Un hombre que hablaba con el sonido

Juan Esteban Nápoles hablaba con el sonido. Era de los que decían que para surcar el éter cada día, cada hora y a cada minuto, había que «vivir envenenado con la radio».

Juan Esteban Nápoles (Camagüey, 1960 – La Habana, 2014), uno de los más importantes realizadores de sonido de la emisora cubana Radio Progreso, vivió empedernidamente pegado a la radio hasta el martes 12 de agosto, en que le sorprendió la muerte en la misma Habana, tal vez añorando hacer lo que más le gustaba: consumir sus días entre los controles de cabina y los estudios de grabación de «La Onda de la Alegría».

Eran poco más de las seis de la tarde, la media noche española del martes último, cuando otro empedernido de la radio del lado de allá del micrófono —Pedro Silva— me dio la descorazonada noticia mientras escuchaba Progreso desde Miami, Florida: «Acaba de morir Juan Esteban Nápoles, de Radio Progreso». Eran las 5:25 pm cuando su corazón dejó de latir en La Habana.

Nápoles tenía 54 años. Era joven, y con esa vitalidad de emprendedor del oficio lo voy a recordar cuando yo compartía las grabaciones de mis crónicas periodísticas con la maestría de un Juan Esteban que ya se dejaba toda la pasión en los estudios de Infanta, 105.

Cuando las míticas bobinas cargadas de efectos y sonidos reinaban en la radio de los ochenta y noventa, Nápoles las desafiaba durante horas infinitas, pegado a las consolas alemanas con su maestría innata en el arte de hacer la radio.

Su auto de fe en el medio donde creció, fue concebir la realización del sonido como una disciplina técnico-artística que justificaba en él todo el poder expresivo de la onda. Y en ese esencia se forjó y formó en Progreso a una generación de noveles realizadores de las ondas.

Afable y respetuoso. A cada cosa le daba siempre su lugar. Operador de mis tiempos de radio habanera, sobre todo en el programa mañanero «A Primera Hora» que dirigió Luis Orlando Pantoja y condujo magistralmente Raúl Luis Galiano. En realidad, Juan Esteban fue un talento de la radio desde el primer día. Emergió desde su natal Camagüey, donde la radio fue una revelación en él cuando empezó a coproducir la revista informativa «Meridiano», que salió al aire en 1985 bajo la dirección de Pantoja y la asistencia técnica del joven Nápoles.

Fue un artista de los recursos expresivos de la radio. Innovaba cuando se ponía a las ediciones de programas enteros. Lo contó Jesús Dueñas Becerra, compañero de fatigas en las largas faenas que compartieron en las ondas hertzianas.

Su pasión obcecada por la radio comenzó en el instituto donde estudiaba en Camagüey, cuando todavía era un joven con olfato incorporándose a un círculo temático sobre radio: «Desde el primer día me incliné por la realización de audio, realizaba prácticas en Radio Cadena Agramonte, donde empecé como asistente desde 1980 hasta 1989».

A finales de la década de los ochenta, Nápoles dio el salto que añora todo profesional y se fue a la capital. Entonces se abrió camino en «La Onda de La Alegría» como asistente de audio primero, en varios espacios musicales e informativos: Discoteca Popular, Juventud 2000 y A primera hora. En los tres acabó siendo un consagrado, porque desde 1991, fue el realizador de sonido principal en esos programas estelares de la parrilla de Radio Progreso.

Progreso fue una escuela en su vida, donde acabó sembrándose como editor de grabaciones y realizador de sonido en la cabina central. En realidad, la cabina era arte en sus manos.

A ambos extremos de la foto, Nápoles (derecha) y su inseparable compañero Ramoncito Miranda, «el negro Cascarita» (izquierda). Al centro el maestro Eduardo Rosillo y otros colegas de la radio.

Su maestría sirvió para mantener en antena el mensaje sonoro cuando compartía largas horas de radio junto a la decana de la voz, Lilia Rosa López y el maestro de la conducción radiofónica, Eduardo Rosillo. A ellos y a muchos otros, Juan Esteban vivió agradecido toda la vida, los estimó y respetó hasta el final como figuras representativas de la gran familia que integró en Progreso durante más de 20 años. El martes se bajó del tren de la radio para siempre.

Nápoles alimentaba con sus conceptos a la radio. Se lo dijo a Jesús Dueñas «si la espiritualidad se define como el conjunto de acciones que el hombre y la mujer realizan y que les dan pleno sentido a sus vidas, puedo autocalificarme como una persona que ha sabido espiritualizar su profesión».

Hoy todo el mundo lamenta en Progreso su partida y la radio cubana llora al ser generoso que se les fue. Dayana Kindelán Peñalver, periodista en La Onda…, hablaba ayer del gran realizador y ser humano que fue: «Nápoles encontraba siempre la forma de hacer ver las bondades de todo lo que hacíamos por la radio y para la radio».

LOS ÚLTIMOS DÍAS

Dayana relata la agonía de sus últimos días:
«Las últimas semanas no lo vi. Estaba ya enfermo y hospitalizado, fuera de la emisora, batallando con su salud. Mis amigos de aquí si lo vieron, los escuché conversando sobre el tema con la intención de socorrerlo en lo posible, de retribuirle todas las buenas acciones recibidas de él. Pero nunca creí en la firmeza de la enfermedad que lo abatía, no me parecía lógico que se apagara, así sin más, tanta vitalidad de un hombre íntegro de radio»
(D.E.P.)

Fragmento de una edición de 2008 de la Discoteca Popular de Radio Progreso, la casa de todos los músicos cubanos, y donde Nápoles alternaba el control de la cabina central con Ramoncito Miranda (Cascarita).

(Cortesía de Jesús Díaz Loyola)

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Publicado Por: Radio Progreso

1 thought on “Un hombre que hablaba con el sonido

    Teodoro Herrera Acosta

    (14 agosto, 2019 - 8:18 am)

    Mencionar el nombre de Juan Esteban Nápoles es sinónimo de entrega, hombre de radio, de Radio Progreso. Lo digo en presente a pesar que físicamente no está porque su impronta está presente en programas donde pude trabajar con él. Ejemplo la revista dominical Rp 105, y la Discoteca del Ayer. En cada uno me aportó su inteligencia, su vínculo con artistas. Recuerdo ahora su entrañable amistad con el cantante y compositor español Luis Gardey, la voz de la costa verde, autor de Un amor como el mío, quien entregaba su diálogo a los fieles oyentes de la emisora de la familia cubana por su relación tan afectiva con Nápoles. Guardo tambien en mi tesoro emocional su dedicación a mi persona, y que tuve el honor de estar junto a él en los últimos momentos en el Hospital Calixto García.

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