Raúl Füillerat Alfonso: psicólogo y comunicador único e irrepetible

A seis años de su partida física, quiero evocar —a través de la última entrevista que le hiciera en vida— la memoria del M.Sc. Raúl Füillerat Alfonso (1950-2015), investigador y profesor titular (postmortem) de la Universidad de  La Habana, quien se dedicara por entero al ejercicio ético de la psicología y la comunicación social.

Mi interlocutor incursionó con éxito, tanto en la radio, como en la pantalla chica; medios en los que dejó un recuerdo imborrable en la mente y en el alma de los radioescuchas y televidentes que seguían sus acertadas orientaciones para crecer desde todo punto de vista y mejorar su calidad de vida.

A Füillerat Alfonso y al autor de esta entrevista los unían —y los seguirán uniendo— indestructibles lazos afectivo-espirituales, porque tuve el privilegio histórico de ser su maestro y el orgullo de que el discípulo aventajara, con creces, al maestro.

Una de las últimas veces que lo vi lleno de energía positiva y de amor a la vida fue en la revista informativa RP-105, a donde fuera invitado por el colega Teodoro Herrera Acosta, director de ese espacio dominical, para que hablara de una de sus grandes pasiones: la martiana ciencia del espíritu. En ese contexto, intercambiamos criterios y puntos de vista acerca de cómo vivir con mucha más salud corporal, psíquica y espiritual.

En esa ocasión, relató cómo comenzó a ejercer la psicología; profesión que le enriqueció el intelecto y el espíritu, y además, le dio pleno sentido a su existencia mientras estuvo entre nosotros. Y cómo esa disciplina de las ciencias neurales y sociales le sirvió a mi colega y amigo del alma de referente teórico-metodológico y ético-humanista para dar un salto cualitativo a los medios de comunicación social, donde se convirtió —por derecho propio— en uno de los mejores comunicadores en salud de la radio y la televisión insulares.

El trabajo serio y responsable desarrollado por él en los medios obtuvo sus frutos: que se le reconociera y se le respetara como lo que  era: un psicólogo que, caracterizado por la integralidad,dedicó más de tres décadas de su fecunda vida profesional a curar a los pacientes con afecciones psíquicas en los niveles primario, secundario y terciario de atención. Así como a la investigación científica en los institutos de Nutrición e Higiene de los Alimentos y de Higiene, Epidemiología y Microbiología, y a formar a los futuros psicólogos que construirán un mundo mejor, presidido por el amor, la paz y la solidaridad humana.

¿Cómo usted percibe la ciencia del espíritu?

Primero que todo, la percibo como esencial, necesaria, y en estos tiempos de aumento considerable del estrés, de la violencia, del terrorismo, de exclusiones, de intolerancia, de no aceptación, de personas que quizás no han sido bien formadas y padecen de vicios emocionales tan negativos como la envidia, la traición, el chisme, el rencor, el odio […]. Y tantos trastornos del comportamiento que tienen como origen ese vicio mayor: la frustración.

A todo ello agregaría que el estado de salud se categoriza hoy día no como una simple ausencia de enfermedad, sino como un estado de satisfacción, de bienestar físico, mental y espiritual. Existe el fenómeno denominado vulnerabilidad psicosocial, que es generador de muchas enfermedades, en las que hay también un fenómeno globalizador y la necesidad urgente de una cultura de paz.

No es menos cierto que nuestra ciencia ha ido evolucionando e integrándose y haciéndose indispensable en el contexto de otras ciencias, sobre todo en el caso de las ciencias médicas, que han transitado hacia un modelo mucho más salutogénico que terapéutico. Y en el que se trabaja para que la prevención y la promoción de la salud ocupen el lugar que les corresponde dentro del proceso salud-enfermedad.

La esencia del ser humano es indiscutiblemente biológica, psicológica, social, cultural y espiritual […]. Entonces solo un argumento bastaría para explicar cómo percibo la ciencia del espíritu: imprescindible.

¿Cómo valora usted sus más de 30 años de dedicación en cuerpo, mente y alma a la ciencia psicológica, y en particular, a la psicología de la salud?

