El barro en los pies

El coronavirus es “algo que tenemos bajo tremendo control”, afirmó con  su peculiar rimbombancia Donald  Trump. Pero el director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, Anthony Fauci, se siente inconforme con las medidas para controlar el brote en Estados Unidos, tanto, que ha considerado de forma pública que “lo peor está aún por delante”.

El responsable cree que se debería  actuar de forma más enérgica para evitar la expansión del contagio y para ello cree adecuado lo hecho por varios países europeos al respecto, siguiendo el modelo que permitió a China impedir una expansión totalmente incontrolable del problema dentro y fuera de sus fronteras.

Ni soñar que el clasificado como más rico y próspero de todos asuma prácticas organizativas o materiales de tanta envergadura como la conseguida por el gigante asiático. No pensando en diferencias ideológicas, sino por inexistencia de capacidades creadas y posibles de emplear en tal empresa.

Las claves del momento en EE.UU., pudieran forzar al presidente a dar pasos mejor encaminados pues se prevé el influjo que este problema pudiera tener sobre las elecciones del actual año si, como se trasunta, hay afectaciones económicas. Las habrá, sin duda y a escala mundial. Está anunciado hace mucho y la pandemia aumenta probabilidades.

La rimbombancia del presidente no conjuga con las críticas ante la lentitud para ofrecer los kits de prueba para el coronavirus. A palabra acciones, pero parece que sus promesas viven lejos.

Dentro de su contexto y hasta aquí, el acto de mayor envergadura emprendido por Donald Trump  se remite a la movilización de fondos especiales, puestos a disposición del gobierno, gracias al apoyo del congreso, desde donde los demócratas se proyectan intentando darle algunas certidumbres a la sociedad en la comprometida coyuntura.

El dinero aprobado, sin embargo, tiene altas posibilidades de tener como destino futuro la gran economía, los altos estratos, mas no se piensa en darle base a un sistema de salud merecedor de fuertes cambios, dadas sus múltiples deficiencias.

Archisabido que siendo un sector privado, millones de norteamericanos carecen de seguro de salud, o el que tienen no cubre todas sus necesidades. El Obamacare alivió esas incorrecciones sin solucionarlas.

En medio de todo, es afortunado que el presidente, cuando se lo propuso,  no pudiera eliminar ese formato de protección mínima aun cuando cojee  bastante.Un mayor realismo, el secretario de salud del mandatario, Alex Azar, advirtió ante la prensa también que la epidemia tiene volumen como para sobrepasar lasa capacidades del sistema de atención sanitaria norteamericana.

Obvio en tan especialescondiciones y las posibles derivas del caso, que Fauci se sienta desvalido o expuesto a cargar con culpas que no le pertenecen pues si de él dependiera, elegirían ser criticado por cometer excesos de precaución y no debido a proceder por debajo de lo necesario.

Por fortuna para los estadounidenses, la mayor parte de los estados tomaron, cada cual por su cuenta, algunas providencias parecidas a las de otras naciones, buscando evitar contextosinmanejables. Es la base para cierto control sobre aglomeraciones públicas o limitar la afluencia a escuelas y sitios colectivos donde mayor cantidad de participantes se exponen a contagio.

Con todo, este drama tiene varios escenarios en el planetay capítulos por conocer. Casi todos con muy malatraza.

Publicado Por: Elsa Claro

Periodista, poeta, narradora de altos quilates, que ejerce el ejercicio del comentario de manera cotidiana y de una excelencia de referencia. Su obra poética ha sido reconocida por el poeta nacional Nicolás Guillén desde sus primeros títulos líricos. Actualmente, este Premio Nacional de Periodismo José Martí transmite sus trabajos periodísticos en el espacio En Vivo Directo. Correo: elsa.claro@icrt.cu

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