Paula Alí: ser actriz fue mi único y gran sueño

Dialogar con la primerísima actriz Paula Alí es viajar al mundo interior de una mujer excepcional, caracterizada —desde la vertiente personográfica— por la sencillez, la humildad y la entrega en cuerpo, mente y alma a la profesión que ella percibe como fuente nutricia de ética, humanismo y espiritualidad.

Si bien es cierto que, para el genio martiano, esos valores o virtudes (como las denominara el venerable padre Félix Varela y Morales) son expresión legítima del talento y el genio verdaderos, habría que aceptar —por otra parte— el hecho incontrovertible de que mi interlocutora es, por derecho propio, un ícono femenino de la actuación dramática y humorística en los medios masivos de comunicación en la mayor isla de las Antillas.

Desde hacía mucho tiempo, anhelaba entrevistar a la «Dra. Rosa Matriz»,  personaje que interpreta —con la excelencia artístico-profesional que la identifica en el teatro, la televisión y el cine— en el gustado espacio humorístico Punto G, donde desempeña el papel de una sexóloga «fuera de serie».

Con el discurrir del tiempo, y el «vuelo de un águila por el mar», se me presentó tan esperada ocasión, en la sala «Villena» de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), donde tenía lugar una reunión de la Asociación de Artes Escénicas, a la que tenía la responsabilidad de darle cobertura periodística para el Sitio Web de la UNEAC. Como ese tipo de situación solo se da una vez, lo aproveché al máximo; en consecuencia, me acerqué a Paula, le solicité unas «breves declaraciones», y el resultado fue la entrevista que hoy les obsequio a nuestros lectores.

¿Cuáles fueron sus primeros balbuceos en el campo del arte, y concretamente, en el de la actuación?

Recuerdo que durante mi niñez dedicaba mis ratos libres a representar personajes que yo misma inventaba. Hubo un tiempo en que llegué a crear hasta grupitos de teatro que funcionaban en correspondencia con determinados eventos, como uno que hice a propósito de la creación de la Liga Cubana contra el Cáncer. Y así organicé otros tantos por cualquier acontecimiento que se producía en Cuba.

Pero todo era muy difícil. Primero, porque vivía en un pueblo de campo y tampoco tenía posibilidades de venir a vivir a La Habana, ni conocía a nadie vinculado al mundo artístico, que por aquellos años estaba más bien al alcance de las clases media y alta.

¿Podría evocar su primera incursión en la pequeña pantalla?

Claro que sí. Por mediación de mi hermano, que trabajaba en un taller, donde se hacían los trofeos para premiar a los artistas, logré que me contrataran como extra en uno de los tantos programas de participación que se hacían en la CMQ. Eran programas musicales en los que se representaba más o menos lo que era un cabaret.

Junto a otras muchachas, cuya única función era permanecer sentadas […], debuté en la televisión. Por otra parte, me avergonzaba decir que quería ser actriz. Era pedir mucho. Y ya el hecho de estar en la televisión, aunque fuera de modelo o extra, me hacía inmensamente feliz.

No tuve que esperar mucho tiempo para que me fueran asignados pequeños papeles en programas dramáticos. Se me presentó así la oportunidad de beber de la savia de grandes estrellas de la televisión y el cine como las primerísimas actrices Gina Cabrera y Raquel Revuelta, y de ser alumna de la genial pedagoga y primerísima actriz Martha Jiménez Oropesa, quien con el propósito de ayudar a los actores noveles había fundado una escuelita. Martha dedicó buena parte de su vida a formar a quienes se iniciaban en ese medio tan demandado que es la televisión.

Una de mis primeras presentaciones en la televisión fue en el programa Conflicto, muy seguido por la audiencia. En esos años iniciales trabajé igualmente en las telenovelas Enamorada del mar y Retablo personal. Posteriormente, vinieron otras muchas hasta llegar a El año que viene, de Héctor Quintero. Y al unísono, en el cine, participaba en los filmes Cartas del parqueEl elefante y la bicicleta y Papeles secundarios.

¿Y el teatro?

En 1965, el carismático actor y director teatral Erdwin Fernández me invitó a participar en la obra de teatro Voy abajo, que él dirigía, y es de la autoría del escritor y periodista Enrique Núñez Rodríguez. En ella, participaban los primerísimos actores y actrices Luis Lloró, Alicia Rico, Candita Quintana y Aurora Basnuevo, por solo citar algunos de aquellos talentosos artistas.

