Más allá del límite

Más allá del límite, con guión del escritor Yoel Monzón y dirección del realizador Miguel Brito, es el título de la telenovela de producción nacional que exhibiera, en horario estelar, los lunes, miércoles y viernes el Canal CubaVisión de la Televisión Nacional.

Los protagonistas son los actores Ulyk Anello (Ulises), el padre y principal asidero de la familia, dueño de un restaurante particular (paladar), Ofelita Núñez (Sonia), una señora de la tercera edad, con disímiles matices que van desde la intransigencia hasta la ternura y la severidad caracterogénicas, como resultado de cuánto ha sufrido en la vida, Fernando Echavarría (Mauricio) es el gran antagonista de ese dramatizado: un hombre con una personalidad muy enrevesada, fría y emocionalmente encallecido, calculador, que actúa de acuerdo con los fines que persigue, por lo que utiliza cualquier medio rastrero para alcanzar los objetivos trazados.  

Integran el reparto —entre otros— los actores Yasmín Gómez (Yamila), Amada Morado (Marcia), Héctor Echemendía (Nicolás), Gretel Cazón (la profesora Alicia). La contrapartida y el oponente de Alicia es Enrique Bueno (el profesor Aldo), docente de pre-universitario sin escrúpulo alguno, que viola flagrantemente los principios fundamentales en que se sustenta la ética pedagógica y la moral de un educador, porque vende notas por dinero (¿o por favores sexuales con las estudiantes?), Laura Moras (Beatriz), una mujer golpeada sin piedad por la vida y las circunstancias, que la llevan a mezclarse en negocios sucios con sujetos que tienen una pésima conducta psicosocial o que viven en la más completa marginalidad. Incluye, además, la participación especial del primerísimo actor Miguel Porto (Miguel).

Entre los rostros jóvenes que el televidente pudo disfrutar en pantalla están el de Liliam Santiesteban (Dayana), una estudiante de preuniversitario, hija de Ulises y de Yamila. Carlos Alberto Méndez (Yoenis), primogénito de ese matrimonio, joven rebelde e idealista, preocupado por el contexto en que se desenvuelve, por la familia, que va desintegrándose poco a poco, y por su futuro profesional. Yasmani Beltrán (Mayito), joven honesto y trabajador, y Emmanuel Galván (Joel), también alumno de pre-universitario y locamente enamorado de una compañera de estudios que, ¡por fin!, acepta los cortejos amorosos-sentimentales de Joel, además de las buenas intenciones que manifiesta hacia la adolescente quinceañera.

La trama gira alrededor de una familia supuestamente funcional, la cual —a medida que discurre la acción dramática— va develando las fisuras que la convierten —por influencia de factores intrínsecos y extrínsecos— en una familia disfuncional o fracturada. Paralelamente, se desarrollan las subtramas, que están muy bien entrelazadas entre sí, y responden —sin duda alguna— a la trama central, sin perderse en recovecos inútiles e innecesarios que nada le aportan al eje o núcleo fundamental de la telenovela.

En líneas generales, es un dramatizado bien escrito, con actuaciones estelares que identifican —en cualquier medio masivo de comunicación— a los actores más experimentados, y cuya excelencia artístico-profesional nadie en su sano juicio osaría colocar en tela de juicio. No obstante, no se deben obviar los altibajos que caracterizan algunas interpretaciones, sobre todo por parte de los más jóvenes, como consecuencia de su inexperiencia en el medio audiovisual.

Por otro lado, el controversial tema del homoerotismo ha sido tratado con profesionalidad y respeto no solo hacia los fieles amantes del género, sino también hacia los propios actores que interpretan a una pareja gay en ese dramatizado, ya que —en ningún momento— se les ridiculiza o caricaturiza (como suele hacerse, frecuentemente, con ese tipo de personaje).

Hay una escena que se desarrolla cuando ellos se conocen en el restaurante, y que merece un premio Caricato por la espontaneidad y la naturalidad con que esos jóvenes la filmaron: la mirada —más elocuente que miles de palabras— que se lanzaron mutuamente, y que desempeñó la función de un flechazo erótico-sensual que los unió durante todo el desarrollo de la telenovela. Tratamiento que se vio opacado por algunos resabios homofóbicos que lastran la actitud, nada filial por cierto, de la progenitora (Gina Caro), más «moralista» que madre de uno de los chicos que configuran la pareja gay y de otros personajes, que los «toleran» (una forma solapada de desprecio), pero no los aceptan.

Sin embargo, la sincera aceptación por parte de la madre adoptiva del otro miembro de la pareja, el hermano mayor del chico que es rechazado y vejado por la ¿madre?, los empleadores y los amigos verdaderos de esos dos jóvenes salvan tan aberrante situación, ya que —ante todo— los quieren como son (muchachos decentes, educados y trabajadores), pero no como quisieran que fueran, ni siquiera como debieran ser.

En ese contexto dramatúrgico, prevalecen —lamentablemente— los contravalores, cual si hubieran abierto de par en par la Caja de Pandora: la infidelidad conyugal, el abandono filial, el cambio constante de pareja, que raya con la promiscuidad (por ejemplo, el personaje de Vladimir, a quien el actor Alejandro Cuervo le presta piel y alma), el embarazo juvenil no deseado, la traición, el robo, el chantaje emocional, los negocios ilícitos, la corrupción, tanto en el medio académico, como también en los servicios jurídico-notariales, la delincuencia, el engaño de toda índole, la violencia física y psicológica, la prostitución y el proxenetismo; este último deviene una figura delictiva recogida y sancionada en el vigente Código Penal de la República de Cuba.

Estoy plenamente consciente de que el mensaje que —por vía subliminal— el equipo técnico-artístico de Más allá del límite le hace llegar al telespectador es que NO lleve a la práctica ninguna de esas conductas antiéticas, inmorales y antisociales, que nuestra sociedad no ha logrado eliminar por completo; rezagos que los realizadores reflejan en esa telenovela desde una óptica objetivo-subjetiva por excelencia, y con un enfoque estético-artístico digno del más sincero elogio.   

Please follow and like us:

Publicado Por: Jesús Dueñas Becerra

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Trece − 6 =