Alfredo González: actuar es vivir

Dialogar con el primerísimo actor Alfredo González, quien integra el elenco
dramático de Radio Progreso, la «Onda de la Alegría», y de la Televisión
Cubana, en el contexto del centenario de la Radio Cubana, deviene un
verdadero privilegio para cualquier profesional de la prensa que ejerza el
periodismo cultural.

Mi interlocutor es graduado de la Escuela Nacional de Arte y de la capitalina
Universidad de las Artes (ISA), donde se licenció en la Facultad de Arte de los
Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA), y además, miembro de la
Asociación de Artes Escénicas de la sexagenaria Unión de Escritores y Artistas
de Cuba (UNEAC).
Alfredo, con el rigor artístico-profesional que lo caracteriza en cualquier medio
—donde ha incursionado con éxito de público y de crítica—, se ha ganado el
afecto y el respeto de los asiduos oyentes de las novelas y aventuras que salen
al aire por la Emisora de Familia Cubana y por audio real en Internet. Así como
de los televidentes que siguieron con atención e interés la teleserie Amores y
esperanzas, transmitida por el Canal CubaVisión. También participó, en fecha
reciente, en el capítulo «Castillos de arena», en el policiaco dominical Tras la
huella, que dirigió su compañera en la vida y en el arte, la laureada realizadora
y primerísima actriz, Vicky Suárez.
¿Cuáles fueron los factores motivacionales que inclinaron su vocación
hacia el arte en general, y hacia la actuación en particular?
Es complejo y complicado definir el por qué de mi inclinación por la actuación
[…]. No sé. Supongo que todo comenzó como un juego, de ser este y ser
aquel. En mi familia, no hay antecedentes artísticos, así que todo radica —al
parecer— en mi curiosidad cognoscitiva y espiritual. Fue algo que despertó en
lo más hondo de mi ser, y simplemente, dejé que creciera […] y fructificara, al
extremo de que hoy para mí actuar es vivir, lo cual implica la «dosis exacta» de

pasión que el ser humano pone en todo lo que hace, por insignificante que
pueda o parezca ser.
¿Qué significa para usted integrar el elenco artístico de la Decana de las
Emisoras Cubanas, que el 15 de diciembre de 2022 cumplirá el aniversario
93 de su salida al éter?
Un sueño, algo «mágico», representa para mí estar trabajando hoy día en la
Emisora de la Familia Cubana. Desde muy joven escuchaba las radio-novelas.
En mi casa, existe esa tradición. Recuerdo con agrado muchas de ellas y era
fan a algunos actores y actrices que componían su elenco.
La vida está llena de misterios […], situaciones inexplicables. ¿Quién me diría
que un día iba a tener frente a frente a todos aquellos a quienes admiraba y
había seguido durante años?
Fue algo maravilloso descubrir el mundo «mágico» de la radio. Confieso que
fue amor a primera vista, que fui «hechizado», y cuando me escuché por
primera vez y me oyó mi familia […] creo que no existen palabras para definir
por cuántas emociones transité. Lo que sí puedo decirle es que pertenecer a su
cuadro dramático y ser parte de esa bella creación instantánea de cada día me
hace sentir orgulloso, realizado, y además, comprometido.
Además de participar en programas dramatizados (radionovelas,
aventuras) de Radio Progreso ha trabajado en la pequeña pantalla, donde
ha actuado en la teleserie Amores y esperanzas, y en fecha reciente, en el
policiaco dominical Tras la huella. Al respecto, ¿qué les puede comentar a
los lectores acerca de esa experiencia en la pantalla chica?
La teleserie Amores y esperanzas fue mi primera entrada en grande a la
pequeña pantalla. En ese dramatizado, desempeño el papel de un
«embaucador», que engaña a una señora de la tercera edad (la primerísima
actriz Ofelita Núñez, lamentablemente desaparecida), se queda con el dinero
que ella confiadamente le entrega, y no realiza el trabajo de albañilería para el
que fuera contratado. No obstante, rectifica su reprobable actitud hacia la
señora, a quien le devuelve el dinero estafado, se acerca al progenitor, del cual

estaba distanciado, y se enrumba por el buen camino. Disfruté mucho la
caracterización psicológica que hice de ese personaje, negativo en un principio,
pero positivo después. En el capítulo «Castillos de arena», en Tras la huella,
interpreté a un individuo que es engañado por un grupo de estafadores y que
trata de recuperar el dinero perdido con la utilización de la «fuerza bruta»;
experiencias muy provechosas para mí, ya que me hicieron crecer como artista
y como ser humano.
¿Qué representa para usted el teatro, percibido por los expertos en la
materia como el claustro materno de las artes escénicas? ¿Ha actuado
sobre las tablas o espera que esa oportunidad se le presente en cualquier
momento?
El teatro es —sin duda alguna— la matriz de la actuación. Pero, luego de
transitar por el maravilloso y difícil mundo radiofónico, considero que sería de
gran utilidad para un actor acercarse al medio radial, que es —a mi juicio, así
como al de muchos grandes actores— una escuela, donde aprendemos día a
día la esencia y el valor de cada silencio, de cada palabra.
De las anécdotas y experiencias que, no obstante su juventud, ha
vivenciado durante el desarrollo de una exitosa carrera artístico-
profesional, ¿podría relatarles a los lectores alguna que le haya dejado
una impronta en su memoria poética, y por ende, la haya guardado
celosamente en el «baúl de los recuerdos»?
Una situación realmente delicada y donde la agilidad mental y la espontaneidad
me hicieron salir airoso: fue una vez cuando estrenaba un unipersonal con
títeres en una escuela. Estaba muy nervioso. Los títeres eran de marote, que
son la cabeza del muñeco y un palo por debajo para sujetarlo y manipularlo. En
plena función, en una pelea en que estaban enfrascados los personajes, se
partió el mando, o sea, el palo que sujeta la cabeza, que rodó por el suelo, y se
hizo un silencio atroz. Yo estaba petrificado, y en cuestión de segundos, agarré
la cabeza, improvisé cuán fuerte era el otro muñeco que había dejado fuera de
combate a su oponente, y seguí con la función.

¿Algo que desee añadir para que no se le quede nada en el tintero?
Es una reflexión dedicada a los jóvenes que se incorporan a las artes
escénicas insulares. Hoy día, percibo tendencias «raras» en la actuación
artístico-profesional de algunos jóvenes. Veo programas en los que me digo:
caramba, pero y dónde estaba el director que dejó pasar semejante cosa.
Llueven los problemas de dicción y la pobreza en las caracterizaciones. Mi
consejo es el estudio, quizás obsesivo en nuestra profesión. Hay que
cuestionarse todo el tiempo y procurar superarnos cada día. Hay que indagar
todo lo que podamos y aprender también a escuchar a los demás. No podemos
subestimar a los otros, pero sobre todo algo que requiere ese fantástico y
«loco» modo de vida, y que —en mi opinión— es vital: ser sencillo y humilde.
Sean sencillos y humildes y ya verán como todas las ventanas se les abrirán
[…], y como todas las oportunidades tocarán a su puerta.

Publicado Por: Jesús Dueñas Becerra

Jesús Dueñas Becerra. Ejerce como colaborador la crítica artístico-literaria y el periodismo cultural en varios medios nacionales de prensa, en especial, en la emisora de la familia cubana: Radio Progreso. Su actividad fundamental es la crítica de danza y cinematográfica, así como las artes escénicas y las artes plásticas.

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