Podría haber hecho mucho más, pero con la sencillez y humildad que me caracterizan, pienso que he trabajado con amor y dedicación. Y me remonto a mis primeros pasos en el área de salud Mantilla (barrio suburbano de La Habana), donde tuve la mayor prueba de fuego, y aquellos inicios los evoco con mucho cariño, precisamente porque trabajé con amor, y sobre todas las cosas, aprendí mucho.

Pienso que todo profesional de la salud debe tener esa experiencia en la Atención Primaria. En los institutos de investigación biomédica, cuando vas a entrar, tienen en cuenta una serie de requisitos […]. Sin embargo, me parece que debe exigírsele al aspirante haber trabajado, al menos 4 o 5 años, en la atención primaria de salud, porque es la que te da la visión de lo que es el Sistema Nacional de Salud, y eso es imprescindible para después diseñar y jerarquizar un buen proyecto de investigación.

Eso evitaría un tanto ese Talón de Aquiles que tienen muchos investigadores, quienes diseñan estudios que son imposibles de realizar, que son utopías, porque —realmente— no tienen ni la menor idea de lo que es la Atención Primaria de Salud.

He tenido la suerte de llevar la Psicología de la Salud a los medios de comunicación social, y ha sido una hermosa experiencia, pero también como profesional la vida me ha dado la oportunidad de trabajar en múltiples campos o esferas, sobre todo en la psicología de la nutrición, y últimamente, en la creación de estrategias de comunicación social en salud […].

¿Qué le reportaron sus dos décadas de trabajo en los campos de la nutrición e higiene de los alimentos, no sólo como psicólogo asistencial sino también como investigador y profesor titular?

Cuando llegué al Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos, la única referencia que tenía era que allí todo estaba hecho, que no había mucho campo, y yo, personalmente, me preguntaba: ¿qué podría hacer un psicólogo en un Instituto de Nutrición? La vida me demostró que es un universo precioso, y en menos de un año tenía tanto o más trabajo que en la Atención Primaria de Salud.

De momento me sentí atraído, porque pude mantener mi vinculación con los servicios clínicos, y paralelamente, desarrollarme en Educación Alimentaria y Nutricional. No puedo dejar de mencionar a tres importantes personas: la doctora Astrea Damiani, una argentina «aplatanada», la dietista Cecilia de Castro (pienso que puede haber alguien que sepa de Dietética tanto como ella, pero no más, porque, en mi opinión, no hay un ser humano que domine esa rama del conocimiento humano con tanta seguridad). Y la doctora Dania Chiong Molina, quien me abrió las inmensas puertas del mundo de la Endocrinología.

En lo que a la Educación Alimentaria y Nutricional se refiere, ya traía las bases psicopedagógicas y las consolidé de la mano suya, maestro, y la esencia de esa materia, la agradezco a las doctoras Anne Suárez y Francisca Valdespino. Con todos esos maestros, ¿quién se resiste a aprender?

El trabajo en nutrición me fortaleció, ante todo, como psicólogo clínico o de la salud (como suelen llamarle en la actualidad). Aprendí bastante de nutrición, aunque jamás he indicado una dieta, ni me he puesto a inventar con aspectos que no se corresponden con mi especialidad. Pude diseñar tratamientos de índole psico-educativa, dirigidos a personas con trastornos de la alimentación: obesidad, desnutrición proteico energética, anemias nutricionales (entre ellas la deficiencia de hierro y su vinculación con el rendimiento escolar), fibrosis quística, así como otras alteraciones de causa genética. Pero, sobre todas las cosas, enfrenté —junto a un equipo interdisciplinario— sin apenas experiencia, el control y el tratamiento de la Fenilcetonuria en Cuba.

Fueron varios años dedicados a esos niños y niñas, sus familiares, su medio psicosocial, y hoy día, aunque ninguno de los fundadores integramos el equipo de trabajo que atiende a esos pacientes, tenemos la gran satisfacción de lo realizado, de los logros. Y por encima de todo eso, que tanto los niños (ya adolescentes, jóvenes y hasta adultos), como sus padres, siempre vienen en busca de nosotros, de sus «tías» Astrea y Cecilia (como ellos les llaman), y de su «tío» Raúl, y ese es el mejor resultado, que aun conscientes de que no somos los profesionales que trabajamos en su atención directa, que se dirijan a nosotros, sobre todo cuando afrontan situaciones difíciles. Y creo que esa imagen que tienen de nosotros, es difícil de borrar, porque aprendieron a enfrentar la enfermedad, algunos hasta aprendieron a caminar, a hablar, tomados de nuestras manos, y esas cosas los buenos seres humanos no las olvidan jamás […].

