con toda la intensidad propia de la belleza». «Duende garcialorquiano» o «Ángel lezamiano de la Jiribilla» que, en el lenguaje técnico-académico de la danza, se denomina integralidad artística, percibida por el genio único e irrepetible de la prima ballerina assoluta Alicia Alonso (1920-2019) como el completo dominio —por parte del bailarín— de todos los géneros y estilos en que se sustenta el «arte de las puntas».

Desde el proscenio del coliseo capitalino, los danzantes —con sus magistrales interpretaciones— le sugieren al público que hay procesos y acontecimientos que solo se le revelan al ser humano a través de esa capacidad de elevadísimo rango, que la Psicología —disciplina de las neurociencias y las ciencias sociales— define como estimación, y que le facilita al homo sapiens conocer —con mayor profundidad— los procesos de creación y percepción de la obra danzaria, lo visible y lo invisible, es decir, percibir con nitidez las cosas que simbolizan fuerzas espirituales superiores, que solo son cognoscibles por los sentidos espirituales y por la esfera afectiva; de ahí, que los bailarines conviertan los sentimientos y emociones en movimientos corporales, condicionados no solo por el pleno dominio de la técnica académica fusionada con la interpretación teatral, sino también por la sensualidad, gestualidad y acendrada cubanía; rasgos que —desde la vertiente psicológica— configuran la carismática personalidad de los artistas insulares.

Por otra parte, los movimientos corporales constituyen —por derecho propio— uno de los indicadores fundamentales en que se estructura la danza contemporánea; género cuyo dominio técnico-expresivo por parte de la bien entrenada troupe de Viengsay Valdés evidencia —una vez más— la excelencia artístico-profesional que identifica, en cualquier escenario del planeta, a los integrantes del BNC.

Por último, los miembros de la agrupación, tan cubana como universal, sienten la acuciosa necesidad de tener en cuenta el movimiento, que en la danza —como en las demás artes— existe como una relación hacia, desde y con el cuerpo-instrumento, que —al no reducirse solo a lo físico— requiere estar afinado; o con otras palabras, que la tríada cuerpo-mente-alma se encuentre en perfecta armonía o en óptimo equilibrio bio-psico-socio-cultural y espiritual (la indisoluble unidad de la personalidad humana). 

Me parece oportuno destacar el hecho de que esas funciones, protagonizadas por los jóvenes integrantes de una de las mejores compañías del orbe, acarician «con la suavidad de la seda» —al poético decir del genio martiano— el intelecto y el espíritu del «respetable». 

Publicado Por: Jesús Dueñas Becerra

Jesús Dueñas Becerra. Ejerce como colaborador la crítica artístico-literaria y el periodismo cultural en varios medios nacionales de prensa, en especial, en la emisora de la familia cubana: Radio Progreso. Su actividad fundamental es la crítica de danza y cinematográfica, así como las artes escénicas y las artes plásticas.

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