Saltador Robiel Yankiel aún disfruta su consagración

Hace poco vimos con cierta sorpresa que Robiel Yankiel Sol se convirtió en la revelación cubana durante los XVI Juegos Paralímpicos de Tokio 2020. Con 7.46 metros reinó por primera vez en el salto de longitud a este nivel. De cara al futuro pudiera llegar mucho más lejos.

Con una tranquilidad poco habitual en un joven de apenas 18 años de edad, ante un escenario mayúsculo dejó la imagen que más gusta en un deportista de alto rendimiento: seguridad en su capacidad de triunfar.

«Desde los entrenamientos, una o dos semanas antes, en Dubái, comencé a ganar en confianza. Estaba saltando por encima de los 7.30 metros con regularidad. Mi entrenador siempre estuvo confiado y dándome apoyo. Me decía que sin presión podía llegar un buen resultado, solo que lo hiciera bien como sabía», comentó ahora en encuentro con JIT cobijado por la mirada de mamá y abuela.

Ellas son sus más grandes admiradoras. Desde la distancia saltaron con él aquella noche cubana —la mañana siguiente en Tokio— en que alcanzó la gloria reservada a pocos.

Afectado de parálisis en su brazo izquierdo desde una complicación en el parto, este muchacho nunca se ha sentido diferente. Como muchos de sus contemporáneos escucha música, baila y juega baloncesto con sus amigos.

No pudo ser pelotero como quería el padre. Sin embargo, ahora regala alegrías desde el atletismo y es el orgullo de su familia, incluidas las sobrinas jimaguas de apenas dos años de edad que ya saben lo que es tener un tío “famoso”.

«Siempre soñé con llegar a lo más alto y ahora se me cumplió. Todavía tengo la alegría del primer momento, no se me ha pasado eso…», aseguró reviviendo en su mente aquel día en que fue el mejor en el cajón de saltos de la categoría T47.

Asegura Robiel que, además de los aspectos técnicos y físicos, la unión con su entrenador Luis Bueno ha sido un pilar en todo este proceso.

«Es una relación muy importante, tenemos buena química y el triunfo es tanto mío como de él», confesó agradecido también por aquellos técnicos que estuvieron antes, como Lien Gay y Geikel Cabrera, sus iniciadores en el atletismo.

El jovencito capitalino ya no salta de “banco en banco”, como hacía de niño en la zona exterior de su edificio. Ahora la pista y el cajón de arena son parte de su realización personal.

Habla de los videos de saltos que no se cansa de ver, de su ídolo Iván Pedroso y de la importancia de la preparación mental como base de un buen resultado.

«Mi entrenador me pone muchos ejemplos de su carrera, me insta a ver videos de Iván, a que me fije mucho en los elementos técnicos, en la manera que los hacía. Siempre me recuerda que el entrenamiento no termina cuando sales de la pista, porque luego hay que seguir viendo, mentalizando lo que estás viviendo», relató.

Los 7,46 metros ganadores se inscribieron también como récord de los juegos paralímpicos, algo que lejos de hacerle creer que todo está bien le fija nuevas metas. «Sé que todavía tengo que mejorar el trabajo técnico en el aire y la velocidad. Y trabajar más la fuerza», apuntó.

Para el futuro piensa que pudiera también hacer triple salto, aunque eso sería solo para competencias mundiales, pues no se convoca en el programa paralímpico. Quizás por eso le ha resultado menos atractivo hasta ahora.

Por el momento disfruta su triunfo, reconoce que vendrán retos mayores y sabe que no podrá confiarse ni creer que todo será más fácil. «Por el contrario, tengo que entrenar cada vez más porque ya me miran, ya tengo un nombre», reconoció.

Robiel confirmó en la capital nipona lo que ya sabía: el deporte es parte de su vida y no se vislumbra haciendo nada más que eso.

«Lo mejor del deporte es liberar energías. Me divierto entrenando, lo disfruto, no lo veo como una obligación… Y este oro en Tokio 2020 cambió mi vida,es el sueño realizado incluso antes de lo que esperaba».

Publicado Por: JIT

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