En el contexto de la psicología y de la propia nutrición, gozo de prestigio y se me identifica como el psicólogo de la nutrición, y eso me gusta y me satisface, porque amo la especialidad, y respeto todo lo que aprendí, hice y todavía hago en el contexto de esa especialización de las ciencias psicológicas.

¿Qué función desempeña en su actividad profesional el ejercicio del periodismo, tanto científico como cultural?

Bueno, hace unos meses me enteré que lo que yo hacía en los medios de comunicación social tenía un gran componente periodístico. He sido acusado de «farandulero», y me han pedido que me convierta en ¿artista? y deje la psicología, sobre todo los «roedores de la inteligencia y el talento ajenos». Cuando esas personas se ponen furiosas, he logrado neutralizarlas con una invitación a la radio o la pequeña pantalla o con una entrevista periodística. Esto último, además de apaciguarlos para que me dejen tranquilo por un tiempo, pienso que es una forma de hacer psicoterapia contra la envidia y la frustración que esas personas padecen. Y no exagero, he realizado esa práctica y he logrado calmarlas.

No creo que haya divorcio alguno entre mi actividad profesional y el ejercicio periodístico. Primero que todo, trabajar en los medios me obliga a estar actualizado, mientras que el trabajo asistencial, la docencia y la investigación me enriquecen y es la mayor fuente de información que tengo para laborar en los medios. Como puede apreciar, no hay divorcio, y lo que es mucho más importante unos y otros se complementan y se retroalimentan.

Por otra parte, nunca he negado, porque no lo considero un delito, que me gusta salir en la televisión, la radio me apasiona mucho más y disfruto cuando termino un trabajo para la página Web de Habana Radio, que es mi tribuna actual.

En esa emisora, he ido formándome, en gran medida, como realizador y como periodista, y me he graduado como escritor y director radial. La televisión también me ha formado como asesor, como escritor y como conductor de espacios de salud y de crecimiento personal.

En conclusión, a partir de la combinación de la experiencia adquirida en el Ministerio de Salud Pública (MINSAP), en los servicios, la docencia y la investigación, y de mi trabajo en la radio, la prensa plana y digital y la televisión, es que ha nacido este comunicador social que soy hoy. Quizás haya algo de artista por allá dentro, pero le repito lo que le dije al cantautor Alfredo Rodríguez cuando me invitó a su estelar espacio: no soy un artista frustrado, sino un comunicador realizado.

Ahora que menciono a ese polémico artista, déjeme decirle que con él he hecho, en todas las emisiones de su espacio televisivo, el trabajo de investigación, y no sabe cuánto he aprendido de Alfredo Rodríguez, y en el colectivo artístico que dirigiera, confeccionaba las entrevistas psicológicas realizadas a los invitados, eso es una práctica del psicólogo. Pero, además, aumenta mi cultura general. Quienes me censuran esa actividad no son capaces de imaginar cuánto se aprende con esas personas que iban al programa de Alfredo, cuántas vivencias, experiencias, historias y anécdotas, que muchas veces no son llevadas al espacio. Cuántas veces he concluido esas entrevistas y he dado una consulta psicológica.

Por ello, y es algo que también me han criticado, me dicen el «psicólogo de los artistas»; en una ocasión, alguien me dijo: «eso te quita prestigio como profesional», y le pregunté, ¿por qué? Es que, acaso, los artistas no son seres humanos, con una psiquis, con una personalidad, con conflictos y problemas.

El problema fundamental hay que buscarlo en dos direcciones: la primera, es el perjuicio que existe en relación con el mundo de los artistas; lo segundo, la frustración de quienes no lo han logrado, y aunque te fustigan, envidian tu posición. A veces me digo, pero por qué no lo hacen, si dentro de ese mundo cada día hacen más falta los psicólogos. Los medios, al igual que las ciencias médicas y las demás ramas del saber, marchan inexorablemente hacia la humanización, la socialización, y es en ese entorno donde deben estar los psicólogos, los sociólogos, los antropólogos sociales, etc.