Si bien continuaba en la CMQ, acepté enseguida esa oferta de trabajo, porque además de que era algo seguro, estable, me ayudaba mucho desde el punto de vista económico.

De la misma manera, Erdwin me dio la posibilidad de ir desempeñando pequeños papelitos en diferentes puestas en escena. Con posterioridad, vinieron otros papelitos un poco más grandes y así iba creciendo artística y profesionalmente.

Tuve la gran dicha de conocer y de estar al lado de la maestra Bertha Martínez, quien me ayudó a formar parte de una de las mejores agrupaciones teatrales de aquella época: Teatro Estudio, donde eché los cimientos de lo que más tarde se convertiría en una sólida carrera actoral, principalmente por la ayuda que recibí de Bertha Martínez, a quien considero una de las más grandes maestras del teatro cubano. También tuve la inmensa dicha de recibir las enseñanzas de Héctor Quintero, Vicente Revuelta y Abelardo Estorino.

Me desempeñé durante tres décadas en las tablas, pero no siempre en Teatro Estudio. Durante un buen tiempo formé parte de Teatro El Público, dirigido por el maestro Carlos Díaz, Premio Nacional de Teatro, a quien usted ha bautizado como el «Rey Midas de las tablas insulares y de mucho más allá de nuestras fronteras geográficas». Compartía las actuaciones en los escenarios con la televisión y el cine.

Usted ha trabajado, con éxito de público y de crítica, en el teatro, la televisión y el cine. ¿Cuál de ellos prefiere, y por qué?

Si le soy sincera: me siento muy bien en los tres medios. Pero, si me viera precisada a escoger uno, me quedaría con el teatro. La práctica de esa manifestación artística te ofrece la posibilidad de un intercambio más directo con el espectador. No tienes que esperar para saber si el personaje que interpretaste tiene aceptación o no. La reacción inmediata del propio público te va indicando si estás trabajando bien o mal. Esa es la gran ventaja del teatro: te permite corregir, perfeccionar tu personaje, según sea la aceptación popular.

Por otro lado, ya que estamos hablando de preferencias y gustos, debo decirle que no obstante la complejidad psicológica del personaje de «La madre», en la obra Aire Frío, es el que recuerdo con mucho cariño.

En lo que respecta a la televisión, reservo un lugar muy especial para el personaje de «Josefa», en la telenovela El año que viene, que estuvo retransmitiendo el Canal CubaVisión de la Televisión Nacional. Me identifiqué mucho con «Josefa». Es un personaje tragicómico que tiene algunas semejanzas con mis características personales y la manera en que acostumbro a llevar mi vida.

De todos modos conservo en la mente, y especialmente en el corazón, todos los personajes interpretados. Para mí son como hijos que he engendrado.

No quisiera finalizar este ameno diálogo, sin antes rogarle que dedique un par de minutos al personaje de «Nora», en la telenovela Vuelve a mirar, con guión del prolífico escritor Amílcar Salatti y dirección del experimentado realizador Ernesto Fiallo?

«Nora», esa mujer testaruda y equivocada de la vida que no reveló cuando correspondía el secreto de quién era el padre de su hija. Desde el principio, tomó una decisión equivocada. Y por ello comete cada vez más y más errores. Siempre pensó que hacía lo correcto, porque cuidaba su prestigio y el de su familia.

Por la actitud de ella, que es reflejo de la época socio-histórica en que se desarrolló su juventud, todo el mundo sufrió las consecuencias. No creo, sin embargo, que «Nora» fuera mala, como tampoco la considero un personaje negativo. Nunca he protagonizado un personaje absolutamente negativo, quizás porque no me lo han propuesto, o porque no se corresponde con mi carácter y mi personalidad.

¿Algo que desee añadir para que no se le quede nada en el tintero?

Por supuesto que sí: decirle que ser actriz fue mi único y gran sueño, y además, darle las gracias por la entrevista, que no esperaba.

Publicado Por: Jesús Dueñas Becerra

Jesús Dueñas Becerra. Ejerce como colaborador la crítica artístico-literaria y el periodismo cultural en varios medios nacionales de prensa, en especial, en la emisora de la familia cubana: Radio Progreso. Su actividad fundamental es la crítica de danza y cinematográfica, así como las artes escénicas y las artes plásticas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

16 − dos =