Anette Delgado y Dani Hernández: una pareja con duende

Los primeros bailarines Anette Delgado y Dani Hernández, figuras insignia del Ballet Nacional de Cuba (BNC), configuran —al decir del poeta y dramaturgo granadino Federico García Lorca— una pareja con «duende».

¿Por qué? Muy sencillo: porque «duende quiere decir, tocado por el ángel de la gracia [o de la jiribilla, al decir lezamiano], para vibrar siempre en el amor […] con toda la intensidad propia de la belleza». 1

Los miembros de esa carismática pareja, signada por la sencillez y la humildad que los identifica en cualquier escenario nacional o foráneo y fuera de ese medio, les relatarán a los lectores de nuestro Sitio Web cómo se ha desarrollado su fructífera trayectoria artístico-profesional en el campo del ballet.

¿Podrían explicar, en apretada síntesis, cómo se produjo su llegada al mundo de la danza clásica?

Anette Delgado (AD). Comencé mis estudios, en 1988, en la capitalina Escuela Provincial de Ballet «Alejo Carpentier», los continué en la Escuela Nacional de Ballet (ENB), donde tuve como maestras a Ramona de Saá, Alina Díaz, Margarita Naranjo y Martha Iris Fernández, y los concluí en la Universidad de las Artes (ISA), donde me gradué de licenciada en Arte Danzario. En la ENB, ellas me enseñaron a amar la danza clásica con todas las fuerzas de mi ser y entregarme a ella en cuerpo, mente y alma. Por otra parte, descubrí en mis maestras, a través del ejemplo vivo, no de discursos moralizadores, los genuinos valores en que se estructura la personalidad de un bailarín.

En mi etapa de estudiante, obtuve importantes galardones en eventos competitivos, tanto locales como internacionales, que me motivaron a continuar superándome y dando lo mejor de mí en la profesión que, desde niña, escogí por decisión libre y soberana.

Dani Hernández (DH). Di mis primeros pasos en la Escuela Vocacional de Arte «Olga Alonso», de la ciudad de Remedios, provincia de Villa Clara, y luego, me trasladé para La Habana, donde cursé estudios en la Escuela Nacional de Ballet, y por último, en el ISA, donde obtuve el título de Licenciado en Arte Danzario. En el centro de enseñanza artística de nivel medio, fui discípulo de los maestros Fernando Alonso, Ramona de Saá, Mirta Hermida y Marta Iris Fernández, quienes con afecto filial y férrea disciplina modelaron mi personalidad, y consecuentemente, me convirtieron en lo que soy hoy. […].

Gracias a las inolvidables enseñanzas de esos grandes maestros/as obtuve Medalla de Plata en el Concurso del Encuentro Internacional de Academias para la Enseñanza del Ballet, que tuvo lugar en La Habana, en 2006. Y en 2010-2011, fui seleccionado por la prestigiosa revista Dance Europa entre los cien mejores danzarines del mundo. Reconomientos que no solo me honran a mí, como artista y ser humano, sino también al BNC, a la Escuela Cubana de Ballet, de la cual me considero heredero de su fecundo legado pedagógico, así como a la cultura caribeña.

¿Qué caminos transitaron después de su graduación en la ENB?

AD. Desde 1996, fecha de mi graduación como bailarina profesional, formo parte del BNC, ahora con la dirección general de la primera bailarina Viengsay Valdés. Como parte del elenco de una de las mejores agrupaciones danzarias del orbe, he actuado en varios países de América, Unión Europea y Asia, así como en Egipto y Australia. Desde 2001, integro el Joven Ballet de Francia.

Desde 2005, hace exactamente 15 años, fui promovida al rango de primera bailarina.

DH. Desde mi egreso, en 2006, de la ENB, de la que guardo en mi memoria recuerdos imborrables, ingresé al BNC, que dirigía la prima ballerina assoluta Alicia Alonso (1920-2019), quien —según el poeta y escritor Eliseo Diego— «es la danza». En el seno de esa emblemática agrupación, fui promovido en 2009 a primer solista, y en 2011, a la mayor categoría artística (primer bailarín), a la que puede aspirar un integrante de la sexagenaria compañía.

Con el BNC he actuado en países de América y Europa, donde he participado en  eventos danzarios no menos importantes.

¿Cuáles son los papeles que, como pareja, les agrada interpretar?

AD. Mis papeles predilectos son los protagónicos en obras de la gran tradición romántico-clásica: Giselle, El Lago de los Cisnes, por citar solo dos ejemplos. Sin embargo, también me agrada participar en coreografías contemporáneas, diseñadas por artistas cubanos y extranjeros.

DH. Yo prefiero desempeñar los papeles protagónicos de los ballets románticos y clásicos. Desde que empecé a estudiar ballet, he acariciado siempre ese sueño […]. Con mucho esfuerzo, sacrificio y horas robadas al sueño y a la diversión infanto-juvenil para dedicárselas a la barra, a los ensayos, a las clases […], he convertido mi sueño en realidad, tanto en mi país como en el exterior.

Podrían resumir, con pocas palabras, cuál es el legado intelectual y espiritual que les dejara la eximia ballerina?

AD-DH. Imposible de describir con palabras el tesoro de sabiduría, ética, humanismo y espiritualidad que nos legara Alicia en nuestras vidas como profesionales de la danza clásica. Solo podemos decir que era —es— una fuente inagotable de conocimientos, no solo danzarios, sino también culturales y sobre la existencia humana en general. Su grato recuerdo y sabias enseñanzas siempre nos acompañarán.

¿A qué se debe esa «química especial» que los distingue en las tablas de cualquier teatro nacional o extranjero?

 AD-DH. Tenemos muchas cosas en común. El amor inmenso que le profesamos a la danza clásica, así como estar conscientes de que no son los «battements a la barre ni el virtuosismo técnico (al que —por supuesto— no renunciamos ni renunciaremos), los que producen el milagro del vuelo. Es la dimensión espiritual […]» 1 que le aportamos a toda obra que, como pareja de baile, llevamos a escena.

Los gustos afines que nos unen, la forma (eso sí no lo vamos a revelar), en que les insuflamos «vida» en las tablas a los personajes protagónicos de los clásicos de todas las épocas. Es todo eso […], y muchísimo más. Tanto que no sería posible reseñarlo en los estrechos límites de una entrevista periodística

¿Se sienten realizados como pareja en la vida y en el arte y como personas?

AD-DH. ¡Claro que sí! Y usted sabe muy bien, cuál es nuestra mayor realización como pareja y como padres am: nuestra pequeña princesa Ainhoa.

¿Algún consejo o recomendación a los jóvenes que, como ustedes lo hicieran un día, se interesan por develar los «secretos» del arte de las puntas?

AD-DH. Que tengan en cuenta que la carrera del bailarín y la bailarina es muy corta y sacrificada a la vez. Hay que olvidarse, desde muy temprana edad, de muchas cosas agradables que influyen en el desarrollo de la personalidad de un niño o adolescente […]. Pero vale la pena realizar el esfuerzo, renunciar a lo que sea necesario, porque —al menos para nosotros— bailar es vivir.

Nota Suárez Tajonera, José O. y Alfredo C. Martínez Gutiérrez. Jesús Dueñas: un crítico de

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Publicado Por: Jesús Dueñas Becerra

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