Rafael Lay Apesteguía: cuatro décadas de su desaparición física

En el contexto de los aniversarios 61 de la constitución de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y 40 del lamentable deceso del maestro Rafael Lay Apesteguía (1927-1982), quiero evocar la sagrada memoria de uno de los más ilustres miembros fundadores de la Asociación de Música de nuestra sexagenaria organización.

A los 12 años de edad, en su natal Perla del Sur, Lay Apesteguía se incorporó a la Orquesta Aragón; agrupación charanguera de la que —a los 21 años— fue nombrado director cuando su fundador, el maestro Orestes Aragón, tuvo que abandonar dicha responsabilidad por motivos de salud.

Desde ese momento, la Charanga Eterna comenzó a imponer el sonido Aragón, en el pentagrama caribeño y universal, como resultado de las suaves caricias que Lay Apesteguía les imprimía a las cuerdas de su violín; sonido que fue adaptándose a los demás instrumentos de cuerda (piano y violines), viento (flauta) y percusión (tumbadora, güiro y pailas), que configuran una orquesta típica, unido al perfecto empaste de las voces que identificaban —e identifican— a la Reina de las Charangas Cubanas.

Conocí personalmente a Rafael Lay Apesteguía, en febrero de 1959, en un baile que amenizaron los «estilistas del cha cha cha» en el hoy municipio cienfueguero de San Fernando de Camarones. No obstante, ya les seguía los pasos a los «aragonísimos», como los califica la maestra Carmen Solar, Premio Nacional de Radio, y Artista Emérita del Instituto Cubano de Radio y Televisión desde que se presentaran ante las cámaras de CMQ Televisión, en el gustado espacio El Show del Mediodía, que animaba y conducía el primerísimo actor, laureado locutor y periodista cultural, Germán Pinelli (1907-1996). Dicho espacio audiovisual vespertino estuvo en el aire hasta 1967 en que desapareció de la parrilla de programación del antiguo Canal 6 (Instituto Cubano de Radiodifusión), y donde la Orquesta Aragón alternaba con la Orquesta de Fajardo y sus Estrellas.

¡Un verdadero show las encendidas polémicas —preparadas para la ocasión, según me confesaron, posteriormente, Lay y Pinelli— aquellas que entablaran el director de la Orquesta Aragón y el genial profesional de la palabra hablada!

Entre el eminente violinista y el autor de esta crónica se estableció una relación afectiva, que se mantuvo incólume hasta que un accidente automovilístico nos privó para siempre de su talento, caballerosidad y demás virtudes que lo caracterizaran en vida, no solo como músico, sino también como padre, esposo y fiel amigo. ¡Gloria eterna a la memoria del maestro Rafael Lay Apesteguía, cuya alma noble y buena duerme en paz el martiano sueño de los justos!

Publicado Por: Jesús Dueñas Becerra

Jesús Dueñas Becerra. Ejerce como colaborador la crítica artístico-literaria y el periodismo cultural en varios medios nacionales de prensa, en especial, en la emisora de la familia cubana: Radio Progreso. Su actividad fundamental es la crítica de danza y cinematográfica, así como las artes escénicas y las artes plásticas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Diez − 5 =