El ICAIC: en pos de la memoria audiovisual

Este  martes 24 de marzo, el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) celebra su aniversario 61.
Fundado el 24 de marzo de 1959, dirigido desde entonces y hasta su muerte por Alfredo Guevara, el cine cubano se aglutinó en tres núcleos: didáctico, documental y de ficción, más tarde, se le sumarían los dibujos animados y el Noticiero ICAIC Latinoamericano, pensado y dirigido por Santiago Álvarez.
Realizadores cubanos comenzaron a marcar su huella en el celuloide. Entre ellos Tomás Gutiérrez Alea, Julio García Espinosa, Humberto Solás y Manuel Octavio Gómez.
Se registraron entonces títulos imprescindibles de la filmografía nacional como: Historias de la Revolución, Memorias del Subdesarrollo, Aventuras de Juan Quinquín, Lucía y La primera carga al machete.
Entre 1970 a 1981, la producción cinematográfica se inclinó más a la Historia, plasmada en filmes como Páginas del diario de José Martí, Los días el agua, Una pelea cubana contra los demonios, La última cena, El hombre de Maisinicú y el Brigadista.
En esta etapa no faltaron películas críticas que reflexionaba sobre la práctica del socialismo, entre las que figuran: Retrato de Teresa y Ustedes tienen la palabra. Fue el momento en el que apareció la saga de Elpidio Valdés y la superproducción Cecilia.
En los años ochenta se dinamizó la producción  y se reanimó el contacto con el público mediante comedias costumbristas y contemporáneas como: Se permuta, Los pájaros tirándole a la escopeta, Una novia para David y La bella del Alhambra, títulos que volvieron a repletar las salas.
Con los 90 llegó el replanteamiento de las utopías y el abordaje de temas neurálgicos como la emigración o la sobrevivencia en tiempos de período especial. Según los especialistas, dos grandes cintas de ese momento son: Fresa y Chocolate y Madagascar.
Lo que va de siglo 21 marca el florecimiento de un cine independiente, juvenil, crítico y actual, apoyado en las nuevas tecnologías.
Hoy el ICAIC sigue siendo la mayor productora de la filmografía nacional y su propósito primigenio continua vigente: poner ante las cámaras la realidad cotidiana y la historia y, bien sea desde la polémica o la aceptación, ha conquistado un público que se ve reflejado en la pantalla grande.

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Publicado Por: Marlene Gómez Rodríguez

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