La función desempeñada por el periodismo cultural y científico en mi profesión no es otra que esa relación biunívoca, en que uno y otro se complementan.

Usted es una persona muy conocida en nuestros medios de comunicación social, y en consecuencia, se le identifica como el «psicólogo de los medios». ¿Es que, acaso, el yo artístico prevalece sobre el yo psicológico?

Bueno, al parecer, deviene una situación de conflicto que Kurt Lewin denomina como de atracción-atracción. Me gustan las dos: me emociona tanto dar una clase como presentarme en un programa de televisión, me apasiona tanto estar 6, 7 u 8 horas seguidas en una consulta, donde atiendo con igual dedicación y calidad a todos los pacientes, como en ese programa de crecimiento personal que conduzco desde hace casi una década en Habana Radio. Y que no sólo dura dos horas y media, sino que me ocupa toda la semana prepararlo. Cuando termino a las 8:30 pm […], y después llego a mi casa, escucho el programa que he grabado en un casete, porque siempre tengo la impresión de que no ha quedado bueno, y después que lo escucho, es que duermo tranquilo […].

Está la experiencia con el Proyecto Palomas, esa relación que se establece, por ejemplo, con el realizador, la directora Lissette Vila, con quien he trabajado en documentales que después utilizo en mis clases. Quiere usted un documental que muestre mejor el trabajo de Prevención y Promoción que Voces, en el que su esencia es precisamente la prevención y la promoción de salud. Los realizadores necesitan de nosotros también.

Cuántas actividades infantiles con diferentes afecciones hemos incluido en ese proyecto, donde han estado presentes esos censurados artistas con quienes dicen que me reúno. De qué estamos hablando, ¿hay relación o no entre esas dos profesiones? Mire, quiere que le diga algo: con casi 65 años que voy a cumplir, y con más de 10 años de consagración al ejercicio de esas actividades, no puedo definir cuál pesa más. Por supuesto, sí hay un yo artístico fuerte. Pero amo tanto mi profesión, me gusta tanto hacer lo que hacen los psicólogos de la salud, los profesores de psicología y los investigadores, que no he podido definir cuál es más fuerte y no me interesa averiguarlo, porque me siento realizado en una y otra, y porque estoy absolutamente convencido de que una y otra persiguen un mismo fin […].

Mire, le voy a poner un ejemplo: en esa experiencia que es la municipalización de la enseñanza universitaria. Mis alumnos me respetan, y hace algún tiempo fui a entregar un premio en el Festival del Programa Cuerda Viva. Aquel teatro estaba repleto de jóvenes, y me recibieron bien. Al otro día tenía clases con mis alumnos, y casi toda el aula estaba en el teatro, y lejos de perder respeto y consideración con ellos, estoy seguro de que se sintieron felices de que su profesor hubiera estado en ese espacio audiovisual […].

¿Alguna recomendación a los jóvenes que comienzan a dar sus primeros pasos en la ciencia psicológica y en el arte-ciencia de la comunicación social?

Sobre todo, y es un mal que padecemos, lo he sufrido en carne propia, que siempre se acerquen a los que ya llevan años, como nosotros también podemos aprender de los más jóvenes.

Uno de los secretos de un triunfador es precisamente no saberlo todo, porque casi siempre, a veces del que menos imaginamos, del que en apariencia menos sabe, aprendemos algo, y ese algo lo podemos enriquecer con nuestra inteligencia y experiencia.

Tratar de vincularse a la Atención Primaria (la mejor escuela), porque es allí donde el profesional de la salud aprende a conocer los riesgos, las necesidades sentidas o no, la prioridad que se les da a los problemas de salud, a los conflictos, los recursos con que se cuenta para desarrollar determinada intervención en salud […]

Por todo ello, la integración a esa comunidad, insertarse en ella, conocerla de cerca, es esencial. Yo he tenido esa experiencia durante seis años que trabajé en una estrategia de comunicación social en el área de salud Manduley en el municipio de Centro Habana. Ha sido una de las más grandes experiencias que he tenido como psicólogo de la salud en toda mi carrera. Maestro, ve ese diploma que dice, «Gracias por llenarnos de amor», está firmado por médicos y enfermeras de la familia de Dragones, que es el Consejo Popular de esa Área de Salud.

