Entre ortigas y sueños

En los pronósticos para el 2020, no figuran anchos y orondos horizontes. Cierto que tales, en puridad, no existen hace bastante, pero siempre en estas fechas se prodiga cierto optimismo, solo que el actual, anda bien flaco.

El hartazgo de conjuntos humanospoco dispuestos a seguir comprando promesas después incumplidas, lleva a gran desconfianza hacia instituciones, partidos y figuras políticas. Es demasiado intenso el divorcio entre intereses de una clase y otra, muy grande la ambición de los oligarcas y cada vez más escasa la paciencia de los pueblos.

Chile marca hitos en ese sentido. No pasar por alto aquella memorable sentencia de Sebastián Piñera, cuando al inicio de las protestas dijo:“estamos en guerra contra un enemigo poderoso”. Si quien debe representarlo y cuidar de ellos considera a sus ciudadanos como enemigos, poco hará en su favor.

Las  anomalías registradas este año en Perú (desequilibrio institucional entre el ejecutivo y congreso fujimorista, tras los cuales  andan problemas larvados), o Ecuador, (Lenín Moreno cedió, en apariencia, ante las demandas de los afectados, pero incuba problemas casi seguro superiores);quizás lo de Colombia, donde una ciudadanía poco adiestrada en manifestaciones probó fuerzas (las negociaciones con el gobierno uribista no avanzan) y, no se puede eludir el golpe de estado en Bolivia, sus consecuencias a escala regional (OEA mediante) y el daño interno (bien poco importan a los propiciadores de Washington), ese conjunto, digo, tiene varias colas. Unas más estimables que otras, pero intensas y señaladas todas.

Brasil da cierta medida de la involución de las muy defendidas estructuras que cada vez se envilecen más y poco aportan al común. La popularidad de Bolsonaro está en el suelo y, al mismo tiempo, la confianza en la democracia, tal como se practica.

Las élites son cada vez más ambiciosas y menos dadas a respetar derechos. Por eso merma la expectativa mayoritaria de alcanzar una existencia medianamente pasable.

Durante el 2019 hubo elecciones presidenciales en Argentina,  Bolivia,  Guatemala, Uruguay  y Panamá. Aparecen pocos oasis en el desierto continental. En México, con López Obrador y el ascenso de Alberto Fernández, un bálsamo para gran parte de los argentinos lastimados por la administración Macri, pero con retos mayúsculos por vencer.

Fuera de temas precisos que atañen a naciones determinadas, aparecen contextos generales.  La retracción económica anunciada por diversos organismos mundiales, es uno de ellos, pero el desmantelamiento del Amazonas y el ataque a los colectivos indígenas iniciado por el gobierno de Jair Bolsonaro en Brasil,  constituyen amenazas de gran calado. Existe conciencia de ello  según sugiere la denuncia hecha por Naciones Unidas, solo que la ONU tal como está concebida, no tiene el poder suficiente como para hacer cambios a torceduras malignas de ese tipo y pese a ser una tragedia planetaria.

El 2020 hereda, además de tantos pendientes, uno muysignificativo con Bolivia. A través de un golpe de estado de nuevo tipo, pero peor que el perpetrado contra Dilma Roussef en el 2015, se estableció una situación especialísima y peligrosa, con demasiados muertos y vejados como para suponerle una rápida cura.

Dentro de lagunas repletas de incertidumbre, Latinoamérica se abre a 12 meses que pueden resultar tantos o más convulsos que los recién atravesados.

No faltan temores en el resto del mundo cuando se pronostican descalabros económicos de envergadura. Hay situaciones peores abriéndose paso. Europa, por ejemplo, se aboca a graves interrogantes. Una, movida por el Reino Unido que estrena año abandonando la UE. Se esperan, por lo bajo, agudización de conflictos procedentes de Estados Unidos, deseoso de hacerse cargo de esa presa en su ancho beneficio.

Encima, y debido a la política de Donald Trump y su preferencia por usar la porra, sin zanahoria, están los efectos de las amenazas de  castigar a las empresas que trabajen en los gasoductos rusos para transportar energéticos hacia territorios europeos.

Es un dumping descarnado, sin atenuantes, contra sus socios del Viejo Continente  a los cuales incluye en la estrategia de amenazas y sanciones que transita desde su origen político hacia las ventajas que quiere lograr no porque tenga superioridad o  competencia tecnológica, o equis ventajas, sino pretende obtenerlas a través de la fuerza.

Igual dicen tener listo un convenio con China para frenar la guerra comercial desatada en Washington. Lo hacen con el puñal listo para clavarlo en el costado del gigante asiático. Nada nuevo bajo el sol, se dirá, y con toda razón. Estas incompletas claves no son alentadoras cuando está a punto de comenzar el segundo decenio del siglo XXI, pero son las que hay.

Por nuestra parte, estimados lectores, les deseamos un venturoso 2020.

Please follow and like us:

Publicado Por: Elsa Claro

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

tres + Trece =