El cañonazo de las nueve: una tradición habanera que da la hora

Todas las noches, exactamente a las 21:00 hora local, se escucha en La Habana, Capital de Cuba, el estruendoso disparo de un cañón. Los residentes saben que sonó el Cañonazo de las Nueve y los visitantes se preguntan por qué.

Pues resulta que esta tradición se inició en el siglo XVIII. El disparo se efectúa desde la fortaleza de San Carlos de la Cabaña, popularmente conocida como La Cabaña, ubicada junto al Castillo de los Tres Reyes del Morro, justo a la entrada de la bahía habanera, que alberga el principal puerto del país. Se afirma que se escucha de forma ininterrumpida en toda la urbe: en el Parque Central, ubicado en La Habana Vieja, a los 4,3 segundos de haberse disparado el cañón; a los 9,7s en el Hotel Nacional y a los 16s en la famosa esquina de 23 y 12, ambos lugares pertenecientes al populoso barrio de El Vedado.

Hoy la ceremonia del Cañonazo, como se le conoce popularmente, es uno de los espectáculos públicos más populares y vistosos de La Habana. Cientos de visitantes, tanto cubanos como extranjeros, se concentran cada noche en La Cabaña, con sus celulares y Tablet encendidos para no perderse ningún detalle. Todo queda registrado desde la entrada de los soldados con bucles, sombreros y trajes coloniales, (quienes son en realidad jóvenes cadetes de artillería) portando antorchas encendidas y entonando a toda voz, con ritmo peculiar, la palabra silencio, para luego anunciar el inicio del ritual, que termina con el disparo de un cañón del siglo XVIII.

La tradición nació para indicar a los habitantes de la ciudad que serían cerradas las puertas de las murallas que daban acceso a esta, y que fueron construidas para protegerla ante los constantes ataques de piratas y corsarios. La Villa de San Cristóbal de La Habana, como era llamada la urbe en esa época, desde la construcción de estos inmensos muros de piedra, quedó dividida en dos: la ciudad de intramuros y la de extramuros.

Al principio las murallas se abrían con un disparo a las 4 de la mañana y se cerraban con otro a las 8 de la noche, momento en que también se clausuraba la bahía con una enorme cadena que la atravesaba desde el Castillo de La Punta hasta el de los Tres Reyes del Morro. Con el tiempo el cierre se movió para las 9 pm y aun cuando las murallas dejaron de ser necesarias y fueron derribadas, continuó disparándose el cañón, exactamente a la misma hora, hasta el día de hoy.

Este acontecimiento está tan enraizado en la vida cotidiana de La Habana, que sus habitantes ya ni siquiera lo esperan, más bien es el familiar estampido quien los hace caer cada noche en la cuenta de la hora. Así que no es raro oír un instante después expresiones como “¡Ya son las nueve!”, o “Pues pon en hora tu reloj porque acaba de sonar el cañonazo”, si alguien se atreve a afirmar que la hora es otra.

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Publicado Por: Radio Progreso

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