Ese sencillo estímulo evidencia que las diferencias entre médicos y psicólogos va desapareciendo a pasos agigantados, que la psicología goza de prestigio, no sólo en Cuba sino fuera de nuestras fronteras geográfico-culturales, y […] se debe precisamente a cómo ha ido alcanzando prestigio dentro de las Ciencias Médicas. No hay un equipo inter disciplinario de atención en salud, un claustro docente, un equipo de investigación que no incluya al psicólogo, y eso sólo se gana ejerciendo la profesión con honestidad […].

Respetarse a sí mismo y respetar la profesión, eso es vital, aprender de los que tienen más experiencia y brindar la poca o mucha que tengan, y sobre todo, estudiar diariamente, porque esta es una ciencia que se actualiza por día. Cuando se cumplen esos indicadores, se puede exigir […].

Por último, pienso que todos los seres humanos debemos ser buenas personas, ser honestos, pero realmente, no me cabe en la mente, que un psicólogo, cuya esencia es la de atender la mente y el alma de los seres humanos, pueda ser una mala persona. ¿Cómo se puede curar un alma cuando la nuestra está enferma, viciada y cargada negativamente?

En cuanto a los medios, es una labor de tanta paciencia como en la salud, pero para ser un buen comunicador, hay que ser autentico, veraz, honesto, tener un dominio amplio del tema que se vaya a tratar, poseer cultura general (algo muy importante), saber cómo proyectar la voz, el lenguaje que debe utilizarse. Es lamentable el papelazo que desempeñan esos comunicadores en salud que van a los medios a impartir clases de psicología o de medicina.

Hay que buscar un lenguaje accesible a todos […], sin caer en vulgaridades. Hay que conocer cuáles son los problemas de las personas, porque son problemas, conflictos, y hay momentos en que no se puede hablar de ellos, porque pueden producir daños muy graves. Sobre todas las cosas, hay que tener conciencia de que no somos artistas, aunque tengamos un espacio en la televisión o en la radio […]

También tener muy en cuenta el respeto al televidente, al oyente y al lector, para evitar segundas o terceras intenciones, NO ofender la diversidad social, aspecto muy importante que debe tenerse en cuenta, porque son medios que llegan a multitudes, y dentro de ellas se encuentra la gran diversidad social […].

Ser estudiosos, honestos consigo mismos y con la profesión, y sobre todas las cosas, hace falta mucho amor y sensibilidad, tener el alma limpia, estar realizados, libres de rencores y frustraciones para ser un buen curador de almas. Y eso quizás no se aprende totalmente en la Universidad, eso se aprende en el hogar, en la familia, en nuestro paso por la vida, con los amigos,  o cuando se tiene la suerte que tuve yo de tener, además de todo eso, un maestro que me transmitió precisamente esa esencia humanista, esa cultura de paz. Y solo le exijo, si humildemente me lo permite, que no deje de ponerlo, porque lo conozco y quiero que todo el mundo sepa […], que ese maestro es usted, doctor Jesús Victorio Dueñas Becerra. Muchas gracias, a usted por la oportunidad de realizarme, y también, por qué no, de contribuir a la formación de las nuevas generaciones, y quizás, a la reeducación y curación de quienes padecen esos males de los que he hablado en esta entrevista.

En ese fluido diálogo que sostuviéramos unos meses antes de su lamentable deceso, los lectores tienen una visión panorámica de cómo construyó su leyenda profesional y personal el profesor Raúl Fuillerat Alfonso, quien ya duerme, en paz consigo mismo, el martiano sueño de los justos. ¡Que así sea!

Publicado Por: Jesús Dueñas Becerra

Jesús Dueñas Becerra. Ejerce como colaborador la crítica artístico-literaria y el periodismo cultural en varios medios nacionales de prensa, en especial, en la emisora de la familia cubana: Radio Progreso. Su actividad fundamental es la crítica de danza y cinematográfica, así como las artes escénicas y las artes plásticas.

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