Tiempos irritados

Cuando algo es muy complicado se dice que lo bueno de aquel asunto radica en lo malo que se pone. La socorrida sentencia se puede usar ante la situación mundial, y, sobre todo, en referencia a los sucesos en América Latina.

No hace mucho, se hacían cábalas sobre el recuperación de los principales espacios por parte de la derecha, sustituyendo a gobiernos progresistas exitosos que dejaron tras de sí mejoras en este instante añoradas por muchos.

El vuelco en Ecuador llevó hacia las grandes movilizaciones populares contrarias al paquetazo económico, exigido por el FMI, y de buena gana impuesto por Lenín Moreno. Hubo un corto impasse, de aparentes soluciones,  pues el movimiento indígena acaba de anunciar su retiro de las negociaciones con el gobierno porque no existe ni el ambiente ni la voluntad de llegar a acuerdos sensatos y, encima, se están inventando culpas a la jefatura de los pueblos autóctonos, para, como están haciendo con diputados y otros miembros de Revolución Ciudadana, encarcelarlos con falsas imputaciones.

Otro dispositivo antidemocrático recién se puso en marcha en Bolivia. Para sacar del juego a Evo Morales, se acusa al tribunal electoral de adulterar el resultado de los comicios que acaban de efectuarse, y le dieron el triunfo al presidente. Como en tantos y tantos asuntos, no se da una sola prueba sobre aquello de lo cual incriminan. Es una praxis detestable muy al uso y preferida por Donald Trump entre otros encumbrados estafadores.

La periodista Elsa Claro comenta que

Si la OEA, los oligarcas locales y la Casa Blanca, logran su objetivo, estarán reproduciendo lo hecho contra Venezuela al desconocer la legitimidad de los comicios realizados en mayo del 2018, pretexto para continuar demonizando  elproceso bolivariano y aumentar (desde mucho antes hubo sanciones de EE.UU.) el acoso financiero y político contra el país bolivariano, llevando a extremos muy dañinos para su pueblo.

Al imperio y a los reaccionarios del área siempre les resultó difícil aceptar el arribo de un indígena a la presidencia, y menos soportan el buen hacer de sus mandatos. Imposible ocultar los niveles de crecimiento sostenidos, el descenso en  los niveles de pobreza y el equilibrio interior, a pesar de distintos intentos por desestabilizar a un gobierno con permanencia y resultados excepcionales.Valga un ejemplo: el PIB boliviano pasó de 9.500 millones de dólaresen 2006, antes del primer mandato de Evo, hasta los 40.000 millones de dólares en la actualidad.

Pese a sus buenos números, mejores que los de cualquiera de suscríticos, Bolivia está en el foco de quienes desean mantener la deriva hacia una derecha  con más cara de fracaso que de gloria. Hay mucho miedo entre los reaccionarios y una temeridad rayana en lo burlesco, pese a transpirar la arrogancia característica de aquellos que se creen dueños del universo.

Jair Bolsonaro, con apenas un 30% de aceptación ciudadana,  amenaza con castigar a la Argentina, si los Fernández  (Alberto y Cristina) triunfan en los comicios del 27 de octubre.  Es tan reconocible la maniobra que da repugnancia.

En  Chile, mientras tanto, el hartazgo de abusos es tal que nadie se traga la zanahoria de Sebastián Piñera y siguen protestando. Muy interesante que los descendientes de los represores durante la dictadura de Pinochet, hayan lanzado un mensaje criticando a sus mayores y a cuantos aceptan que se siga sometiendo a las mayorías a un régimen de existencia tan desastroso mientras lanzan bengalas para festejar un modelo de desarrollo fatalmente insensible a las necesidades de la población. Esa nueva generación se deslinda de hechos y situaciones como las criticadas en las calles desde hace semanas.

Digna de glosa aparece en la redes una enérgica carta del juez español Baltasar Garzón, quien logró que fuera detenido Augusto Pinochet en el Reino Unido en el 1998, y aunque el sátrapa usurpador fue protegido por Washington y Londres, sus culpas quedaron en evidencia mundial. Se demostró, asimismo,la posibilidad de procesarlo judicialmente, si hubiera existido voluntad para ello.

Garzón enuncia que Chile, pese a la aureola que le crearon, es uno de los diez países más desiguales del mundo, al nivel de Ruanda. La riqueza se disfruta poruna reducida élite política y empresarial, pueslas excelencias macroeconómicas y el crecimiento,están edificados sombre el empobrecimiento de los chilenos, relegados a recibir  servicios públicos de la peor calidad, pensados para menesterosos. Por eso las protestas anteriores a las actualesde estudiantes,  pensionistas y trabajadores, reclamando calidad educativa e ingresos dignos, reseña Garzón.

En añadido- afirma- están los millonarios escándalos de corrupción de empresas,  políticos y hasta del Ejército y la policía. “Se incluye usted mismo”, imputa el jurisconsulto a Sebastián Piñera, acusado hace mucho(es multimillonario) de enriquecerse de forma ilegal, durante la dictadura y más hacia acá, de evadir impuestos durante treinta años.

“El pueblo no es el enemigo sino la víctima, y al pueblo hay que protegerlo y no castigarlo”, asevera Garzón, en  tanto los chilenos, pese a  las más recientes torturas y asesinatos, parecenhaber decidido no continuaragraviados. Obviamente, estos relatos tienen pinta de ser solo el inicio de tiempos agitados. Dentro de poco sabremos si serán mejores o trágicos.

Please follow and like us:

Publicado Por: Elsa Claro

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

cuatro + 16 =